Retrato de Sigmund Freud realizado en Viena en 1929
Retrato de Sigmund Freud realizado en Viena en 1929 - ABC

El surrealismo en el diván de Freud

Médico neurólogo y padre del psicoanálisis

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«En Viena hay un hombre que adivina los sueños. Y este adivino reviste nada menos que la dignidad de profesor de enfermedades nerviosas en la Universidad de Viena», escribía en 1911 Ortega y Gasset, resaltando la creciente fama de Sigmund Freud, que «elevó la confesión a ciencia y la llamó psicoanálisis».

Freud pensaba que la personalidad estaba construida a partir de tres estructuras en lucha por definir quiénes somos y cómo nos comportamos: id o ello, ego o yo, y superego o súper yo. En el id residirían los instintos y se localizaría en el inconsciente, orientándonos al placer sin pensar en las consecuencias. El ego sería nuestro yo consciente, la parte ejecutiva del encéfalo, que usa el raciocinio para tomar las decisiones adecuadas. El superego sería la conciencia moral construida al internalizar las normas y valores.

Aunque bromeó cuando sus libros fueron quemados por los nazis en Berlín, el padre del psicoanálisis decidió huir de Viena el 4 de junio de 1938. En la portada de ABC aparece junto a su familia ya en Londres.
Aunque bromeó cuando sus libros fueron quemados por los nazis en Berlín, el padre del psicoanálisis decidió huir de Viena el 4 de junio de 1938. En la portada de ABC aparece junto a su familia ya en Londres.

Para Freud, el ego predomina en una persona sana, equilibrando los impulsos del id y el freno del superego, para adaptar el comportamiento a cada situación. Cualquier desequilibrio llevaría a una condición patológica dominada por una búsqueda del placer sin límites, si el id domina; o una moral tan rígida que impediría la normal interacción con el mundo, si prima el superego. La influencia de Freud en la ciencia decayó rápidamente a partir de 1930, pero su ascendencia en el arte continuó. Freud pensaba que las emociones y memorias del pasado, reprimidas en el subconsciente, se hacen conscientes durante los sueños. Y esta concepción de una realidad más allá de la realidad es uno de los pilares fundacionales del movimiento surrealista.

Dalí, uno de los más ilustres representantes del surrealismo, intentó plasmar esa idea en muchas de sus obras. Si algo caracteriza la obra del pintor es la idea de multiplicidad; sus cuadros y esculturas proponen dobles interpretaciones, como emanadas de la teoría estructural de la personalidad de Freud. Dalí trató de visitarle en innumerables ocasiones. Lo consiguió en el exilio forzado de Freud en Londres, dos años antes de la muerte del psiquiatra, ya enfermo de cáncer. Pero el encuentro no fue como Dalí esperaba. «Nunca vi ejemplo más completo de español, ¡qué fanático!», dijo Freud al escritor Stefan Zweig. Aunque algo en la personalidad del pintor llevó al padre del psicoanálisis a reconciliarse con los surrealistas: «Me inclinaba a pensar que los surrealistas eran unos locos. Pero el joven español me ha sugerido otra apreciación y reconsiderar mi opinión».