«El problema de Zapatero es que no sabe quién es»
Foto: ERNESTO AGUDO

«El problema de Zapatero es que no sabe quién es»

Ignacio Cerezo, programador neurolingüístico y entrenador de comunicación

VIRGINIA RÓDENAS
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Políticos, directivos, policías o empresarios aprenden con Cerezo a expresarse como qieren exactamente que se les entienda. Y, créanme, es todo un arte.

-¿La primera regla de la comunicación? -Tener convicción personal.

-Jamás debes... -Impostar. El artificio es demoledor.

-Ponga un ejemplo de buen comunicador, para que nos hagamos una idea. -Antonio Basagoiti, presidente del PP vasco; le venía oyendo por la radio y me parece muy bueno, igual que Pere Navarro, el director general de Tráfico. Ambos son, de alguna manera, políticamente incorrectos y, sin embargo, llegan a la gente mejor que la mayoría de los políticos. -«Yo mismo tampoco volaría con Air Comet», dijo el presidente de la CEOE de su propia compañía en quiebra. ¿Le hace falta entrenamiento intensivo? -Me parece un caso paradójico, porque seguramente es la primera vez que Díaz-Ferrán ha comunicado como Dios manda, es decir, su respuesta es honesta e incluso sincera. El problema es que sus comunicantes no lo entienden así y surge la discrepancia. -Entonces, ¿hay que hablar con el corazón o con la cabeza? -Con el corazón, y la cabeza para ordenar el mensaje.

-¿Un truco que nos mejore? -Mirarse al espejo y encontrar tu gesto natural. Si además nos entrenamos con un profesional, fantástico.

-¿Cuantas más cosas digamos, mejor? -No, cuanto mejor se digan, y si son pocas, mejor todavía. -Crecen los que no creen a Zapatero. ¿Problema de expresión? -No se deja llevar por sus convicciones. El problema está en que él mismo no sabe quién es.

-¿Culpa de sus asesores? -Habría muchos culpables, pero sobre todo señalaría al sistema educativo. La mayor parte de los licenciados en España no han hecho una sola exposición en público en toda su trayectoria educativa, frente a los norteamericanos, que han tenido que exponerse desde niños a multitud de situaciones de comunicación con los demás, desde el «show and tell» en primaria a debates y defensas orales de argumentos y conocimientos en el instituto y la universidad. Para ellos comunicar es de lo más natural.

-¿Eso les hace ser los mejores? -Sin duda. No creo que sean mejores que nosotros en muchísimos campos, pero se saben vender mejor. Nosotros tenemos muchos tesoros ocultos que no hemos sabido contar.

-¿Cuándo se te ve el plumero? -Cuando somos incongruentes, sobre todo entre lo que dices con la palabra y lo que tu cuerpo expresa. La incongruencia es engaño en comunicación, y a nadie le gusta que le tomen el pelo.

-¿A mentir perfectamente también se aprende? -Claro, desde pequeños. Al ser humano le sale mejor hacer las cosas mal en vez de bien, pero la satisfacción que provocan las últimas, con resultados espectaculares, no la tienen las primeras. Yo, por principio, me niego a enseñar a mentir. Otra cosa es la comunicación seductora, cuya frontera con la manipulación es delgadísima. Pero seducir es un acto de generosidad porque significa crear condiciones maravillosas de comunicación con las que todos disfrutan, y manipular es un acto de egoísmo: yo-mi-me-conmigo.

-Quintiliano de Calahorra, por ejemplo, ya dijo en la antigua Roma cómo y de qué manera debe hablar el gran comunicador. ¿En su negocio está todo inventado? -Seguramente. La clave es asimilarlo y hacerlo con el alma limpia. Estamos muy viciados, y eso sólo se cura entrenándose. La gente aún no es consciente de la importancia de la comunicación y de la catástrofe que puede ser hacerlo mal. La comunicación es un arma mágica de poder infinito y, se quiera o no, se comunica siempre: ¡no se puede no comunicar!