Ratzinger ha vuelto

Hay quien piensa que hablar de Benedicto XVI implica menospreciar al Papa Francisco.

José Francisco Serrano Oceja
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Benedicto XVI ha vuelto. Para ser más precisos quien ha regresado ha sido Joseph Ratzinger. Un hombre que se empeñó durante muchos años, con su trabajo intelectual, en escudriñar la raíz y la razón del cristianismo. Y lo ha hecho con la publicación de un extenso artículo en la revista católica bávara «Klerusblatt» a propósito de los escándalos de pederastia en la Iglesia. Hay quien piensa que hablar de Benedicto XVI implica menospreciar al Papa Francisco. Son los mismos que han recibido este texto como un acto de agresión a la línea del actual pontificado. Aplican, al fin y al cabo, una dialéctica estéril de la que son rehenes.

Llegan a decir, incluso, que con este ensayo del papa emérito se ataca al Concilio Vaticano II, cuando estamos hablando del teólogo más relevante vivo del Vaticano II.

La música del texto suena a epílogo de sus memorias y también de su pontificado. Con la misma libertad con la que tomó en conciencia la decisión de renunciar, ahora nos lanza un aldabonzazo. Sin desdeñar la primera parte dedicada al colapso ético de las sociedades occidentales a partir del Mayo del 68, la segunda parte de este escrito mete el dedo en la llaga de una de las tentaciones actuales de la Iglesia, la pérdida de la pretensión de verdad en el cristianismo. Es cierto que combina distintos tipos de juicios de valor. Pero las preguntas de fondo siguen siendo: ¿Existe Dios? ¿Existió y existe Jesucristo para los cristianos? ¿Jesús está presente en la eucaristía? ¿O acaso, cuando hemos conocido los casos de pederastia, la pregunta espontánea no ha sido si esas personas de verdad creían en Dios y amaban a Jesucristo?

La escritora Flannery O'Connor escribió a los católicos norteamericanos: «Sabréis la verdad, y la verdad os hará raros». No vaya a pasar, como advirtió el teólogo protestante Richard Niebuhr hace ochenta años, que nos encontremos en un futuro con una religión en la que «un Dios sin justicia lleve a unos hombres sin pecado a un Reino sin juicio a través del ministerio de un Cristo sin cruz». Feliz Semana Santa.

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