La oceanógrafa Sylvia A. Earle, cocida como «la dama de las profundidades» y Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2018, durante la rueda de prensa que ofreció en Oviedo esta semana
La oceanógrafa Sylvia A. Earle, cocida como «la dama de las profundidades» y Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2018, durante la rueda de prensa que ofreció en Oviedo esta semana - EFE

Sylvia A. Earle: «Nos queda muy poco tiempo para evitar que nuestra civilización llegue a un punto oscuro»

La bióloga marina y exploradora estadounidense recogerá mañana, de manos de Don Felipe, el premio Princesa de Asturias de la Concordia en Oviedo

OviedoActualizado:

Si Jacques Cousteau (1910-1997) fue el «señor de los mares», Sylvia A. Earle (Gibbstown, Nueva Jersey, 1935) es la «dama de las profundidades». A sus 83 años, esta bióloga marina y exploradora lo sabe todo sobre los océanos, porque en ellos lleva «sumergida» más de medio siglo. Su primera inmersión la hizo a los 17 años y hoy sigue en activo, aprovechando cualquier ocasión para darle rienda suelta a una pasión a la que ha entregado su vida. Más de mil expediciones por todo el mundo, más de siete mil horas de buceo para la investigación, pionera de las mujeres acuanautas con el proyecto Tektite (1970), responsable de Mission Blue… Sus proezas casi no caben en el acta del jurado que decidió concederle, este año, el premio Princesa de Asturias de la Concordia.

¿Qué tiene el agua, que tanto le atrae?

El agua es la vida, así que tendría que ser atractiva para todos. De niña, cuando tenía tres años, me llevó una ola, me tragó, y ahí el océano empezó a captar mi atención. Desde entonces, no ha dejado de atraerme.

El agua no ha dejado de llamar su atención, y usted no ha dejado de llamar la atención a la sociedad sobre la importancia del agua para nuestro planeta. Desde que en 1998 la revista «Time» la definiera como «heroína del planeta», ¿qué ha cambiado? ¿Hemos hecho algún progreso o hemos retrocedido?

Hay buenas y malas noticias. Las buenas noticias es que seguimos aprendiendo, explorando. Ahora sabemos mucho más que nunca antes en la Historia. Sabemos quiénes somos, de dónde venimos e, incluso, hacia dónde vamos, pero, sobre todo, cómo vamos a llegar a ese destino, donde consigamos estar en paz con la naturaleza.

En ese sentido, parece que, tras los últimos desastres climatológicos, estoy pensando en Leslie o, más lejos, en Michael, la naturaleza está intentando mandarnos un mensaje, como si se estuviera revelando contra nosotros.

Desde el principio de la humanidad, nuestra prosperidad siempre ha conllevado un coste que paga la naturaleza. Esto es aplicable a cualquier criatura: aprovechamos la naturaleza, las aves, los peces, consumimos el mundo natural para afianzar nuestra prosperidad. Ninguna criatura ha entendido tan bien lo que significa el consumo del mundo natural como los humanos. Ahora sabemos que hay límites en lo que podemos tomar de la naturaleza y, aún así, que nuestro futuro sea viable. Cuando yo era niña, esto no se sabía, pensábamos que el mundo era tan grande que no podía fracasar. Pero ahora, en la actual sociedad, hay un movimiento creciente encaminado a cuidar los sistemas naturales para mantenerlos con vida. El mensaje que se nos devuelve, las tormentas, el cambio climático, la pérdida en fauna y flora, es lo que hace que el planeta sea como es. Ningún otro planeta es como este, y no es sólo por nosotros. Nosotros sólo nos beneficiamos del resto de criaturas. Es la primera vez que hemos podido vernos con claridad como parte de la naturaleza, no como los controladores de la naturaleza, nos beneficiamos de ella. La naturaleza se ha encargado de cuidarnos, ahora nosotros tenemos que cuidar de ella.

«La naturaleza se ha encargado de cuidarnos, ahora nosotros tenemos que cuidar de ella»

Quizás haya llegado el momento de darnos cuenta de que nosotros no somos el centro del universo.

En el siglo XVI, Galileo tuvo bastantes problemas, con la Iglesia y sus conciudadanos, porque se atrevió a desafiar ese punto de vista, que no somos el centro del universo. Él tenía pruebas, y llevamos quinientos años recopilando más pruebas, pero seguimos comportándonos como si fuéramos el centro del universo.

¿Somos conscientes de lo valioso que es el campo de investigación de la conservación de los océanos?

El conocimiento está ahí, las pruebas son claras, pero nuestras acciones no están a la altura de la realidad. Nos queda muy poco tiempo, unos diez años, para invertir esta tendencia negativa que llevaría a nuestra civilización a un punto muy oscuro. Esto ya lo dije hace treinta años.

Y seguimos igual.

No, cada vez se complica más. Cada minuto que esperamos, es más difícil.

Debemos darnos prisa.

Sí, tenemos que apresurarnos, porque no podemos esperar mucho más. Se están tomando medidas, y eso son buenas noticias.

Pero no es suficiente.

No. Tenemos el Acuerdo de París, con todas las naciones reconociendo la gravedad del problema en que nos encontramos y adoptando las medidas que son necesarias. Todavía no hemos aprendido bien el océano, todavía abusamos demasiado de la fauna y la flora silvestre, no hemos visto la relación entre vida y mar en el cambio climático, pese a que las evidencias son claras. La alteración de los sistemas marítimos afecta a la química del planeta en su conjunto. Cuidar del océano significa cuidarnos a nosotros mismos. No nos parece que los peces sean fauna. Entendemos las aves, los animales terrestres, pero miramos al mar y los peces nos parecen un bien básico, hasta las ballenas nos parecían un producto básico hasta hace unos años. Aún estamos eclipsados por conceptos antiguos que nos nublan la vista para entender que los océanos son un sistema vivo con valores.

Teniendo en cuenta eso, que estamos en plena crisis oceánica, con el 90% de las poblaciones de peces sobreexplotadas en el Mediterráneo y el 40% en el Atlántico, ¿qué mensaje debemos mandar a las generaciones futuras?

Esta es la mejor oportunidad que vamos a tener nunca, porque ahora disponemos de conocimiento. Antes de llegar a ese punto en la historia, nadie había subido al espacio para ver el mundo desde fuera, cuando yo era niña eso no había pasado. Pero los niños actuales saben quiénes son los exploradores y los científicos, saben más que ellos. Aunque no es tanto una cuestión de saber, sino más bien de preocuparse, de tener conciencia sobre qué lugar ocupamos dentro de estos sistemas que nos dan soporte y sustento. Hay que respetar el lugar que habitamos, las criaturas del mar, porque ellos son lo que sustentan nuestra vida en este planeta. Evidentemente, la gente va a consumir la fauna y la flora; aquí, en España, tenéis el marisco, que no deja de ser vida marítima, pero forma parte de la cultura. Pero hemos superado el equilibrio de lo que se puede tomar sin que haya consecuencias graves.

Y, de hecho, los mares son hoy auténticos vertederos de plástico. ¿Cree que llegaremos a lograr la paz entre la humanidad y los sistemas naturales que nos sustentan?

El conocimiento es la clave. Veo evidencias de que nos encontramos en un punto de transición, pasar de arrasar el mundo natural, por ignorancia. Estamos empezando a adentrarnos en una época, nacional e internacionalmente, en la que hay nuevas políticas que aportan perspectiva. Parece que somos omnipotentes, que podemos cambiar la naturaleza, pero lo que hemos hecho hasta ahora ha sido fruto de la ignorancia y las consecuencias son muy graves. Ahora podemos cambiar nuestra conducta para restaurar lo que hemos perdido y hacer las paces con la naturaleza. En vez de intentar conquistar la fauna y la flora, lo silvestre, entender que la naturaleza, en su estado salvaje, nos da el sustento. Y, por lo tanto, cuidar el planeta tiene todo el sentido del mundo. Hemos tardado cuatro mil y pico millones de años en llegar aquí, y nos ha costado sólo unas pocas décadas deshacer estos sistemas tan importantes. Estamos atrapados en las viejas costumbres que evitan que vayamos más rápido. Pero tengo fe en las nuevas generaciones.

¿La tiene?

Sí, creo en los niños, ellos ven el futuro. Y es un futuro no tan próspero ni tan brillante como el que tuvieron sus padres. Son ellos los que nos liderarán y nos llevarán a un mundo mejor. Saben lo que yo no sabía de niña y se comunican con los mayores a su alrededor y nos inspiran, no sólo en su propio nombre, sino en el de todos. Podemos ser los héroes de los que nos sigan si tenemos la valentía de actuar con los conocimientos que tenemos.