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Imagen de archivo - Inés Baucells

El Tribunal Supremo italiano prohíbe a los alumnos llevar su propia comida a la escuela

La sentencia afirma que «la escuela es una comunidad» y en la mesa escolar debe haber «socialización e igualdad»

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Prohibido llevar bocadillo de casa a la escuela, no es un derecho; hay que comer en la mesa común con el resto de los escolares. Así lo ha decidido el Tribunal Supremo, dando la razón al ayuntamiento de Turín, con una sentencia que sienta jurisprudencia para el resto del país, mostrándose contrario a una tendencia que se había extendido cada vez más en los últimos años: El «panino de casa», es decir, llevar la comida de casa. Según el Supremo, no existe un «derecho subjetivo perfecto e incondicional» a comer los alimentos preparados en casa «en el horario de la comida y en los locales escolares». A esta decisión se llega tras una dura batalla judicial, en la que han sido protagonistas familias, colegios y el ayuntamiento del Turín.

En el 2013 se creó en la capital de la región de Piamonte un comité para defender el derecho de las familias a que sus hijos se llevaran de casa la comida a los colegios de enseñanza elemental y media. Su argumento inicial era que la mesa escolar era cara (el precio por comida podía llegar a los 7 euros), y después sus exigencias se extendieron a aspectos sanitarios y calidad alimentaria. Según Coldiretti, la mayor asociación italiana que defiende los intereses de la agricultura, el 26 por 100 de las familias italianas «tiene una valoración negativa de las comidas servidas en las mesas escolares». Por ejemplo, una madre, Michela Cesaretta, cuenta su experiencia para declararse partidaria de la libertad de elección: «Mi hija Martina estudiaba segunda enseñanza en el instituto Antonelli de Turín; tenía que llevar la comida de casa, porque eran pobres los alimentos en el comedor de la escuela, con un coste elevado, y mi hija no comía».

La guerra del «panino»

En el año 2014, algunos padres con casos parecidos al de Martina plantearon una causa contra el ayuntamiento de Turín y el ministerio de Educación, por su normativa de prohibir en las escuelas la comida preparada en casa. El Tribunal de primera instancia confirmó la prohibición de llevar «panino» propio para comer en la escuela. Pero un par de años después, en el 2016, una sentencia del Tribunal de apelación de Turín dio la razón a los padres, permitiendo que sus hijos llevaran a la escuela el «panino» de casa en la escuela. La sentencia creó un cierto caos en los colegios, lo que obligó al ministerio de Educación y al ayuntamiento de Turín a recurrir la sentencia, llevando el caso al Tribunal Supremo, que ahora emite una sentencia definitiva: Ordena la prohibición del «panino». «Llevar la comida de casa –precisan los jueces- comporta una posible violación de los principios de igualdad y de no discriminación en base a las condiciones económicas, además del derecho a la salud teniendo en cuenta los riesgos higiénico-sanitarios de una comida individual y no controlada».

«La escuela es una comunidad»

El Tribunal Supremo parte de un razonamiento que se basa en el concepto de comunidad: «La institución escolástica es un lugar donde el desarrollo de la personalidad de los alumnos y la valorización de las diversidades individuales deben realizarse en los límites de compatibilidad con los intereses de los otros alumnos y de la comunidad».

La decisión tendrá notable repercusión en Italia. Basta pensar que en Turín, capital que ha encabezado la revuelta del «panino», 9.500 alumnos de escuelas elementales y medias, lo que representa un 25 % de escolares, disertan el refectorio del colegio. La abogada Carla Previti piensa que seguramente la batalla del «panino» continuará, pero los padres la llevaron a otro escenario, al de la calidad de la oferta alimentaria en los comedores escolares. Pero padres y alumnos tendrán que seguir el razonamiento del Tribunal Supremo: «la escuela es una comunidad».