William Nordhaus - Foto: José Ramón Ladra/ Vídeo: Sara Campos

«Tenemos que acostumbrarnos a gravar las emisiones, como con la gasolina»

ABC entrevistó el pasado 15 de junio al flamante Premio Nobel de Economía 2018, William Nordhaus, considerado el padre de la economía del cambio climático, quien sostenía que hoy la única alternativa a los combustibles es la energía nuclear

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La primera vez que el a Premio Nobel de Economía 2018 William D. Nordhaus (Nuevo México, EE.UU., 1941), reconocimiento que ha compartido este lunes con el también estadounidense Paul M. Romer, sugirió crear un impuesto sobre las emisiones de carbono, algunos creyeron que era una broma. Pero el catedrático de Yale se ha mantenido firme durante décadas en su receta para frenar el calentamiento global. Lleva desde 1975 estudiando cómo cambio climático y economía se interrelacionan y hoy, el varias veces candidato al Nobel de Economía, asegura que el 90% de los expertos aprueban su propuesta. El mundo político, apunta, aún es otra historia.

Nordhaus acaba de recibir en Madrid el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, en la categoría de Cambio Climático, por desarrollar un modelo pionero (llamado DICE) que determina los costes y beneficios de reducir las emisiones. Presentado en 1992, sigue vigente y le ha valido el apelativo de «padre de la economía del cambio climático». Según su modelo, contaminar sale demasiado barato.

-¿Veremos un día en el que solo haya energías limpias y renovables?

-No en mi vida, quizá durante la suya, pero creo que falta mucho. Siendo realista, van a pasar varias décadas por la necesidad de desarrollar nuevas tecnologías e introducirlas en la sociedad.

-¿Cuál es la fórmula más eficaz para reducir las emisiones?

-A mí me gusta el impuesto al carbono, que le pone precio a las emisiones. Si una empresa quema petróleo, carbón o gas natural, tendrá un impuesto sobre la cantidad de CO2 que emita a la atmósfera. Si quemamos una tonelada de carbón, el carbón en sí cuesta 50 euros, pero con el impuesto serían otros 100 euros. Costaría 150 euros, un aumento muy grande para la compañía, que tendrían un gran incentivo para utilizar otras fuentes de energía.

-Lleva años pidiendo este impuesto, ¿ve más probable que ahora haya algún Gobierno que lo imponga?

-Cuando lo mencioné la primera vez, nadie sabía lo que era y algunos creyeron que era una broma. Luego pensaron que era muy extraño. Después empezaron a comprenderlo y pensaron que era una mala idea. Poco a poco vieron que tenía ventajas. Hoy hay paneles de expertos en Europa y EE.UU. con diferentes enfoques de cambio climático, y el 90% de los economistas piensan que poner este impuesto es una buena idea. Las actitudes han cambiado mucho entre los científicos, economistas y abogados. El mundo político es más difícil.

-¿Cuál sería su impacto sobre la economía?

-Si se introduce de manera correcta, su efecto sería muy pequeño. Una forma de pensar es que tenemos que tener impuestos. Esto es solo otro tipo de gravamen. Podríamos tener este y bajar otros, así el impacto en los impuesto sería igual a cero. Lo que estamos haciendo es cambiar su estructura: reducimos los gravámenes en los salarios y los aumentamos a la contaminación.

-Si se tomara esta medida hoy, ¿sería suficiente para frenar el cambio climático?

-No, no sería suficiente. Podríamos limitar el calentamiento global a 2,5 o 3ºC en los próximos cien años y luego empezaría a bajar [los científicos sitúan en 2ºC el umbral de peligro]. Hay demasiada inercia dentro del sistema, es como un buque de mercancías: le lleva un tiempo cambiar de rumbo.

-¿Por qué impuestos, y no incentivos a las energías limpias y renovables?

-El problema es que hay demasiadas maneras en las que se puede subsidiar la energía verde, incluyendo bienes y servicios. ¿Deberíamos subsidiar las bicicletas? ¿Y los cascos de protección y los chalecos? ¿Y los carriles bici? Es difícil conseguir la mezcla correcta y saber hasta dónde deberían llegar los subsidios, al contrario que ocurre con el impuesto al carbono: sabemos exactamente cuánto tiene que costar, es mucho más preciso. Y además, hay una buena razón por la cual debemos introducir el impuesto: las emisiones de carbono son dañinas.

-Pero políticamente es más complicado

-Cualquier medida que tomemos para reducir de manera seria las emisiones va a tener un costo. Es verdad que el impuesto al carbono es algo visible, pero un sistema de limitación y comercio tiene el mismo efecto. Tendríamos que acostumbrarnos a la idea. Muchos países tienen impuestos muy altos a la gasolina. Podríamos ver cómo las personas empiezan a ver el impuesto al carbono como el de la gasolina. Yo no escucho que la gente se queje de los impuestos a la gasolina, ya está acostumbrada. Tenemos que acostumbrarnos.

-¿Hace falta fijar un precio en España al carbono?

-Ya existe.

-El del sistema de comercio de emisiones de la Unión Europea

-Sí, y es un buen sistema porque hace que sea menos un problema nacional y más un problema comunitario. Yo tengo una idea, que es crear un «club del carbono». Es una forma de tener un acuerdo internacional sobre el cambio climático, y la UE es un modelo a seguir porque tiene requerimientos para los países y un precio común. Y eso nos hace falta para que otros muchos países se puedan involucrar.

-¿Qué le parece que en España hayan fusionado por primera vez el Ministerio de Energía y Medio Ambiente?

-No tengo suficiente información para emitir una opinión.

-¿Es necesario un calendario para la eliminación de combustibles fósiles?

-Ayuda a que las personas tengan esa idea en mente, pero no va a suceder solo por tener una fecha. Hace falta conseguir bajar las emisiones, reemplazar las tecnologías, poner un precio al carbono, inversión social… Lo que me preocupa es que haya un calendario y punto, porque con eso no vamos a llegar a nada.

-¿Es partidario de prohibiciones, como la de la entrada de coches de combustión a las ciudades?

-Creo que no va a ayudar mucho. Por sí solo no nos va a hacer movernos hacia delante.

-¿Cuál debe ser el papel de la energía nuclear?

-Si quieren bajar el uso de combustibles fósiles hay que hacer algo. Y no hay muchas opciones hoy. La única a gran escala es la energía nuclear. Parte del problema es que parece que estamos peleando el cambio climático con una mano, y con otra, cuando cierran las nucleares, están haciendo que empeore porque aumentan las emisiones.

-Ha criticado la eficacia del Acuerdo de París, ¿pierde ya todo el sentido cuando se salen países como EE.UU.?

-Claro, es desalentador. Es un golpe importante, pero espero que sea solo por poco tiempo.

-¿Qué condiciones tendría su club del carbono para que funcione mejor?

-Habría consecuencias si no cumplieran con lo prometido. Hay varias maneras: que los países de fuera del club tuvieran tarifas a sus productos, o quizá una tarifa uniforme. El punto principal es que tiene que haber un incentivo para estar en el club, y esa es la principal diferencia con el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París.

-Si seguimos con la trayectoria actual, ¿cuándo será muy tarde para poder pagar la factura del clima?

-Nunca es demasiado tarde y siempre es demasiado tarde, pero cada año que esperamos, la factura es más grande y es más difícil contener los daños.