GUILLERMO NAVARRO
Cerco al fraude en los test psicotécnicos

Un psicólogo, un médico de familia y un oculista: las exigencias por ley en los centros de reconocimiento

Renovar el permiso de conducir se ha convertido en un trámite farragoso, costoso, pero nada complicado: hay centros que lo expiden «a la carta», denuncian en el sector

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En el interior del centro Ajalvir (Avda. Institución Libre de Enseñanza, 158, de Madrid), a menos de dos kilómetros de la Jefatura provincial de Tráfico, dos octogenarios –primera señal– acaban de superar las pruebas para renovar su licencia de conducción. Preguntan en cuánto tiempo lo recibirán en el buzón: 65 días. Abonan los casi 70 euros del trámite concedido a estos centros autorizados (incluye los más de 40 euros al centro y 22,4 euros de tasas de tráfico). No se admite el pago con tarjeta.

La misma joven de origen venezolano que recibe a los clientes, tramita el certificado y las pruebas en menos de 10 minutos. No exhibe galones ni títulos médicos. Según dice Bonifacio Martín, de Asecemp, serían necesarios un mínimo de 15 minutos para superar las pruebas. El requisito básico por ley, tres personas, no se cumple en Ajalvir, uno de los múltiples «centros clandestinos» que hay en España. Y es que para las pruebas de capacidad visual, audición y las de manejo del volante que ponen a prueba el sistema locomotor del conductor se precisan «un psicólogo, un médico y un oftalmólogo», dicta la normativa. Aquí, la joven tapa con medio folio cada ojo de los conductores y les da el «apto» a medida que leen las filas de letras. Si oyes el pitido, bien. «¿Llevas gafas?», pregunta. «Sí, pero no las he traído». «Bien, no pasa nada». En España está permitido conducir con poca visión, pero más de la mitad de los accidentes en los que se ven implicados conductores mayores se relacionan con la visión defectuosa.

«¿Llevas gafas? / Sí, pero no las he traído / Bien, no pasa nada»

En una segunda sala, cuando en las pruebas con dos palancas se excede del 20% de errores permitidos, abre la mano: «Otros dan el doble de salidas de carril que has dado tú». En el barrio de San Blas se ha corrido la voz y, como afirma Martín, los conductores con problemas buscan «centros a la carta» para obtener la aptitud. A un kilómetro de este local a todas luces irregular, en la calle Arturo Soria, 144, el Medilog lleva décadas operativo. El doctor Iván Calvo heredó de su padre el negocio y comparte citas con el doctor Salas y la psicóloga, la doctora Gato. «Ya pasamos suficientes controles –afirma–. La gente sabe qué centro hace bien las cosas y cuáles no».