El joven biólogo Sammy Basso con el científico español Carlos López-Otín en la Universidad de Oviedo
El joven biólogo Sammy Basso con el científico español Carlos López-Otín en la Universidad de Oviedo - ABC
INVESTIGACIÓN PIONERA

«Vi el resultado con mis ojos y sé que la terapia contra el envejecimiento es segura. Estoy listo para probarla»

Sammy Basso, un joven biólogo de 23 años que sufre progeria, participa en el descubrimiento de una terapia para su propia enfermedad

MADRIDActualizado:

«Tengo 23 años vivo en un pequeño pueblo llamado Tezze sul Brenta cerca de Venecia y mi vida podría ser una vida normal: estudio, tengo muchos amigos, una hermosa familia, muchos proyectos..., pero soy una de las personas más viejas con progeria del mundo». Con tres trazos se presenta Sammy Baso a ABC pese a protagonizar el relato de un joven único, un «milagro» de la biología. Pese a estar en la segunda década de la vida es la persona con progeria más longeva del mundo. A penas hay un centenar de casos en el mundo y la mayoría no supera la adolescencia, víctimas de un envejecimiento acelerado de su organismo.

Las limitaciones físicas de Sammy no lastran su mente tan ágil como la de cualquier chico de su edad. Responde por correo electrónico desde su casa, donde aún se recupera de una cirugía cardiaca tan delicada como él, una intervención de urgencia para mantener el latido de su corazón un tiempo más. Cambio de válvula cardiaca y limpieza de una coronaria atascada. Nunca se había intentado antes esta cirugía en alguien tan frágil como Sammy.

Pocos estudiantes de Biología logran publicar en una revista tan prestigiosa como «Nature Medicine». Pero él ha conseguido que su trabajo fin de carrera en la Universidad italiana de Padua forme parte de un brillante trabajo donde se ofrece una cura a la enfermedad que desboca su envejecimiento. Lo ha hecho, gracias al apoyo de la Universidad de Oviedo pero, sobre todo, de Carlos López-Otínun científico que es un referente en cáncer y envejecimiento al que conoció de niño y del que no ahorra frases de elogio y admiración. «Yo solo era un estudiante pero me dejó trabajar en su laboratorio con todo su equipo, ¡fue mágico!».

El científico paciente

Ser al mismo tiempo paciente e investigador de su propio mal «fue extraño», dice. Dejaba las emociones para casa. «En el laboratorio, me fascinaba la enorme complejidad y belleza de nuestro cuerpo. Prefiero saber lo que está ocurriendo en mi cuerpo: ser consciente de lo que me sucede es una forma de liberarme de mi propia enfermedad».

Ahora está dispuesto a probar en sus carnes su propia medicina. «¡Vi el resultado con mis ojos y sé que esta terapia es segura! Estaré listo para intentarlo a pesar de que sé que este método dará los mejores resultados en los niños, donde la enfermedad no ha tenido tiempo de debilitar sus cuerpos», explica a ABC.

Los pasos de la investigación

Las buenas noticias que llegan de los laboratorios, aún deberán esperar. De momento, esta terapia experimental tan esperanzadora solo se ha probado con éxito en ratones. Y aunque ABC le presiona para saber si ha estado tentado de inyectarse el tratamiento, Sammy tira de sensatez: «Es obligatorio respetar los pasos de la investigación científica. Las reglas están hechas para garantizar los merjores resultados con el menor número de problemas».