«Hay que poner límites a los adolescentes para que no se conviertan en adictos a internet»
Entrada del Policlínico Gemelli en Roma, donde trabaja el doctor Federico Tonioni - á. g. fuentes

«Hay que poner límites a los adolescentes para que no se conviertan en adictos a internet»

El psiquiatra Federico Tonioni dirige el primer centro de Italia que trata la dependencia patológica de la Red. La recuperación del paciente pasa por «reactivar el contacto con otras personas y compartir experiencias»

corresponsal en roma Actualizado:

«La adicción a internet es un problema cada vez más frecuente, sobre todo en los jóvenes. Puede llegar a constituir una patología que hay que incluir en el campo de las dependencias del comportamiento». Con esa contundencia se expresa el psiquiatra Federico Tonioni, especialista en toxicomanía y disturbios del comportamiento en la adolescencia, que dirige el primer ambulatorio en Italia que trata la dependencia patológica de internet, dependiente del hospital público Policlínico Gemelli. El doctor Tonioni, de 42 años, considera que, en efecto, internet se puede convertir en una droga, «una enfermedad caracterizada por un uso distorsionado y excesivo del ordenador y de internet».

La necesidad de transcurrir un tiempo siempre mayor en la Red, un considerable descenso del interés hacia otras actividades que no impliquen el uso de internet, el desarrollo de ansia, de depresión y de pensamientos obsesivos sobre lo que sucede online son los principales síntomas de una posible adicción a internet. La recuperación depende, según el doctor, de cada caso, ya que algunos pacientes «esconden problemas más profundos».

Tonioni es asaltado diariamente por llamadas de padres que se descubren incapaces de comprender los problemas que internet puede estar causando a sus hijos. Precisamente para ayudar a esos padres desesperados, acaba de publicar el libro «Cuando internet se convierte en una droga. Lo que los padres deben saber». Con él trabajan en el citado ambulatorio, a cuyas puertas han llamado en los pocos meses que lleva en funcionamiento más de 200 pacientes de Roma, otros tres médicos y cuatro psicólogos.

«Me sentía un fantasma»

El protocolo de intervención que siguen en el centro «se estructura en tres pasos», indica Tonioni. Primeramente, se organiza un «coloquio inicial para confirmar o descartar la dependencia» a Internet del paciente. Una vez ratificado el diagnóstico, se mantienen «encuentros sucesivos para individuar la psicopatología y ofrecer una apropiada terapia farmacológica». La recuperación se consigue «progresivamente» al incluir a los pacientes en «grupos de rehabilitación» para «reactivar el contacto con otras personas y compartir experiencias» con otros afectados por esta patología.

«Pasaba noches de insomnio delante del ordenador, chateando sin descanso con chicas encontradas en la web. Al día siguiente en el trabajo me sentía prácticamente un fantasma», relata Massimo, un ingeniero de 38 años que ha acudido al centro para recibir tratamiento. Sabrina, otra paciente del ambulatorio de tan solo 15 años, emplea cinco, seis, y hasta siete horas en internet y enviando sms a sus amigas mediante un uso compulsivo del teléfono móvil. Sus historias son similares a las de otros muchos, adolescentes o adultos, que sufren ansia e incluso depresión, porque son víctimas de una dependencia patológica de internet. Pero Tonioni cree que, además de los casos tratados, hay otros muchos padres que no piden ayuda porque están desorientados y no saben cómo actuar.

«He escuchado decir a la madre de una joven que estaba dispuesta a romper el ordenador de su hija con tal de volver a poder ver una película en familia, y he conocido a un padre que ha regalado a su hijo adolescente una moto a cambio de su promesa, obviamente no mantenida, de disminuir el tiempo que pasa en internet», explica el doctor, que añade que la mayoría de los pacientes del centro tienen «edades comprendidas entre los 16 y los 19 años».

Poner límites

La clave para Tonioni es que «el adolescente tiende a superar todo límite», pero «las horas de Internet tienen que ser limitadas». «Cada padre debe saber encontrar en la relación con su hijo dónde está ese límite». Sin embargo, hay que saber cómo restringir ese uso de la Red: no vale, por ejemplo, desconectarles el ordenador o escondérselo temporalmente. «He visto casos de jóvenes con reacciones muy agresivas contra los padres y contra ellos mismos, con gestos autopunitivos, cuando se les quita el ordenador», dice.

Tampoco se debe controlar el uso que los hijos hacen de internet a sus espaldas, sin que ellos se den cuenta. «A menudo cuanto más se controla a una persona menos la conoces, porque te confunde, y la distancia entre los padres y el hijo paradójicamente aumenta». El doctor explica que cuando los jóvenes chatean, juegan o navegan sin un fin preciso, terminan por «caer en un estado que recuerda mucho al de soñar con los ojos abiertos». Y muchos «lo hacen durante horas, todos los días, incluso de noche», asegura.