Luke Altheide fuma un cigarrillo electrónico junto a otros jóvenes en Iowa
Luke Altheide fuma un cigarrillo electrónico junto a otros jóvenes en Iowa - REUTERS

La popularidad del vapeo crece. Los estudios que alertan de sus riesgos también

Una nueva investigación demuestra que el cigarillo electrónico daña el sistema inmune y se suma a la lista cada vez más numerosa de efectos secundarios

MADRIDActualizado:

Les llaman «vapers» o «vapeadores». Se les reconoce detrás de una nube de humo blanco, el que exhalan cada vez que dan una calada a un cigarrillo electrónico. Los usuarios de estos dispositivos forman parte de un ejército de convencidos cada vez más numeroso. Mientras la Organización Mundial de la Salud (OMS) celebra el descenso tímido pero paulatino de fumadores tradicionales en el mundo, la industria del cigarrillo electrónico y del tabaco sin combustión crece con rapidez por todo el globo. Y lo hace rodeada de glamour, con dispositivos de diseño y atractivos por su sabor a cereza, chocolate, manzana o incluso marihuana.

Los «vapeadores» han pasado de ser siete millones en 2011 a 25 millones en 2016 y el negocio seguirá creciendo. Euromonitor Internacional, un grupo de investigación de mercados, estima que en tres años habrá casi 55 millones de consumidores.

Los fabricantes de cigarrillos electrónicos o «e-cig» tienen en Estados Unidos, Japón y el Reino Unido. Pero en el top 10 de consumidores figuran varios países europeos como Suecia, Italia, Noruega y Alemania. España no está en el grupo de cabeza, pero cada vez cuenta con más seguidores - unos 400.000, según Anesvap, la Asociación Española de Vaporizadores Personales-, bien por moda o porque se ve como la alternativa menos mala al tabaco.

Principio de reducción de riesgos

La consultora «Ernst&Young» lanzó una encuesta internacional en la que preguntaba a los usuarios del «e-cig» por qué lo utilizaban. La respuesta fue sencilla: «Es menos dañino que el tabaco tradicional y ayuda a dejar de fumar». Casi el 50 por ciento dijo utilizar este dispositivo para intentar desengancharse del tabaco.

Este principio de reducción de daños es el argumento que los fabricantes -la mayoría tabacaleras que han reorientado su negocio- esgrimen en la promoción de los dispositivos electrónicos.

Ya no quieren debatir si el cigarrillo electrónico es inocuo, sino si es menos dañino que el tabaco convencional y si puede ser una herramienta más en la lucha contra el tabaco.

Mejor dejar de fumar

A los médicos que encabezan la lucha contra el tabaquismo, estos argumentos les parecen un arma peligrosa. «Es cierto que al no haber combustión, a priori puede parecer un producto menos peligroso, pero aún no conocemos qué consecuencias a largo plazo pueden tener los vapores que desprenden estos dispositivos, tengan o no nicotina. Se está planteando una reducción de riesgo cuando lo que tenemos que plantear es dejar de fumar, buscar el riesgo cero», explica a ABC, Francisco Rodríguez Lozano, presidente de la Red Europea de Prevención del Tabaquismo.

Juul, el cigarrillo con forma de memoria USB

El hermano pequeño de esta organización europea, el Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo español, reconoce que estos productos pueden ser menos dañinos que el tabaco. «No vamos a negar que el cigarrillo electrónico es menos tóxico que el tabaco, pero este producto no está dirigido solo para fumadores. En el punto de mira están los más jóvenes», puntualiza su presidenta Regina Dalmau. Al comité español le preocupa que el «vapeo» se convierta en la puerta de entrada al tabaco de niños. «En Estados Unidos se ha puesto de moda ahora el Juul, un cigarrillo electrónico que se camufla porque parece un pen drive y los chicos dan caladas en las clases sin que se dé cuenta el profesor», cuenta Dalmau.

A los expertos en la lucha contra el tabaco también les preocupa que se normalice el vapeo, como un hábito social. «Nos ha costado mucho sacar el tabaco de nuestros espacios públicos y yo empiezo a ver a menores en las puertas de los colegios vapeando. Da igual que tenga nicotina o no, el objetivo de la industria del tabaco es renovar su cantera de consumidores con alternativas que tienen un toque de glamour», dice la presidenta del Comité Español de Prevención del Tabaquismo.

El debate va mucho más allá de crear nuevos adictos. Los vapores que generan estos dispositivos pueden ser en sí mismo dañinos, tal y como están demostrando estudios independientes. El último se publica en la revista «Thorax» y demuestra que vapear puede dañar las células del sistema inmune, aumentar la inflamación de los pulmones. y, en definitiva, ser más peligroso de lo que se intuía.

Pulmones inflamados

Otros estudios se habían centrado solo en la composición química de los cartuchos líquidos de los e-cigarrillos, la sustancia que después se convierte en vapor. En esta nueva investigación se ha simulado la reacción que sufren los pulmones, imitando en el laboratorio el vapeo con muestras de tejido pulmonar de personas no fumadoras. Con esas pruebas de tejido vivo vieron cómo el vapor causaba inflamación y alteraba la actividad de los macrófagos alveolares, las células que eliminan de los pulmones las partículas de polvo, bacterias y alergenos potencialmente dañinos.

Según los investigadores, algunos de los efectos vistos eran similares a los observados en fumadores habituales y en personas con EPOC, una enfermedad crónica de los pulmones muy grave. Aunque son resultados extraídos solo en condiciones de laboratorio, el estudio advierte del impacto que puede tener a largo plazo sobre la salud. Las alteraciones se vieron solo tras vapear durante 48 horas. «Si se vaporiza durante 20 o 30 años podría desencadenar una EPOC, eso es algo que debemos saber», apunta David Thickett, de la Universidad de Birmingham (Reino Unido), autor del estudio.