Teresa Helbig y su madre posan sobre la mesa de su atelier
Teresa Helbig y su madre posan sobre la mesa de su atelier - Inés Baucells
Mujeres al mando

Teresa Helbig: «La conciliación no existe. Sin ayuda es imposible sentirte realizada»

Tras 20 años de esfuerzo y tesón, Teresa Helbig ha levantado una de las marcas más brillantes de la moda nacional

BarcelonaActualizado:

Creció feliz jugando entre tejidos y agujas, viendo a su madre coser parsimoniosa, prendiendo alfileres sin parar. Fue así, rodeada de cintas métricas, tizas de marcaje, planchas y dedales, como a la diseñadora barcelonesa Teresa Helbig, una de las creadoras españolas más influyentes del momento, se le despertó su vocación de modista. Lo hizo de la mano de su madre, Teresa Blasco, una mujer aragonesa (Teruel, 1938), con carácter, que empezó de aprendiz en un taller de costura con solo 14 años.

Tres años después, en una época complicada para las mujeres, la matriarca «Helbig» ya tenía su propio negocio de costurera. Dirigía su taller y cuidaba de su pequeña Teresa en unos tiempos en los que la palabra conciliación no existía. «Mi madre tuvo muchos momentos de desespero, de ir de aquí para allá con la cría bajo el brazo. La frase oficial de esos años, era: ¡Teresa, corre! Porque yo me embobaba, y la pobre mujer iba siempre tarde a todo. Lo de lo la conciliación no existía pero tampoco existe ahora», afirma Helbig en declaraciones a este diario. Reconoce que el actual marco legal es más sensible, aunque «aún queda mucho por hacer». «Si no tienes la grandísima fortuna de tener ayuda (familiar o medios económicos), es prácticamente imposible sentirte realizada como madre y trabajadora», denuncia la creadora.

Lo sabe muy bien porque en estos últimos 20 años ha tenido que «dejarse la piel cada día» en su atelier del ensanche barcelonés pilotando su negocio hacia el éxito y criar a sus dos hijos: Pol, de 24 años, de un matrimonio anterior, y Zinash, de cinco años. Lo ha hecho de la mano de su marido Chema Pare, ex jugador de balonmano en el FC Barcelona, que lleva en la sombra las riendas del negocio, y su madre, su auténtico referente e inspiración durante todos esos años. «Sin ellos no lo hubiera logrado», apunta. En menos de dos décadas «La Helbig» –así se refieren a ella sus más allegados – se ha convertido en una de las mujeres españolas más reconocidas, que, al frente de su firma homónima, ha seducido a celebridades del panorama nacional (entre ellas la reina Doña Letizia) y a artistas internacionales como Gwen Stefani, Zendaya, Saorise Ronan, Angela Bassettb o Darby Stanchfield, entre otras.

Helbig ha crecido humana y profesionalmente de la mano de su progenitora («la Jefaza» como la conocen en el taller), con la que siempre ha hecho piña y de la que se procesa devota. «Ha estado a mi lado desde un principio. A nivel profesional me lo ha aportado todo, experiencia, sabiduría...», dice la diseñadora. La influencia de la matriarca se intuye en el ADN de la marca, que ha crecido de forma exponencial pero firme, fiel a sus orígenes.

«Nos han ayudado mucho»

En sus más de dos décadas de andadura empresarial, la diseñadora afirma no haberse sentido nunca discriminada por ser mujer. «La verdad es que no, hemos sido afortunadas y nos han ayudado mucho», añade desde su showroom, en el corazón del Ensanche barcelonés. Tampoco cree que el mundo de la moda esté feminizado.

«Creo que no. Hay tantas directoras creativas como directores, y ejecutivas, y CEOs... Modelos con físicos que rompen las viejas fronteras de lo masculino y lo femenino, medios inclusores de todas las realidades», dice Teresa. Admite, sin embargo, que tiene «una mirada muy optimista». Precisamente ese talante positivo y su obsesión por el trabajo bien hecho han hecho de su carrera profesional una carrera de éxito. Su historia es la historia de una mujer combativa, que empezó jugueteando entre maniquíes y telas, trabajó modestamente de escaparatista, y acabó pilotando una empresa potente que ya ha marcado la historia del diseño de nuestro país.

El paso que le sirvió la fama no fue, según dice, premeditado. «Me invitaron a una boda y, como no encontraba el vestido perfecto, me lo hice yo, con ayuda de mi madre. Ochocientas plumas cosidas a mano, se dice pronto… Fue un éxito, muchas invitadas me preguntaron que de dónde lo había sacado. A raíz de esto, me propusieron hacer una colección, y el boca a boca se encargó del resto», recuerda. A día de hoy, pese a haberse convertido en la diseñadora fetiche de miles de «celebrities», Helbig mantiene el mismo nivel de autoexigencia e ilusión que le llevó a coser parsimioniosamente una a una las plumas de su primer diseño.