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El único burdel gestionado por prostitutas en Ámsterdam está al borde del cierre

El local tiene dificultades financieras porque las reglas municipales hacen «inviable» alquilar las habitaciones. También complica su actividad los requisitos que imponen a las mujeres que quieren salir en los escaparates

Imane Rachidi (EFE)
ÁmsterdamActualizado:

El único burdel municipal gestionado por prostitutas holandesas, que se inauguró hace menos de un año en Ámsterdam, está al borde de la quiebra por las estrictas regulaciones del ayuntamiento que dificultan el alquiler de los escaparates. «La realidad es que los ingresos planificados que habríamos podido generar no han sido posibles porque el alquiler de las "ventanas" a las chicas durante el día es difícil, ya que los ingresos ni siquiera cubren los costes», denunció Marcel Heyman, miembro del Consejo de My Red Light.

El burdel enfrenta dificultades financieras porque las reglas municipales aplicadas a quienes quieren alquilar las habitaciones son «inviables», al igual que las evaluaciones que se exigen a las trabajadoras sexuales que quieran regentar estos escaparates.

La directora de la organización, Justine le Clercq, denunció que este burdel municipal «está siendo más vigilado» que el resto del «barrio rojo» de Ámsterdam y lamentó que My Red Light «está en el punto de mira» del ayuntamiento de la ciudad.

Cuatro de cada ocho prostitutas que querían trabajar en este espacio no han logrado superar las investigaciones policiales porque tenían algún tipo de antecedente penal, condición necesaria e impuesta por el municipio. «Queremos poder alquilar espacio a las trabajadoras sexuales que tengan alguna mancha en su expediente, aunque no estamos hablando de alquilar escaparates a mujeres con un pasado criminal», afirmó Le Clercq, al diario holandés Parool.

Cuatro de cada ocho prostitutas que querían trabajar allí no han superado las investigaciones policiales porque tenían algún tipo de antecedente penal

Heyman, en una denuncia publicada en sus redes sociales, aseguró que los requisitos de selección de las prostitutas «no permiten contratarlas con inmediatez», ya que el proceso toma tiempo, y las normas «son más estrictas que las que se aplican para la selección de un concejal municipal», añadió.

Si el nombre de la trabajadora sexual aparece en los archivos policiales, aunque sea como testigo o víctima, ya es suficiente para rechazar a alguien en My Red Light, según las legislación.

Este burdel también tiene problemas para ofrecer espacio a las prostitutas que usan las redes sociales u otras vías en internet para atraer clientes, una cuestión que también prohíben las reglamentaciones del ayuntamiento y que han afectado a cientos de mujeres. En tal sentido, Heyman asegura que muchas prostitutas ofrecen sus servicios en la red y a domicilio, lo cual es un impedimento para ejercer detrás de un escaparate en esta zona del «barrio rojo», y advirtió de que los gestores del burdel no supieron de esta limitación hasta conseguir la licencia municipal y una semana antes de abrir el local.

La idea de My Red Light fue del político Eberhard van der Laan, alcalde de Ámsterdam fallecido el año pasado. Su intención era alentar a las personas que ejercen el trabajo sexual a hacerse cargo de su propio negocio y garantizar así que su salud, su seguridad y la de sus clientes tenga la máxima prioridad, dijo Heyman.

Además, un espacio gestionado por las propias trabajadoras del sexo, explicó, cooperaría en la prevención del abuso y el tráfico humano en la industria de la prostitución.

Sin embargo, desde principios del mes pasado, este burdel municipal ha estado cerrado durante el día, ya que solo es beneficioso trabajar de noche, pero ahora sus gestoras están pensando cerrarlo por completo porque no les sale rentable, a no ser que haya cambios en la legislación, dice.

Un portavoz municipal, que lamentó que My Red Light esté pasando por problemas financieros, aseguró que este burdel está sometido a las normas que rigen en todo el «barrio rojo» y que en ningún momento se le prometió un trato especial. Heyman pide al municipio «suavizar» las reglas de alquiler de los escaparates para este espacio porque «sin encontrar un ingreso alternativo», este negocio tiene «pocas posibilidades de sobrevivir».

El burdel, que tiene 14 «ventanas», está ubicado en cuatro edificios comprados por la ciudad hace unos 12 años y las habitaciones, que incluyen baño y algunas instalaciones extra, fueron diseñadas con la participación de profesionales del sexo. Las prostitutas son tratadas como profesionales independientes, fiscalmente autónomas, y pueden alquilar una habitación o escaparate dentro del edificio por unos 80 euros por turno (mañana, tarde o noche).