Regar para poblar

Se trata de un motor económico y de empleo, fundamental para mantener vivos los núcleos poblacionales

Andrés del Campo*
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Cuando comienza el mes de septiembre empieza a vaciarse la España rural. A volver a vaciarse, para ser más precisos. Y es que, tras finalizar las vacaciones para tantos y tantos españoles, los pueblos comienzan a desangrarse de población. Sobre todo los asentados en territorios de secano, como demuestran los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), que revelan que 13 de las 15 provincias que más habitantes han perdido durante los diez últimos años son aquellas que menos superficie regada tienen.

Pero si bien es cierto que estas son las últimas cifras, no es menos cierto que los primeros estudios que se hicieron a finales del siglo pasado y principios de éste ya demostraron que en las zonas donde más de la mitad de la superficie estaba ocupada por regadío, la densidad poblacional era el doble que la registrada en los territorios donde estaba regada menos del 20% de la tierra. Y que cuando se hicieron los trabajos preparatorios para el último Plan Nacional de Regadíos puesto en marcha en nuestro país, ya se concluyó que únicamente ganaban población aquellas localidades en las que había más de un 55% de regadío.

Zamora, Cuenca, Teruel, Ourense, Ávila, Lugo, Palencia, Segovia, Soria, Salamanca, Asturias, Ciudad Real y Burgos serían las zonas más asoladas por la despoblación. Las otras dos, Jaén y León, presentan características especiales porque, teniendo un poco más de regadío, su densidad de población es mayor. El primer caso se debe a los cambios de regadío del olivar y el segundo a los problemas que ha ocasionado la minería.

En el lado contrario de la balanza, entre las provincias que custodian o incrementan su población abundan en las que prevalecen los cultivos de regadío, como Almería, Navarra o Murcia.

Sea como fuere, al margen de cifras y clasificaciones, el regadío supone riqueza no sólo para el agricultor y la sociedad, sino para todo el complejo agroalimentario asociado que vive de él. Es decir, la mano de obra, la industria, las empresas de servicios que proporcionan maquinaria o fertilizantes, los transportes...

Estamos ante un sector estratégico que representa algo más del 2% del PIB, pero que concentra más del 15% si se incluye toda la industria agroalimentaria vinculada. Además, da empleo a más de un 4% de la población activa, excluyendo a la población ocupada en el sector agroindustrial y de servicios agrarios.

En otras palabras, se trata de un motor económico y de empleo, fundamental para mantener vivos los núcleos poblacionales; hasta el punto de que en las zonas donde existen estos cultivos, la población aumenta.

A finales del mes pasado, el Gobierno manifestó que el impulso del regadío es clave para la sostenibilidad socioeconómica del medio rural, contribuyendo a la fijación de la población. De ahí que el Ministerio de Agricultura haya mostrado abiertamente su apoyo a las políticas de modernización de regadíos, con el objetivo de optimizar el uso del agua disponible, actualizar los sistemas de riego y reforzar la competitividad de las producciones, así como de contribuir a la sostenibilidad económica, social y medioambiental de las áreas regadas.

En nuestro país, el regadío representa algo menos del 15% de la superficie agraria útil. Sin embargo, aporta el 65% de la producción final, ocupando una superficie total ligeramente superior a los 3,7 millones de hectáreas. En este sentido, una hectárea de regadío intensivo puede producir el equivalente a 40 hectáreas de secano, lo que convierte el regadío en el garante del abastecimiento de alimentos de primera necesidad para una población mundial creciente.

En España somos un referente internacional en regadío modernizado. Tenemos más de la mitad de nuestra superficie regada dotada con sistemas de riego localizado, que está considerado el más eficiente. De hecho, en total, más del 75% de nuestra superficie de riego se encuentra ya modernizada a la espera de hacer lo propio con el millón de hectáreas todavía pendientes; cuando a nivel mundial, de los más de 330 millones de hectáreas de superficie regable, apenas un 6% cuenta con sistemas de riego localizado.

Es evidente que el cultivo de regadío se presenta como una auténtica oportunidad clara para luchar contra la despoblación en las zonas rurales. Es evidente, pues, que para poblar hay que regar o, lo que es lo mismo, para acotar la España vaciada es necesario apostar por la España regada.

*Andrés del Campo es presidente de la Federación Nacional de Comunidades de Regantes de España (Fenacore)

Andrés del Campo*Andrés del Campo*