P. Sánchez / ABC

Los primeros parques de España cumplen un siglo

El Parque nacional de Picos de Europa y los Pirineos llevan 100 años recorriendo junto a España las convulsas etapas de su memoria

MadridActualizado:

Picos de Europa y Ordesa, los dos primeros de los quince Parques Nacionales que hay en el país, han celebrado este verano su primer centenario de vida. Ambos han recorrido junto a España las convulsas etapas de su memoria. Y en todas ellas la esencia de estos enclaves ha logrado permanecer intacta. El origen proviene de la dinastía de Alfonso XIII. El 22 de julio de 1916, el monarca estableció la ley que inició la regulación de los espacios protegidos y España se convirtió en el segundo país del mundo que definió sus Parques Nacionales. En 1918, las montañas de Covadonga fueran las primeras del país en ser blindadas. Poco después el Parque de Ordesa y Monte Perdido se incluyó en la lista. ABC traza de la mano de sus directores la transformación de ambos lugares, que han visto fluir la economía y los negocios locales a medida que crecían los visitantes.

Las montañas de Covadonga, el origen de la reconquista

Parque Nacional de Picos de Europa
Parque Nacional de Picos de Europa - ABC

Perderse en los lagos de Covadonga, hacer un homenaje al trabajo de los mineros en las minas de Buferrera, deleitarse probando el queso de Cabrales, admirar la dulzura que transmite un paisaje al atardecer en el Mirador de la Reina o pasear por el río Cares manteniendo un contacto directo con la naturaleza. Estas son algunas de las actividades que convierten al Parque Nacional de los Picos de Europa en la mejor alternativa para quien quiera huir de la ciudad y rendirse a los pies de montañas que levantan centurias de historia.

Desde su «nombramiento» como Parque Nacional, han sido cien años en los que las montañas de Covadonga han regalado momentos inolvidables a todo aquel que tuvo la oportunidad de enmudecer ante sus paisajes o vivir un atardecer entre sus montañas, en las que conviven multitud de animales y vegetales que hacen de esos rincones todo un homenaje a la biodiversidad.

Pero aquello que lo hace especial no se reduce a lo que se puede observar a simple vista, sino a las punzadas de historia que aguarda. Es ese lugar en el que se escribió el inicio de uno de los acontecimientos más importantes del país: el primer monarca del reino de Asturias, Don Pelayo, inició el proceso de reconquista que culminaría con la derrota de las tropas de Al-Ándalus en el año 722.

«Es necesario promover la conciencia social para mantener el parque»

Hasta nuestros días han sido muchas las pisadas que han recorrido esa gran superfice. En 1995 se unificaron los tres macizos de las comunidades autónomas de Castilla y León, Cantabria y Asturias, surgiendo así su nombre actual. Al preguntarle por qué fueron las montañas de Covadonga las elegidas, el director del recinto, Rodrigo Suárez señaló que «don Pedro Pinal, marqués de Villaviciosa, tenía una gran unión con este lugar y destinó dos años de su vida política a luchar porque estas montañas fueran las primeras». Respecto a los cambios más significativos a lo largo de estos años aseguró que «tenían unos objetivos que no solo han cumplido, sino que también han mejorado».

Un pastor pasea su ganado
Un pastor pasea su ganado - ABC

Para Suárez lo más importante es «cuidar todas las especies que viven allí», ya que tienen más de 1750 catalogadas. «Lo más importante es la despoblación, evitar que las personas se vayan de la que siempre fue su casa». Los habitantes en los macizos juegan un papel fundamental en el desarrollo del Parque Nacional. Daniel García es un ciudadano que ha vivido once años en Cabrales (Asturias). «Es un lugar mágico y los paisajes son impactantes. Aunque también hay partes negativas, como los lobos, que perjudican a la ganadería. Se comen nuestras ovejas y eso dificulta el trabajo de los ganaderos –sentenció García– Requerimos más atención por parte de la administración».

«Lo bueno para nosotros, los que vivíamos antes de que esta zona se declarara zona protegida –indica García–, han sido los puestos de trabajo que se han generado». Y es que también es necesario velar por quien se encarga de cuidar cada espacio que conforma el parque. Un vecino de la zona, que prefiere permanecer en el anonimato, lleva más de veinte años prestando su servicio al parque, ha pasado de ser guarda a guía. Le gusta «la conservación, proteger el parque de todo aquel que no cumpla la ley, la cultura y la tradición». Reclama que le gustaría recuperar la unión que había entre los tres parques anteriormente.

Los Pirineos, «el fondo del mar que subió a las cumbres»

P. Sánchez / ABC
P. Sánchez / ABC

Realizar la ruta de la cascada de la Cola de Caballo, pasear por las callejuelas del municipio de Torla (Huesca), observar su iglesia parroquial del siglo XVI, o adentrarse en el Valle de Broto con la cascada de Sorrosal conseguirán cortar su respiración.

La belleza de la comarca de Sobrarbe es única y no se podría entender sin el pueblo-mirador de Buesa; las vistas al río Ara desde el mirador de Jánovas; Boltaña, con la piscina natural de Gorga; el esplendor de Aínsa, con su embalse de Mediano, la elegancia de su casco histórico, o la perfección del Cañon del Añisclo. Todo esto, unido a su riqueza de fauna y flora, hizo que fuese declarado en 1997 Patrimonio Mundial de la Unesco.

El pasado 16 de agosto se cumplieron 100 años desde que Alfonso XIII declararó por Real Decreto el Parque Nacional del Valle de Ordesa y del río Ara en el municipio de Torla. Así, se cumplía con el anhelo de los amantes de los Pirineos. En la actualidad, está formado por cinco unidades de relieve: alta montaña, con el sector de Monte Perdido, y valle, con Ordesa, Añisclo, Escuaín, y Pineta. El director del Parque Nacional, Manuel Montes Sánchez, lo define como «el fondo del mar que subió a las cumbres». Aunque si hay algo que le gusta por encima de todo es la geomorfología del parque. «La gente se fija más en ver –indica Montes– un quebrantahuesos, plantas o bosques de hayas. Estos elementos bióticos se dan en otros sitios, lo que pasa es que la geomorfología de aquí es única».

En estos años, dice el director del parque, hay que lamentar la desaparición de la cabra pireinaica

En el parque están catalogadas 151 especies: 5 anfibios, 8 reptiles, 106 aves y 32 mamíferos. Cabe destacar algunas propiamente pirenaicas como la forma enana del emiño, la lagartija autóctona de montaña, o el famoso quebrantahuesos. La nota negativa fue la desaparición de la cabra pirenaica o bucardo en el año 2000. Para el jefe de uso público del parque, Luis Marquina, «la desaparición del bucardo supuso un punto y final. Era algo que se sabía que iba a pasar, pero me da la sensación de no haber sabido transmitir a la gente el esfuerzo de todo el personal del parque en salvarlo».

Senderismo en Ordesa
Senderismo en Ordesa - Fabián Simón

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido congrega una media de 600.000 turistas al año. Una de las personas que ha ayudado de forma activa a la preservación del centro es Julio Vieco que, tras 38 años, sigue trabajando como jubilado parcial. Con melancolía recuerda que por Torla han pasado ministros, políticos, y secretarios de Estado, pero la persona que más le ha marcado, dice, fue el cardenal Rouco Varela. «Estuve dos días paseando con él. Me sorprendieron sus conocimientos sobre vegetación».

La ampliación en 1982 de los límites del Parque Nacional de Ordesa, con la incorporación de el Cañón de Añisclo, la Garganta de Escuaín, la cabecera del valle de Pineta y el macizo de Monte Perdido impulsaron a la comarca de Sobrarbe a recibir reconocimientos de prestigio internacional. En 1977 fue nombrado Reserva de la Biosfera, en 1988 Zona de Especial Protección para las Aves, y posteriormente, en 1988, 1993 y 1998, recibió el diploma del Consejo de Europa a la Conservación. Su director tiene planes de futuro: «Esperamos conseguir la Lista Verde de Áreas Protegidas y Conservadas de la UICN, y la Carta Europea de Turismo Sostenible», afirma Montes.