La resurrección de la política

Mucho se ha hablado en estos días pasados del voto católico como voto de los católicos

José Francisco Serrano Oceja
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El filósofo alemán Robert Spaemann decía que «cuando las cosas se ponen feas, sólo las personas con convicciones morales resisten». Mucho se ha hablado en estos días pasados del voto católico como voto de los católicos. El actual momento político de España es deudor de un proceso histórico en el que los católicos han asumido, quizá por primera vez desde la Transición, la gravedad y responsabilidad de la participación pública.

Este hecho se explica por la reacción a las políticas de Zapatero que movilizaron al sujeto católico español. Fue en ese momento cuando una parte del catolicismo más comprometido y activo se dio cuenta de que, ante la deriva del socialismo hacia la disolución antropológica, las amenazas a la vida, al matrimonio y a la familia, el radicalismo de una izquierda emergente, las imposiciones legislativas de la ideología de género, o los ataques a la libertad educativa, había que reaccionar y salir a calle. No nos engañemos, este trasfondo hizo posible también que Pablo Casado se hiciera con el poder en el PP y que apareciera VOX.

De hecho, cuando la izquierda quiere complicar la campaña electoral, saca a pasear los temas sensibles a la conciencia católica, las cuestiones morales. Y ahí, ni Pablo Casado se ha dejado engañar, ni Santiago Abascal ha querido seguirles el juego, entre otras razones, porque no desea que le contrapongan al Papa. Mantra que también, por cierto, se pudiera utilizar ante determinadas propuestas que presenta el PP.

El jesuita y politólogo Francesco Occhetta acaba de publicar en Italia un interesante libro que esperemos llegue pronto a España. Se titula «Ricostruiamo la política» («Reconstruyamos la política»). Afirma que el debate político en el seno del catolicismo se ha bloqueado en las opciones políticas. Por lo tanto, hay que cambiar el enfoque y poner en primer plano las políticas del mundo católico que son prepolíticas. Es decir, relanzar el debate sobre el «qué» para que sea más fácil el «cómo». Que los católicos hayan sido en los últimos años irrelevantes en el ámbito de la política-partidista no quiere decir que sean irrelevantes las ideas que puedan aportar a la política.

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