Relicario en el que se encuentran los restos de los Reyes Magos
Relicario en el que se encuentran los restos de los Reyes Magos - ABC

El último viaje de los Reyes Magos a Colonia

Sus restos fueron trasladados desde Milán a la ciudad alemana en 1164, donde se levantó una catedral para custodiarlos

Actualizado:

Todo el mundo sabe que los camellos no soportan este clima y por eso los pobres niños alemanes no reciben regalos de los Reyes Magos. Si pasado mañana no van al colegio, será solo porque es domingo. Únicamente en la ciudad de Colonia, tropeles de pajes, los denominados «Sternsinger», que significa «cantores de la estrella», van el 6 de enero de puerta en puerta, disfrazado cada uno de su Rey favorito y recordando una tradición según la cual los tres Magos sí llegaron en una ocasión hasta las orillas del Rin, en su último viaje. Cantan villancicos en cada casa, comercio o institución pública a cambio de donativos para niños necesitados, que el año pasado alcanzaron los 48,8 millones de euros. Y para no llamar dos veces a cada puerta marcan a su paso con tiza la inscripción: «20 * C + M + B + 19», que son las iniciales de Christus Mansionem Benedicat, más el año en curso. La polifonía y las risas compiten en volumen con el tañido de las campanas de la impresionante catedral de Colonia, en cuyo altar se custodian las sagradas reliquias.

Ese último viaje de los Reyes Magos comenzó en el año 300 de nuestra era, cuando la emperatriz Elena, madre del emperador romano Constantino, investigaba los Santos Lugares en busca de los restos físicos de la fundación del Cristianismo. Según los archivos, fue en Saba donde consiguió reunir de nuevo a Melchor, Gaspar y Baltasar y de inmediato ordenó el traslado de sus restos a Constantinopla, la actual Estambul, donde permanecieron durante tres siglos en una capilla ortodoxa.

En tiempos de la Segunda Cruzada, el obispo de Milán, San Eustorgio, religioso noble de origen helénico, visitó Constantinopla para recibir el plácet a su reciente nombramiento. El emperador no solo dio su consentimiento, sino que le hizo, además, el regalo de las veneradas reliquias. Para trasladarlas, adquirió dos robustos bueyes y un carro, hizo cargar sobre éste el sarcófago de granito y emprendió un viaje que transcurrió envuelto en leyendas. Una de ellas relata que la misma estrella que mostró el camino a Belén resplandecía marcando la ruta de San Eustorgio. Otra cuenta que, al cruzar los Balcanes, un lobo hambriento atacó y desgarró a uno de los bueyes. San Eustorgio, que para eso era santo, dominó a la fiera y la unció al yugo vacante hasta llegar a Milán. Allí fue donde parece que encontró las reliquias en 1164 el emperador del Sacro Imperio Germánico Federico Barbarroja, que en sus guerras de conquista saqueó esta ciudad junto a buena parte del norte de Italia, y las llevó consigo hasta Colonia, protegidas por uno de los mayores dispositivos de seguridad que se conocieron en la Edad Media.

350 kilos de oro

Que las reliquias fueron trasladadas de Milán a Colonia es ya un hecho histórico y en 1248 se dio inicio a las obras de una catedral a la altura de tal tesoro. El relicario en forma de basílica, obra de Nicolás Verdún, mide 2,20 metros y pesa 350 kilos de oro y piedras preciosas. La tradición insiste en que en su interior reposan Melchor, Gaspar y Baltasar, en tres cajas forradas de terciopelo y brocado, aunque todo el mundo sabe que eso no es verdad y que donde verdaderamente están los tres Reyes Magos ahora mismo es camino a las casas de los niños que se han portado bien este año.