Dormir en el Ártico o sobrevolar Myanmar en globo: vacaciones de lujo al alcance de muy pocos
Barco-hotel atrapado en el hielo - NUBA

Dormir en el Ártico o sobrevolar Myanmar en globo: vacaciones de lujo al alcance de muy pocos

La crisis no es para todos. Algunos privilegiados aún pueden hacer viajes exclusivos a paraísos perdidos que para la mayoría no son más que sueños

MADRID Actualizado:

Vamos a darle envidia, se lo advertimos. Y si usted es de la mayoría que no puede permitírselo, casi mejor que deje de leer. Porque, ¿se imagina unas vacaciones diseñadas exclusivamente para usted, en un barco atrapado por el hielo en el Círculo Polar Ártico o en una cabaña de superlujo en medio de la nada en el delta del Okavango, en Botswana? ¿Y vivir en una excavación arqueológica fuera del circuito turístico de Egipto la apertura real de un sarcófago o, por qué no, ir a un templo de la India acompañado de un maestro hindú sin la presencia de otros turistas?

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Hay un grupo de privilegiados para los que vacaciones como estas no son ni mucho menos un sueño. Se lo pueden permitir, y lo hacen, independientemente de la crisis, los rescates y las primas de riesgo. «Se trata de clientes no solo con un poder adquisitivo alto, sino que también tienen una madurez viajera mayor, que han viajado siempre y a un nivel determinado», explica Daniel Puertas, director de marketing de Nuba, una de las agencias especializadas en España en el diseño de viajes a medida por los cinco continentes.

«Para nosotros es mucho más importante que hagas algo muy exclusivo que muy lujoso, aunque a veces puedan coincidir. Algo con lo que puedas contar una historia diferente, a pesar de que te hayas gastado 10.000 euros por persona en una semana», subraya.

Vacaciones en el Polo Norte

Para que se hagan una idea, esta agencia está apostando ahora por viajar por encima del Círculo Polar Ártico, pasando por las Islas Svalbard (Noruega) y atravesando después zonas rodeadas de glaciares y ballenas beluga. El cliente se traslada unos 70 kilómetros en moto de nieve o trineo tirado por perros hasta un velero de hierro y madera atrapado en el hielo. Este pequeño barco es tripulado cada verano por dos mujeres a través del océano Glaciar Ártico hacia el norte y, tras echar el ancla en un punto determinado, esperan a que llegue el invierno. Cuando queda atrapado por el mar helado, se convierte en una especie de hotel que permanece allí hasta el verano siguiente. Un lugar al que vas acompañado de una serie de guías armados porque con cierta frecuencia se acercan osos polares. ¡Como si fueras un explorador!

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«La percepción del lujo para cada uno es diferente, y eso es lo que nosotros medimos muy bien. Para unos es lo ostentoso, ir al Hotel Armani en el Burj Khalifa de Dubai, la torre más alta del mundo, y para otros es mucho más lujoso ir a un barco en medio de un glaciar con un camarote básico», cuenta Puertas, que ofrece las dos opciones al que las pueda pagar.

«Algunos piden sobrevolar el Gran Cañón del Colorado en helicóptero o trasladarse de una zona a otra en avioneta privada. Todo lo que pide el cliente dentro de sus vacaciones se lo conseguimos», asegura Ana Maguregui, directora de marketing de Team 3, otra de la empresas orientadas a los viajes de lujo, quien, aunque no puede dar nombres, afirma haber diseñado vacaciones exclusivas como estas a futbolistas, políticos o actores de primera línea.

Con cuatro meses de antelación

Las agencias preparan cada uno de los viajes hasta con cuatro meses de antelación, hablando con cada cliente casi semanalmente, enseñándole fotos, vídeos o mapas, e incluso recomendándole libros o averiguando en qué momento vital se encuentra. Cuentan con una especie de departamento creativo que, por lo general, no está formado por gente del turismo, sino por profesionales de diferentes ámbitos que puedan adaptarse a las necesidades de la persona que va a viajar. «Incluso tenemos a los guías catalogados para saber cuál es mejor para cada viaje, dependiendo de si la familia quiere que esté más integrado con ellos o prefieren intimidad», añade el director de marketing de Nuba.

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Por una media de 6.000 euros por persona y semana, las posibilidades son tan grandes como la imaginación (y la cuenta del banco) del cliente permita. Algunos optan por acampar al aire libre en alguna de las 10 cabañas de superlujo ubicadas en medio del delta del Okavango, en un alojamiento situado en medio de la nada a donde solo se puede llegar en helicóptero o en un largo trayecto en barca. Otros se alojan en una de las 3.000 pagodas en medio de una llanura perdida en Bagán (Myanmar) y sobrevuelan la zona en globo. Los hay que «simplemente» se recorren Europa, Norteamérica u Oriente Próximo en hoteles de la Cadena Amán o Four Seasons, en habitaciones de 1.000 euros la noche, y piden entradas para el Metropolitan de Nueva York o las carreras de caballo en el Palio de Siena.

«Muy pocas veces hacemos un viaje igual, aunque sea el mismo destino», declara Puertas, que nos pone el ejemplo de Egipto, uno de los destinos más típicos. «Nosotros le damos la vuelta y llevamos al cliente, si quiere, con un arqueólogo español que tiene una excavación fuera del circuito turístico en Asuán, donde vive la experiencia como uno más y puede llegar a ver cómo es la apertura de un sarcófago», añade. O en Myanmar, donde hay una dictadura militar, sus clientes pueden llevarles a conocer a la mismísima Premio Nobel de la Paz, San Suu Kyu, si así lo desean.

¿Y la crisis?

Algunas de estas agencias aseguran que la crisis también les ha afectado: «La gente con dinero, aunque sigue realizando estos viajes, ha reducido el número y el tiempo de estancia en cada sitio. Los que antes no ponían pegas, ahora pelean cada euro del presupuesto, ya sea porque no tienen dinero o porque no saben cómo les va a ir en el futuro», explica la directora de Marketing de Team 3.

«Hay clientes que nos han llegado a decir que han vendido el coche para hacer el viaje»

Sin embargo, a este sector le salva que el negocio de los viajes de lujo estaba en crecimiento antes de que las cosas comenzaran a ir mal y, además, está dirigido a clientes que no se han visto afectados tanto por la crisis como el resto de los mortales. «Si siempre hemos andado en los 6.000 euros por persona y semana de media, ahora estamos en torno a 5.500 o 5.600 euros. El año pasado facturamos 17 millones de euros y este año vamos a andar por ahí», cuenta el responsable de marketing de Nuba.

«Hay clientes que no tienen tanto poder adquisitivo y que nos han llegado a decir que han vendido el coche para hacer el viaje. En ese sentido tiene mucho que ver con las aspiraciones. Gente que echa el resto y que reconoce que normalmente no sería cliente, pero que en un momento dado quiere hacer este viaje y hace un esfuerzo», asegura Puertas.