Huerta de Orihuela afectada por la falta de precipitaciones
Huerta de Orihuela afectada por la falta de precipitaciones - Efe

La sequía amenaza el suministro en algunas localidades y lleva pérdidas millonarias al campo

El año hidrológico termina como el 4º más seco del siglo y con los embalses un 24% por debajo de la media. Algunas localidades viven ya con restricciones

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En Ávila hace meses que las fuentes ornamentales no tienen agua; que el riego de zonas verdes -ahora secas- está más que restringido y que la población se ha implicado en el consumo eficiente, reduciendo en septiembre hasta en cinco millones de litros de agua el consumo medio diario. Todo para intentar exprimir al máximo unas reservas que están bajo mínimos y amenazan con afectar al suministro. Ávila es el punto rojo de la sequía en España, que sufre ya los estragos del cuarto año más seco del siglo.

Amplias zonas de España están ya en sequía meteorológica, es decir, la que viene determinada por la cantidad de lluvia recogida. Según informó ayer la Agencia Estatal de Meteorología, el año hidrológico que concluyó en septiembre acumuló un 13% menos de lluvia de lo normal. La cuenca del Guadiana es la que mayor déficit registra, del 33%, seguida por la cuenca del Tajo (25%), del Guadalquivir (24%) y del Duero (23%).

Los embalses, que han estado viviendo de las rentas de un lluvioso 2018, a estas alturas del año han sufrido una considerable merma y se encuentran en niveles hasta un 24% por ciento por debajo de la media de la década. En concreto, los embalses almacenan 22.656 hectómetros cúbicos, y por tanto la reserva hidráulica está al 40,4% de su capacidad total. Desde 1996, solo en 2005, 2006 y 2017 ha habido menos agua en los pantanos a estas alturas del año.

«Es temprano aún para confirmar que estemos ante un nuevo ciclo de sequía», dice Jorge Olcina, presidente de la Asociación Española de Geógrafos y director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de la Alicante. Pero «si este otoño es seco, ya podríamos hablar de problemas serios en varias cuencas y entonces sí se podría decir que habríamos entrado en sequía en esas cuencas más afectadas».

En Ávila, la «zona cero» de precipitaciones, de enero a agosto llovió 29 días de un total de 242. Y no de forma abundante. La provincia ha cerrado el año hidrológico con precipitaciones entre un 30 y 40% por debajo de lo normal. Uno de los embalses, el de Becerril, está al 1,5%, y ya no puede surtir a las tuberías, mientras que los otros dos, La Cogota y Fuentes Claras, están al 20%.

La Mesa de la Sequía estudia alternativas, como recurrir a sondeos o modificar el punto de vertido de la depuradora, y no descarta llegar a los cortes de suministro, aunque como última opción, pues en el fondo, según los técnicos, lo complicaría aún más por el desperdicio de líquido al volver a abrir el grifo y ver el agua turbia. Esta situación ya la viven en algunos pueblos de Badajoz, como en Valencia del Ventoso, donde solo hay agua potable cinco horas al día; o en Sevilla, en Las Navas de la Concepción, en la zona de la sierra norte.

Con lluvias y sin reservas

Además, las lluvias torrenciales de la gota fría de septiembre batieron récords en zonas como la Vega Baja, pero las reservas en los embalses de la cuenca del Segura siguen estando a la cola de toda España, con el 27% de su capacidad. Desde mayo se han autorizado todos los meses trasvases desde el Tajo, el último ya propuesto esta semana para el mes de octubre con un volumen de 19,2 hectómetros cúbicos, de los que 7,5 se destinarán a abastecimiento humano. De hecho, esta transferencia paliará los problemas sufridos al dejar de producir momentáneamente las desaladoras durante el episodio de gota fría por las inundaciones.

En conjunto, la Comunidad Valenciana es la autonomía con menos agua en sus pantanos, al 29% de la capacidad entre las demarcaciones del Júcar y el Segura, a pesar de que las riadas han situado el año hidrológico con un superávit del 130%.

Mientras, en Castilla-La Mancha las reservas en la cabecera del Tajo están ya bajo mínimos, al 19 por ciento. A día de hoy no hay problemas de restricción de abastecimiento, aunque la alerta ante la situación existe. En este sentido, la visita de alcaldes y concejales de la Mancomunidad de Servicios Gasset al trasvase de agua que se está realizando desde el pasado lunes desde el Pantano de Torre de Abraham al de Gasset, que garantiza dos años de agua para los municipios, está a pleno rendimiento y llegan hasta las instalaciones de este trasvase unos 450 litros de agua por segundo.

El presidente de la Mancomunidad, Casimiro Pastor, ha explicado que el pasado viernes se tuvo conocimiento de la autorización por parte de la Confederación Hidrográfica del Guadiana de una autorización de 2,5 hectómetros cúbicos, como consecuencia de que el embalse de Gasset se encontraba por debajo de los 14 hectómetros cúbicos que marca el protocolo para realizar la derivación de agua, según ha informado la Mancomunidad en nota de prensa. En la actualidad, el Embalse de Gasset se encuentra al 35 por ciento de su capacidad y el Torre de Abraham al 9,7 por ciento, por lo que la Confederación Hidrográfica ha establecido la emergencia por sequía en este sistema.

Pérdidas en cultivos

La falta de humedad se ha notado también en los cultivos. A finales de agosto, Asaja ya cifró en mil millones de euros las pérdidas por la sequía, de los que el 60% corresponden a Castilla y León. En esta comunidad, las precipitaciones acumuladas desde octubre del pasado año son un 25% inferiores a lo normal. Zona cerealista por excelencia, la cosecha ha sido un 15 por ciento inferior, aunque en provincias como Ávila, Salamanca o León las pérdidas han rondado el 50 por ciento. Menos producción también de las vides, en plena recolección. Y en el regadío ya influyó de inicio, limitando la superficie a sembrar en los puntos que se preveían con más complicaciones, como los de Ávila.

«Estamos en un año que preocupa mucho», dice José Carlos Caballero, técnico de Asaja. La escasez de precipitaciones se ha notado en especial en cultivos herbáceos (cereal, leguminosas…) en los de otoño, como el girasol, o en cultivos leñosos como la uva. «En esta vendimia los datos de pérdidas son importantes, aunque difíciles de cuantificar, pero por encima del 30%», estima. El problema ya no es solo que el suelo tenga poca humedad, fruto de un año seco, sino que los niveles de los embalses empiezan a preocupar. «Si no hay un otoño lluvioso, hablaremos de un problema muy serio», asegura Caballero.