Mensajeros de la Paz gestiona más de 70 comedores en Tucumán, como éste de «Los Pocitos», donde se reúnen más de 250 personas al día

Sesenta céntimos por una vida

«Con la ayuda de todos, conseguiremos que los niños de Tucumán puedan comer las mismas veces que los de España», asegura el padre Ángel García, presidente de Mensajeros de la Paz. ABC ha visitado esta región argentina, donde más de 200.000 pequeños «quedarán marcados de por vida» por la desnutrición. Los niños, sin embargo, no han perdido la sonrisa. Ni la esperanza.

TUCUMÁN (ARGENTINA). JESÚS BASTANTE, enviado especial
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A mediados del pasado noviembre, las imágenes de una veintena de niños muertos por desnutrición en el Hospital «Niño Jesús» de Tucumán dieron la vuelta al mundo. Dos meses después, la situación apenas ha cambiado. ABC ha recorrido, junto a Mensajeros de la Paz, los pasillos de dicho hospital, y ha sido testigo de la carencia de condiciones de higiene y alimentación, así como de la agonía de cientos de niños tocados por la desnutrición, cuyas consecuencias sufren 200.000 pequeños en toda Argentina y que «les marcará de por vida», asegura el padre Ángel. Toda una generación de argentinos que padecerán daños cerebrales y enfermedades relacionadas con la salubridad y la falta de calcio en los huesos.

Un triste ejemplo es Juan Alejandro. A sus diez meses de vida, el pequeño apenas pesa 5 kilos. Además de una desnutrición galopante, padece síndrome de Down y sufre problemas de respiración, así como una infección cardíaca severa, de la que podría fallecer si no se le opera antes de cumplir un año. Según su madre, todos los papeles están en regla, «pero el ministerio exige que el niño sea operado en Buenos Aires», viaje que seguramente no resistiría. «Lo único que me queda por entregar es el certificado de defunción de mi hijo», afirma esta mujer, que tiene otro hijo y un marido con minusvalía.

En el «Niño Jesús», hospital que centraliza todos los casos relacionados con menores de 14 años en la región de Tucumán, se llevan a cabo 800 consultas diarias y 900 ingresos al mes (11.000 al año). El centro tiene capacidad para 220 camas, siempre ocupadas por niños y niñas que sufren desde diarreas a toda clase de cáncer, pasando por infecciones respiratorias y nutricionales. Algunos padecen de elmintiasis, una enfermedad parasitaria que en España sólo afecta a los perros.

10.000 madres menores de 13 años

Sin embargo, la imagen más impactante es la de los pequeños con hidrocefalia, como el que está junto a Juan Alejandro, mirando al vacío, ajeno a los mimos de su madre, una niña-adolescente como las más de 10.000 menores de 13 años que este año dieron a luz por primera vez en esta región. La cuna del niño se asemeja a un altar, rodeada de flores y estampas de la Virgen. En otra planta duermen los pequeños con enfermedades mentales, algunos de ellos en auténticas celdas-cama, cerradas a cal y canto por todas partes.

La suciedad y el desánimo se apoderan también de la Maternidad «Nuestra Señora de la Merced», la mayor de Argentina y la tercera de Iberoamérica en número de partos, con más de 12.000 al año. Cada día, vienen al mundo en este sanatorio de paredes desconchadas y suelo resbaladizo unos 40 bebés, «y otros 15 que se quedan por el camino por abortos provocados», informa Manuel Pérez Gorena, director del hospital. Sólo en Tucumán se certifican unos 30.000 abortos al año, «el doble de los que nacen» y la principal causa de muerte de mujeres en la zona.

En este lugar, Mensajeros de la Paz ha comenzado a construir un ala destinada a cuatro nuevos quirófanos «con una equipación digna», señala el padre Ángel, puesto que la actual situación «invita a todo menos a nacer». Madres que comparten cama, paritorios sucios y un tercio de los bebés infectados en los 20 metros que separan la sala de partos de la de reanimación son ejemplos de la necesidad de una nueva construcción, a la que colaboran con medicamentos y asistencia Fundamed y la Fundación Galicia-Salud.

Ana Laura acaba de nacer, y espera junto a su madre para poder ingresar en Neonatología, donde acuden los niños con alguna infección o trastorno posterior al parto. «La sala está acondicionada para un máximo de 60 bebés. Nunca hay menos de 85», asegura Pérez Gorena. En «Nuestra Señora de la Merced» las cunas (no se puede hablar con rigor de incubadoras) están pegadas, los aparatos de ventilación asistida escasean, y los que existen se estropean a cada rato.

«Esta tarde hemos perdido a dos pequeños porque no había cómo salvarles la vida», observa, consternado, el cirujano jefe de Neonatología. En ocasiones, hay que bombear manualmente durante toda la noche porque las máquinas respiradoras fallan «y hay que sacar adelante al niño». «A veces -lamenta el director del hospital- debo decidir quién vive y quién no, a qué niño nos podemos dedicar con cierta calidad y a cuál debemos dejar morir. Es muy duro, es inhumano, pero en ocasiones no queda otro remedio».

Puerta a la esperanza

Entre la miseria, la muerte y el horror, queda abierta la puerta a la esperanza. Una de ellas es el comedor «Los Pocitos», que Mensajeros de la Paz inauguró hace un mes en una barriada de Tucumán y que da alimento diario a más de 250 niños (aunque está acondicionado para únicamente 100). «Durante un tiempo, dudamos entre dar de comer a 70 niños tres veces al día o a la mayor cantidad posible, aunque fuera una sola comida diaria», afirma el padre Ángel, que sin embargo se muestra convencido de que «con la ayuda de todos, conseguiremos que coman las mismas veces que los niños de España». Los pequeños comen un preparado a base de polenta (harina de maíz), y te regalan a cada rato una sonrisa o un guiño.

Dar de comer a 15.000 niños tres veces al día es el objetivo de Mensajeros de la Paz. Según los datos de la campaña de urgencia iniciada por esta asociación hace unos meses, el coste por niño y día apenas llega a 0,60 euros. Con 18 euros al mes, un pequeño podrá comer tres veces al día. La alimentación de 15.000 niños al día no supera los 9.000 euros, 270.000 en un mes. La aportación para seis meses alcanza 1.620.000 euros.

«Es muy fácil hacer sonreír a un niño», asegura José Manuel, responsable de Mensajeros de la Paz en Tucumán, para quien «la situación es mucho peor de lo que muestran las imágenes. Aquí los niños se mueren y ni los políticos ni los propios padres hacen nada por evitarlo». Sin embargo, los pequeños no han perdido la esperanza, y agradecen cualquier gesto con una sonrisa y un beso.

Junto a este comedor, un verdadero oasis en mitad de la miseria y la indignidad, Mensajeros gestiona (con Cáritas y los cooperadores salesianos) otros 70 comedores. «Pero todavía queda mucho por hacer», sostiene el fundador de esta asociación. «Sólo aquí hace falta construir unas letrinas, unos desagües... y no te imaginas lo difícil que es convencer a alguien en España de que los niños no sólo necesitan alimentarse. Necesitan letrinas, zapatos, comer con manteles y con cubiertos... No podemos permitir que pierdan tan pronto su dignidad».

En el centro de Tucumán, esta asociación ha logrado la adjudicación de un inmenso complejo, anteriormente propiedad de los ferrocarriles, en el que inaugurará en breve un comedor con capacidad para 2.000 personas, otro para 250, una residencia de ancianos y un Centro de Atención Primaria. Del mismo modo, el proyecto prevé la creación de cooperativas de trabajo para los habitantes de la región.

Vivir de la basura

La pretendida dignidad brilla por su ausencia en El Basural, una montaña de desperdicios, suciedad y microbios donde se hacinan un millar de personas. Silvina tiene apenas 30 años, y vive con sus 11 hijos (5 son suyos y otros 6 de una hermana que falleció hace meses) en una casucha destartalada y sucia, de no más de 5 metros cuadrados, entre un calor asfixiante y un hedor indescriptible e insoportable. El agua y la electricidad brillan por su ausencia, como los zapatos y las camisas de los niños, que se entretienen jugando con unas improvisadas cuádrigas fabricadas con palos de hierro y cajones.Como todos los habitantes de este barrio de San Miguel de Tucumán, Silvina y sus hijos viven de la basura. Cada vez que aparece un camión de la municipalidad, los jóvenes se transforman en animales salvajes, lanzándose al auto en marcha, tirándose piedras para que no les roben su «botín». «Cada día es más difícil para ellos encontrar algo de valor en la basura», señala Dante Gómez, sacerdote en la parroquia de la Inmaculada Concepción del barrio de San Cayetano, muy cerca de El Basural, donde funciona otro comedor.Allí también está llegando la ayuda solidaria de millones de españoles en forma de medicamentos y, sobre todo, de más de 9 barcos cargados de alimentos, con un volumen aproximado de 400 toneladas. En los próximos días, Mensajeros de la Paz hará llegar otro, cargado con 18.000 kilos de harina. «La ayuda está llegando -apunta el padre Ángel-, pero hay que seguir trabajando porque no podemos permitirnos el lujo de ver cómo los niños siguen muriendo. Es nuestra responsabilidad».