El bosquimano disecado fue el «Negro de Bañolas»             durante 75 años.ABC

Un «safari park» belga se convirtió en zoo humano al exhibir a ocho pigmeos

Los pigmeos de la tribu Baka jamás habían abandonado la jungla de Camerún. Pero de la noche a la mañana, ocho de ellos fueron metidos en un avión con destino al corazón de Europa, Bélgica. El destino final era el parque Champalle, un «safari park» situado en las Ardenas, donde las familias van a contemplar a animales salvajes en un entorno natural.

AMADEU ALTAFAJ. Corresponsal BRUSELAS.
Actualizado:

Los Baka, sin embargo, no fueron a hacer turismo, sino a incorporarse a ese decorado para construir sus cabañas tradicionales, cantar y bailar para los visitantes durante los meses de julio y agosto. Lo hicieron porque la asociación que los trajo a Europa, Oasis Nature, les prometió que parte de la recaudación del parque y otros donativos serían destinados a la construcción de cuatro escuelas, cuatro dispensarios y pozos de agua potable en la región del sur de Camerún donde viven. No firmaron contrato alguno por sus «actuaciones».

Los organizadores de la «exposición» mantienen que siempre actuaron de buena fe y en beneficio de la comunidad de pigmeos, cuyo modo de vida querían dar a conocer entre la población belga, pero que las exageradas protestas y la difusión de éstas por parte de los medios de comunicación belgas frustraron su buena obra. La realidad es que los belgas, que todavía arrastran con incomodidad la memoria de las atrocidades cometidas por las huestes del rey Leopoldo II en el desaparecido Congo Belga, dieron la espalda a este zoo humano: el parque vio caer en picado el número de visitas, apenas 3.500, cuando se esperaban alrededor de 20.000, y ni siquiera se ha podido cubrir los gastos para montar esta exposición.

Rompecabezas legal

La Liga de los Derechos Humanos, el Movimiento de Nuevos Inmigrantes y otras organizaciones no gubernamentales no pudieron evitar que este acto degradante se prolongara desde el pasado 2 de julio hasta ayer mismo, porque las autoridades y la Justicia no sabían cómo resolver el rompecabezas legal planteado por un grupo de extranjeros que vinieron con un visado legal y de forma voluntaria.

Al final, será la embajada de Camerún la que pague el billete de vuelta de los ocho pigmeos, que regresarán a su poblado envueltos en la tristeza y la confusión y sin la fortuna prometida. Este polémico suceso trae a la memoria episodios tristemente célebres como las «exposiciones de congoleños» que hasta mediados del siglo XIX se celebraron en Bélgica, la «Exposición de Negros» del zoológico de París a principios del siglo XIX o, sin remontarse tanto en el pasado, la exhibición de un cazador bosquimano disecado en el Museo Darder de Banyoles hasta hace pocos años.

Los pigmeos Baka habitan la jungla ecuatorial del sureste de Camerún, en una difícil convivencia con las comunidades bantúes, en cuyas granjas los pigmeos son a menudo explotados como mano de obra barata. Tradicionalmente nómadas, sus actividades fundamentales son la caza y la recolección de vegetales, aunque factores exteriores como la deforestación y la presencia creciente de otras comunidades les empujan lentamente a la sedentarización, una tendencia estudiada por el etnólogo italiano Mauro Campagnoli, que convivió con una comunidad Baka durante dos meses.

Racismo en su entorno

Según precisó este especialista, los Baka son en su propio entorno tradicional «víctimas del racismo y explotados en las plantaciones de sus vecinos, con una dieta inadecuada y numerosos problemas de salud». Y sin embargo, estos pigmeos «se las han arreglado para vivir una existencia apacible, manteniendo una identidad cultural muy fuerte», que se manifiesta en una gran riqueza de música, medicina tradicional y organización social.

La embajada de Camerún en Bélgica comentó que tuvo conocimiento de lo que estaba ocurriendo con sus compatriotas en las Ardenas a través de los medios de comunicación, lo mismo que los cameruneses, que se enteraron indignados por la prensa internacional. Según manifestó la sede diplomática, que ha tenido que hacerse cargo del coste íntegro de los billetes de avión para el regreso de los ocho pigmeos, las minorías étnicas son objeto de una protección especial en el país.

El promotor de la exposición, Louis Raets, criticó a la prensa, las organizaciones no gubernamentales y las autoridades por haber frustrado, según él, lo que era una acción humanitaria. En cambio, el Movimiento de los Nuevos Inmigrantes celebró el fin de este penoso episodio, al que calificó como «una victoria del principio de la dignidad humana sobre un proyecto oscuro y pretendidamente humanitario».