José Mantero. Jaime García

Las principales religiones del mundo no consideran pecado la homosexualidad

El caso de José Mantero, sacerdote gay suspendido de sus funciones ministeriales por incumplir la norma del celibato, ha sido utilizado desde algunos estamentos para acusar a la Iglesia de estar contra los homosexuales «per se». Sin embargo, tanto la doctrina de la Iglesia Católica como la de los principales credos de la Tierra sólo condenan la práctica activa de la homosexualidad, incapaz de transmitir la vida.

MADRID. Jesús Bastante
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La existencia de homosexuales en el seno de la Iglesia Católica no supone una novedad. A lo largo de la historia, muchos han sido los casos de cristianos homosexuales, dentro y fuera del clero. El mismo prefecto de la Congregación del Clero, Darío Castrillón, reconoció durante su última visita a nuestro país que «en todas las profesiones del mundo hay homosexuales», y lo hizo con toda naturalidad, si bien recordó que la actividad homosexual comporta un desorden, puesto que «no es capaz de transmitir la vida».

POSTURA DE LA IGLESIA

Del mismo modo, la Santa Sede -en una carta de atención pastoral para homosexuales- ha puesto especial hincapié en rechazar «el que se considere a la persona puramente como un heterosexual o un homosexual», subrayando que «todos tienen la misma identidad fundamental: el ser criatura y, por gracia, hijo de Dios, heredero de la vida eterna». Por ello, conviene aclarar que el debate abierto tras el «caso Mantero» no se debería plantear en la aceptación o no de la condición homosexual, sino en el libre cumplimiento de las promesas de una confesión religiosa, en este caso la Católica. Como señaló el obispo de Huelva, Ignacio Noguer, el motivo de la misma había sido el «mantener, con publicidad y propaganda, la ruptura de su compromiso celibatario», no la confesión pública de su homosexualidad.

A lo largo de los siglos, las distintas religiones han adoptado diversas actitudes respecto a la homosexualidad, desde su absoluto rechazo a la aceptación de sacerdotes gays o el matrimonio entre personas del mismo sexo. Es importante recordar que las principales confesiones religiosas no condenan la homosexualidad -que se ve como «una dura prueba»- sino su práctica activa.

El Islam, por su parte, reconoce que «la sexualidad se considera parte de nuestra identidad como seres humanos», orientada hacia la «reproducción y supervivencia de la raza humana». En cuanto a la homosexualidad, el Corán espera de sus fieles «autocontrol», para «no actuar según sus deseos cuando éstos están en contradicción con las normas del Islam. La homosexualidad, como otras formas de relaciones heterosexuales fuera del matrimonio, es ilícita», y puede ser castigada de forma severa.

La religión judía es bastante más estricta respecto a esta práctica, basándose en algunos textos bíblicos (sobre todo el Levítico y el Génesis) donde se condena estos actos. En concreto, el «Código de Santidad» señala en uno de sus pasajes que «no te acostarás con un hombre como se hace con una mujer; es una acción infame». Maimónides, en el siglo XII, condena «el incesto, el adulterio, la homosexualidad y el bestialismo».

CARTAS DE SAN PABLO

El Nuevo Testamento -propio de las confesiones cristianas- también recoge sendas condenas al comportamiento homosexual, en las cartas de San Pablo a Romanos y Corintios. Estas lecturas son, sin embargo, criticadas por grupos de gays y lesbianas cristianos, al considerar que los relatos bíblicos no se pueden leer al pie de la letra. Finalmente, el budismo admite que, «en principio, ninguna actividad sexual es mala siempre que no cause sufrimiento». Por eso Buda, al hablar de la doctrina sexual incorrecta, sólo hizo referencia al adulterio, y a la tentación de los monjes y monjas, a los que se aparta del camino que han pretendido escoger.