Un grupo de toxicómanos, acampando en el madrileño poblado de La Celsa. Daniel G. López

Tres de cada cuatro toxicómanos que acuden a un centro de rehabilitación son heroinómanos

La intención del Gobierno de autorizar ensayos terapéuticos con heroína sobre toxicómanos en fase aguda ha puesto de relieve el drama que viven los enganchados a esta droga. Un 75 por ciento de los ingresos en centros de tratamiento se deben al «caballo». Sin embargo, el consumo de heroína comienza a descender, por primera vez en España, debido a su relación con el sida, la delincuencia y la muerte.

MADRID. Miguel Oliver
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«Ayer cumplí 27 años. Parece que tengo 50 porque consumo heroína desde los 16». Rafa vive en un poblado marginal de Madrid. Su primera experiencia con la droga la tuvo en una fiesta de colegio. «Un amigo nos trajo unos tripis para que pudiéramos aguantar hasta el final». Esta experiencia fue convirtiéndose en una rutina semana tras semana. De ahí pasó directamente al «caballo». «Caí como un tonto, y ahora ya no puedo vivir sin ella. Sé que tarde o temprano me matará. He intentando desintoxicarme unas doce o trece veces. Pero la heroína es como esos cantos de sirena que hipnotizaban a los marineros hasta que hacían con ellos lo que querían. Hay que ser muy fuerte para salir de ella».

El consumo de heroína se popularizó en España en los ochenta. Prácticamente coincidió con el primer caso de sida en nuestro país, en 1981. Por eso, siempre ha sido la droga con peor imagen. La llegada de esta sustancia trajo consigo un alarmante incremento de la delincuencia. La razón es evidente. Un heroinómano necesita al mes medio millón de pesetas para conseguir las dosis suficientes, ya que al día se gasta más de quince mil pesetas. Fernando Martín Pinillos, consejero técnico del Plan Nacional sobre Drogas, señala que los consumidores de esta sustancia necesitan pincharse unas cinco veces diarias, ya que los efectos de la heroína «sólo duran unas tres o cuatro horas». Los últimos estudios señalan que en España hay entre 125.000 y 140.000 heroinómanos. Sin embargo, el número de consumidores de esta sustancia ha ido disminuyendo progresivamente en los últimos tres años. El cambio de uso ha sido una de las principales causas. Antes sólo solía administrarse por vía intravenosa, ahora también se suele fumar. «Esto ha provocado también -según Martín Pinillos- una reducción de los casos de sida».

ÍNDICES DE DELINCUENCIA

Los índices de delincuencia también han ido disminuyendo. Aunque no existen estudios nacionales que analicen con profundidad esta asociación, datos policiales confirman la reducción progresiva de los delitos cometidos por personas dependientes de la heroína. La metadona, en este caso, ha sido la mejor solución. La dispensación gratuita, y bajo supervisión terapéutica, de este sustitutivo opiáceo ha evitado que algunos heroinómanos deban recurrir a la comisión de delitos para financiar su consumo. Los usuarios de metadona, en este sentido, han pasado de 3.043 en 1990 a 72.236 en 1999.

En España existen unas 74.000 personas que están en tratamiento con este sustituivo de la heroína. La desintoxicación, sin embargo, es en la mayor parte de los casos, un fracaso. El consejero técnico del Plan Nacional sobre Drogas cree que la recaída «es lo más frecuente que hay». «Cinco días -afirma- son suficientes para desintoxicar a una persona. Lo complicado viene luego cuando se someten a tratamientos de rehabilitación. Pueden durar meses o incluso años, y la mayor parte de las veces concluyen sin éxito. Se necesitarían cinco mil psiquiatras más en nuestro país para ser más efectivos». Muchos de los tratamientos psicológicos encaminados a evitar el abandono de la cura se centran en la terapia cognitivo-conductual, basada en hacerle comprender al paciente el problema e ir variando su conducta.

El consumo de heroína justifica el 73 por ciento de ingresos en los centros de desintoxicación. Además, el grueso de las personas que acceden a los servicios asistenciales por problemas de abuso de esta droga son sujetos previamente tratados. Sin embargo, esta sustancia viene experimentando en los últimos años un rechazo generalizado, sobre todo en los más jóvenes. Actualmente, la media edad de un heroinómano en España es de 31,3 años. «La heroína está mal vista por la juventud», comenta Martín Pinillos. «La consideran muy cutre, ya que es una droga ligada a enfermedades penosas. Saben que esta droga te impide vivir con normalidad porque te engancha. La identifican con las clases más bajas de la sociedad y con personas que están todo el día tiradas por la calle». Por este motivo, la cocaína es ahora la sustancia más extendida entre la juventud, ya que «no la ven como un obstáculo para conseguir el éxito, el placer y el triunfo».

EFECTOS A CORTO Y LARGO PLAZO

A corto plazo, los efectos por el consumo de heroína aparecen poco después de la primera dosis y desaparecen en unas cuantas horas. Tras el pinchazo el toxicómano dice sentir un brote de euforia acompañado de un cálido sonrojo de la piel, boca seca y extremidades pesadas. Tras los primeros momentos parece «volar» -estado en el que se alterna la vigilia con el adormecimiento- y se turban las facultades mentales ante la depresión del sistema nervioso central.

Los efectos a largo plazo aparecen después de que la droga se haya estado consumiendo durante unas semanas. El usuario crónico puede sufrir colapso de las venas, infección del endocardio y de las válvulas del corázon, celulitis y enfermedades del hígado. También pueden producirse complicaciones pulmonares, incluso varios tipos de neumonía, como resultado de su mal estado de salud o por los efectos de la droga sobre la respiración. La heroína que se vende en las calle, además, suele tener aditivos que no se disuelven con facilidad y que obstruyen los vasos sanguíneos que van a los pulmones, el hígado, los riñones o el cerebro.