Cristóbal López, el propietario de las clínicas Funnydent que echaron el cierre definitivamente
Cristóbal López, el propietario de las clínicas Funnydent que echaron el cierre definitivamente - ABC

Así relatan varios clientes el cierre de Funnydent: «Entré porque me dolía una muela y salí sin media boca»

Financiación y buen precio eran las bazas de estas clínicas dentales, cuyo dueño está ahora en prisión

MadridActualizado:

Oliva López entró en Funnydent por recomendación de una amiga y cuando se quiso dar cuenta tenía contratado un tratamiento completo pagado a plazos. Ahora lamenta el día en el que pisó el umbral de una clínica de la cadena, cuyo inesperado cierre ha dejado con tratamientos pagados y a medio completar a miles de pacientes como ella.

El gran reclamo de Funnydent, que tenía nueve locales repartidos entre Madrid y Barcelona, eran sus competitivos precios. «Normalmente asociamos el dentista con pagar mucho dinero», cuénta López. A ella le acabó por seducir el fuerte descuento que le hicieron sobre el precio inicial y las facilidades para pagar a plazos. «El que me recibió parecía más un comercial que un médico», reflexiona ahora. «Me bajaron el precio de 12.000 euros a 9.800 y luego a 9.000 y me dijo que me lo pondría a plazos con dos financieras», afirma. «No me dio tiempo a pensar. Entré porque me dolía una muela y salí sin la mayoría de los dientes».

Antonio Montero, presidente del Colegio de Odontólogos de Madrid (COEM), no pone en duda el diagnóstico que en Funnydent hicieron de López —está aquejada de graves problemas dentales a causa de la diabetes—, pero sí destaca que a estas cadenas, cuyos dueños a veces ni siquiera son profesionales del sector, «lo único que les interesa es el balance de resultados». Según Montero, estas clínicas desarrollan un modelo de negocio que prima hacer caja sobre la salud de los pacientes, lo que puede llevarles a priorizar tratamientos más complejos y, por ello, más caros.

«Muchas veces eran comerciales los que explicaban los tratamientos, y no los especialistas», explica Álvaro Navajas, cirujano en la clínica Funnydent de Alcorcón. Navajas llevaba cuatro meses sin cobrar cuando su sucursal echó el cierre sin previo aviso. Ahora, con ayuda del COEM, trata de localizar a sus antiguos pacientes para ofrecer tratarles en otra clínica.

«En raras ocasiones un paciente era atendido dos veces por el mismo profesional», denuncia un cirujano de la franquicia

La cadena abrió sus puertas en 2012 y se expandió hasta tener locales en Alcorcón, Leganés, Fuenlabrada,Móstoles, Alcalá de Henares, Alcobendas, Torrejón de Ardoz, Sabadell y Mataró. El propietario, Cristóbal López Vivar, ahora en la prisión de Navalcarnero mientras se investiga si cometió un delito de estafa, las controlaba a través de un entramado de siete empresas. En su momento álgido, llegaron a tener beneficios de un millón y medio de euros al mes. «Las clínicas estaban a reventar», cuenta una clienta. Sin embargo, a finales de 2015, el empresario dejó de abonar las nóminas «sin llegar a aclarar por qué», según el auto. Gran parte del personal abandonó entonces su puesto. Los locales siguieron admitiendo clientes, que «rara vez eran atendidos dos veces por el mismo profesional». «Había dificultades para encontrar personal. Se corrió la voz», comenta Navajas. Los pacientes comenzaron a notarlo, pero no podían cambiarse de clínica por haber pagado por adelantado. «Hay que evitar adelantar dinero o financiar porque eso te ata a una clínica aunque no te guste el tratamiento», explica Montero.

Navajas defiende la actuación de los trabajadores, muchos de los cuales siguieron yendo a trabajar pese a llevar varios meses sin cobrar. «Nosotros no somos cómplices», asegura. Coincide con él una de las odontólogas de la clínica de Sabadell, que prefiere no dar su nombre pese a que continuó en su puesto tras varios meses sin remuneración. «Al principio creíamos que era un bache, pero dos semanas antes del cierre nos hartamos. Dejamos de aceptar nuevos clientes, pero no podíamos dejar tirados a los que ya habían pagado», comenta. «El día del cierre estuvimos los trabajadores en la puerta, dando la cara, sin saber el motivo». Ella también lamenta haber confiado en Funnydent: «Tengo a tres familiares con el tratamiento a medias. El dueño simplemente nos ignoró».