Sacerdocio y homosexualidad

Por Juan GARCÍA PÉREZ, S.J.
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La manifestación pública que acaba de hacer un sacerdote -homosexual que vive en pareja con otro varón- desatará sin duda muchos comentarios. Nos encontramos con varios aspectos: la homosexualidad en sí misma, en el clero y la situación concreta de este sacerdote. El hecho para los católicos es doloroso. Algunas personas, desde fuera y a distancia de la Iglesia, quizá alaben a este sacerdote. Al «salir del armario», cuestiona desde dentro la enseñanza de la Iglesia. Comparando enseñanzas y comportamientos, recordarán la frase de Jesús a los fariseos: Hipócritas, que imponéis a los demás cargas que no sois capaces de llevar.

La «orientación» sexual de cada persona tiene todavía mucho de terreno desconocido. La sexualidad es una confluencia profunda de misterio, de gozo, de dolor y fuente de conflictos. En el entramado psicológico de las personas adultas, casadas o célibes, -recuérdense los estudios del Dr. Marañón- no siempre será posible señalar con exacta claridad dónde termina el factor «hetero» y donde comienza el «homo». El doctor Font SJ, profesor de Psiquiatría,con larga experiencia de años y casos, afirmaba que no hay tendencia sexual que pueda ser calificada de específica o más frecuente en las personas célibes. En ellos la sexualidad debe alcanzar el mismo nivel de madurez de quien vive en pareja heterosexual. A conclusiones parecidas llega el prof.F.Kennedy.

Nos tropezamos aquí con la Iglesia de Jesucristo que es también la Iglesia de los pecadores. La Iglesia predica grandes ideales, pero en la vida del cada día se descubre también capaz de acomodarse a la mentira, a la hipocresía, a los compromisos incumplidos. No hay dos iglesias sino sólo una. Los santos padres la llamaban «casta meretriz». Es la que reza, la que trabaja en muchos rincones del mundo por los desheredados, la que se calla cuando debería gritar, la que es infiel, la que peca.

Los católicos podremos alegrarnos por la constelación de personas buenas. También debemos cargar con la maldad que cada uno generamos. En el caso actual la Iglesia deberá mostrar una respetuosa generosidad con este sacerdote. Él, por su parte, tendrá que actuar en consecuencia, sabiendo que su situación no le permite continuar con la práctica del ministerio de sacerdote. Recordarnos esto no deberá hacernos ni menos comprensivos ni más suficientes. La sinceridad es una actitud positiva para plantear su circunstancia personal. Pero una situación compleja no admite soluciones simples, requiere decisiones y no rara vez exige rupturas dolorosas.