Álvaro Ramos, discapacitado intelectual, y Manolo Aragón, univentricular, sujetan la vela a una
Álvaro Ramos, discapacitado intelectual, y Manolo Aragón, univentricular, sujetan la vela a una - ABC

La regata de los sueños

Un equipo de discapacitados físicos e intelectuales participará por primera vez en la Copa del Rey de Vela

BenalmádenaActualizado:

Cuando el «Aldebarán» navegue hasta el campo de regatas de Palma, a finales de julio, nadie reparará en que es un velero único. Si acaso se fijarán en algunas sonrisas del tamaño de una ola, como la de Jorge Otalecu, de 23 años, o la de su íntimo amigo Álvaro Ramos, de 30. «Vamos a ser campeones», asegura Álvaro, moviendo la cabeza con convicción y alegría incontenible. Ambos participarán en la regata de los sueños; ambos son diferentes – discapacitados intelectuales– y competirán en la Copa del Rey de Vela. Es la primera vez que un equipo de deportistas discapacitados participa en esta cita náutica. Y van a por todas.

El sueño se gestó en noviembre cuando Jorge Román, presidente de la ONG «ParaOcio», escribió al Rey para que su equipo pudiera asistir como invitado. Cuatro días después recibió respuesta. Desde entonces entrenan sin tregua dirigidos por unos hombres admirables que hacen de capitanes, padres y confesores. «Son mis niños», confiesa José Luis Valverde, Pepón, que dirige el club andaluz de vela adaptada, con base en el puerto deportivo de Benalmádena, y que tuvo el humor de bautizar a su anterior barco como «Tulli-Dos». «En una regata oíamos que nos decían:que nos están alcanzando los cojos y uno de los compañeros se sacaba la pata de palo». Ríe al recordar el episodio y le secundan «sus niños», que van de los 15 a los 60 años. La tripulación del «Aldebarán» la forman doce personas; ocho son estables y cuatro entran y salen porque el único equipo de crucero con discapacidad que existe en España «tiene banquillo». Verónica es la única mujer.

Pepón es la otra parte del binomio que comanda el equipo de regatas de vela de crucero Paraocio del club andaluz de vela adaptada. El 90 por ciento lo integran personas invidentes y con discapacidad física e intelectual. Manolo Aragón, de 25 años, resume el espíritu que les guía. «He ganado en un deporte con las limitaciones que tengo». Manolo, callado, atento, sin pestañear en su posición de proa, es univentricular. Un solo ventrículo, una sola aurícula y todo corazón. «Es la primera vez que me entienden. El ambiente es fabuloso», remarca. Asiente Pepote, su mejor amigo, el otro patrón del barco, hijo de Pepón, un torrente de energía que dispara órdenes e hilvana anécdotas tronchantes.

En busca de fondos

Jorge y Álvaro, inseparables, se achuchan. Fornidos y campeones se ocupan de las maniobras más duras. Jorge es campeón de España de duatlón, de sky nórdico y de triatlón en su categoría. Es un deportista completo con un tesón y una entrega desbordante. Álvaro también acumula importantes trofeos en natación. Aquí no se compite, en el camarote del velero la única competición es ver quién disfruta y ríe más. Si alguien lo dudaba, esto es la superación. Felipe Gutiérrez, 39 años, habla poco, pero sentencia, y uno tiene ganas de llevarlo de compañero de viaje. Hace seis años un tumor volteó su vida. Su oído y su ojo derecho no existen; en el izquierdo la visión le alcanza a la mitad. «Salir a navegar me da la vida». Sus manos, expertas, sueltan y atan cabos al tacto. «No podría estar aquí sin ellos», aclara señalando a sus compañeros, un club donde cada paso cuesta el doble y vale el triple. Pepón y Jorge asienten. Cada uno sufrió un accidente que les colocó la etiqueta de discapacitados. La lucen con un orgullo sin estridencias y siguen. Es el poder de la velaterapia.

En el club hay voluntarios, la cuota no diferente, como el italiano Andrea, informático o el sanitario Daniel Canca, sumados a la ilusión y al reto como el que más. Competirán en la clase ORC3 con otros 29 veleros, sin ventaja. «El objetivo es acabar entre los diez primeros», dice Pepón. «No, no, campeones», le interrumpe Álvaro mientras persigue los cacahuetes de las provisiones con idéntica fuerza con la que tira de la vela mayor. Esa vela que les trae de cabeza porque necesitan renovarla con urgencia.

La carta de la Casa del Rey les insufló aire; se han ganado el puesto a pulso pero ahora falta que se llene la despensa y el depósito. Necesitan 24.000 euros para viajar a la Copa del Rey en condiciones dignas. Han puesto en marcha un «crowdfunding» para recaudar fondos a través de la web «www.ongparaocio.org»; van a rodar un documental «Aldebarán. Millas de superación» para que su actividad se difunda y siguen dando vueltas a nuevas ideas. Son los otros campeones, los del mar, en pos de su sueño.