José Francisco Serrano Oceja

Revisar los Acuerdos Iglesia-Estado

En estos tiempos políticos convulsos, la Iglesia se mantiene en un perfil bajo

José Francisco Serrano Oceja
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En estos tiempos políticos convulsos, la Iglesia se mantiene en un perfil bajo. Mientras hay quien echa de menos una palabra sobre la necesaria regeneración moral de España, en ámbitos como la política o la economía, ante fenómenos como la corrupción, otros consideran que es hora de dedicarse a cuestiones domésticas. Nadie niega que sobre la legalización de la eutanasia, representante eclesial hubo que habló con más de ciento cuarenta caracteres. No nos engañemos, más temprano que tarde la Iglesia volverá a ser interpelada. Y en ese escenario, los Acuerdos entre la Iglesia y el Estado se convertirán en uno de los primeros campos de batalla, por lo que son y significan.

La izquierda, y no solo la radical, al menos de palabra, insiste en denunciar los Acuerdos. Ciudadanos está instalado en la indefinición posterior a su repetida confesión de laicismo. Quizá a la espera del oráculo de Albert Rivera o a lo que digan las encuestas. El Partido Popular, cómodo con el estatus quo, prefiere que no se muevan las aguas. Según apuntan las tendencias, llega el cambio. Y, entonces, ¿qué hará la Iglesia?

Un grupo de profesores de la Universidad CEU San Pablo acaba de publicar un estudio de texto y contexto, presente y futuro, sobre los Acuerdos. Con un jugoso prólogo del miembro de la Asociación Católica de Propagandistas y ex ministro,Marcelino Oreja, bajo la dirección de Juan Carlos Jiménez, «hacia unas nuevas relaciones entre la Iglesia y el Estado en la España del siglo XXI» se va a convertir en un texto de obligada lectura. No es un ejercicio de vanas suposiciones. Como señala Marcelino Oreja, «los Acuerdos actualmente vigentes son fruto de un momento histórico específico, ya que representaron la extensión del concepto de consenso típico de la Transición al ámbito de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Por eso mismo son, posiblemente, Acuerdos que denotan una cierta obsolescencia, que sería necesario abordar para su adecuación a la realidad social actual de la sociedad española. Pero entendiendo ésta en su real pluralismo y desde la perspectiva de colaboración positiva impuesta por la Constitución».

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