Un premio «pata negra»

La suerte quiso detenerse este fin de semana en la localidad salmantina de Guijuelo, donde 29 trabajadores de una fábrica de embutidos se repartieron los 41 millones de euros de la lotería

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La suerte quiso detenerse este fin de semana en la localidad salmantina de Guijuelo, donde 29 trabajadores de una fábrica de embutidos se repartieron los 41 millones de euros de la lotería «Euromillón». El nuevo boleto de la lotería ha cambiado en unas horas la vida de estos empleados, muchos de los cuales no han asumido aún que son los ganadores cada uno de 1,4 millones (235 millones de pesetas), excepto una chica que se embolsará el doble, por haber doblado la apuesta.

Algunos de los agraciados llevan más de dos y tres décadas de trabajo en el sector chacinero y otros sólo unos meses, pero la fortuna y el azar han querido que su vida cambie y cómo lo hará a partir de ahora será una incógnita a la que sólo el futuro dará la respuesta.

Por el momento, todos acudieron ayer a su puesto de trabajo y desempeñaron, casi con normalidad, sus responsabilidades «para no dejar colgado al jefe, hasta que encuentre sustitutos», comentaron. El ambiente no era el mismo que el pasado viernes cuando abandonaron las instalaciones. Ayer brindaron con buen champagne y jamón de ibérico y las sonrisas y el nerviosismo era patentes en los agraciados, aunque no así en el resto de compañeros que no entraron en el juego.

Eran millonarios desde la noche del viernes, pero no lo supieron hasta el domingo por la tarde, cuando uno de los afortunados, Manuel Gómez, «ya un poco mosqueado porque sabíamos que había tocado en Guijuelo, pero nadie decía nada, ni quién era el ganador», fue hasta la fábrica para buscar en la oficina el boleto y comprobar los resultados. «Iba mirando los números y no los veía, los tuve que comprobar varias veces porque no me lo creía», señaló Gómez.

El premio no sólo se ha quedado en Guijuelo, ya que los empleados proceden de municipios cercanos como Valdefuentes, Béjar, Alba de Tormes, Cristóbal, Fuenterroble o la capital. Los más jóvenes aseguran que se trata «de una inyección para todo, no sé que voy a hacer, pero el piso y todo, adiós letras», comentaba uno de los empleados de Guijuelo. Emiliano Domínguez señalaba por su parte que «parece mentira, todavía creo que es imposible, tanto dinero, no sabes ni qué pensar».

La apuesta tiene su origen en una porra realizada entre los 29 trabajadores con motivo del partido que enfrentó al Barcelona y al Madrid, y de la que no hubo ganador. Dos euros que apostaron por persona, excepto la doble agraciada que se jugó cuatro, y que como no había acertantes, el gerente decidió invertirlos en apuestas del Euromillón, una lotería a la que no habían jugado nunca y que les trajo la suerte.

ROCÍO BLÁZQUEZ

BENITO

Los afortunados acudieron ayer a su trabajo «para no dejar colgado al jefe»