Imagen de la NASA en la que muestra los focos activos mundiales
Imagen de la NASA en la que muestra los focos activos mundiales - NASA

Recuperar los suelos erosionados del Amazonas y de África es más difícil que en Europa

Los suelos son más antiguos y pobres por lo que se recuperan peor y tienen una mayor pérdida de nutrientes

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La restauración del suelo erosionado por incendios en las zonas tropicales de Suramérica y el África central o húmeda es más difícil que en otras latitudes como España o Europa, por lo que las estrategias para afrontarla deben ser distintas, según ha señalado a Europa Press el decano del Colegio de Ingenieros de Montes, Eduardo Rojas.

Rojas, que antes de ser elegido decano ocupó la Subdirección General y ejerció como responsable del Departamento Forestal de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para la Agricultura y la Alimentación (FAO) cree que este organismo, entre otros muchas instituciones internacionales, deberían apostar por compartir sinergias, experiencias y metodologías entre los distintos países para afrontar la mejor forma de extinguir y prevenir incendios.

Con motivo de los incendios que afectan desde hace semanas tanto al Amazonas como a la zona del África Central, las zonas bajas de América y África, Rojas ha precisado a Europa Press que sus suelos son más antiguos y pobres por lo que advierte de que si se erosionan «no se pueden recuperar bien» porque tienen una mayor pérdida de nutrientes y, en todo caso «lograrlo es mucho más difícil y costoso».

Por ello, considera que las estrategias y planes de recuperación del suelo en ambos territorios deben ser diferentes. Hay que diagnosticar lo que ha habido tras los fuegos, si se ha producido un cambio de uso o no en el Amazonas, mientras que en África, se trata más de una cuestión de tenencia y propiedad de la tierra así como de los derechos históricos de los pueblos.

A su juicio, pese a todo, en América del sur se ha «empoderado mejor» a sus poblaciones locales, no así en África y cree que son precisamente los países más pequeños del continente negro los que más trabajan en el ámbito de la restauración forestal. Entre sus propuestas, Briales insta a establecer una gestión comunal con modelos agroforestales que respeten la propiedad de las familias, en el caso de África, mientras que en América del sur se debería controlar mejor los cultivos forestales.

Entre las medidas para evitar los incendios en el Amazonas, plantea la compensación a los propietarios, ya que, ha puesto el ejemplo de que en una finca fuera del Amazonas en Brasil se puede cultivar el cien por cien de su superficie, sin embargo, en la zona de la selva, en esa misma extensión apenas está permitido cultivar el 20%. Por ello, insiste en que para controlar la deforestación deben recuperarse los mecanismos de compensación a esa falta de capacidad de producción.

Compartir conocimiento

Asimismo, apuesta por que la FAO siga adelante con una de las ideas que le faltó por terminar de desarrollar cuando estuvo al frente de la sección forestal de la organización y que pasa por el intercambio de recursos y experiencias. «Lo que funciona en países donde la actuación inmediata en extinción es más fácil, como en California, Francia o España, no sirve para el Amazonas, pero se pueden aprovechar los recursos, conocimientos y sinergias de todos», ha planteado Rojas que insiste en buscar la complementareidad y las lecciones aprendidas entre los distintos operativos de extinción y prevención.

Sobre la situación de los incendios paralelos en ambos continentes, ha comentado que son más extensos en cuanto a superficie en África que en el Amazonas pero la vegetación es diferente, una es sobre todo zonas semiseca, de sabana, con apenas un 20 por ciento de zonas húmedas, en el caso del continente africano y, la otra, América del Sur, es en gran medida de selva tropical con clima subhúmedo.

Aunque los incendios son más habituales en África, el decano de los ingenieros recuerda que el último informe forestal de la FAO, que se publicó hace cuatro años, se señalaba que África tiene una «tasa de deforestación moderada» que ha calificado de «aceptable», pero con un ritmo de degradación progresiva muy rápido, a consecuencia, principalmente del preferido uso de madera para cocinar por parte de la población por cuestiones culturales.