El escritor Mario Vargas Lllos, junto a Isabel Preysler, este lunes a su llegada al hotel Villa Magna de Madrid
El escritor Mario Vargas Lllos, junto a Isabel Preysler, este lunes a su llegada al hotel Villa Magna de Madrid - G3Online

Plenitud a los 80 años

El nobel Vargas Llosa y el empresario Amancio Ortega superaron ayer la octava década de la vida. Dos buenos ejemplos de cómo cumplir años en plenas facultades

MADRID Actualizado: Guardar
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Mario Vargas Llosa y Amancio Ortega cumplieron este lunes 80 años. Entraron en la «cuarta edad de la vida», una expresión con la que los geriatras definen la última fase de la vida o el llamado umbral del cambio, cuando se acumulan enfermedades crónicas y se producen cambios físicos y emocionales. Pero esta definición empieza a quedarse obsoleta. Con una esperanza de vida media que supera los 83 años en España y un número creciente de centenarios, llegar a los 80 no es siempre sinónimo de decrepitud y falta de lucidez. El nobel de Literatura peruano y el creador del imperio Inditex son dos buenos ejemplos de cómo se puede alcanzar esta etapa de la vida en plena actividad creativa, con nuevos proyectos y en buen estado de salud.

Ambos han llevado trayectorias profesionales y vitales diferentes. Sin embargo, tienen más en común de lo que puede parecer: Comparten fecha de cumpleaños, éxito profesional, se mantienen activos, han llevado una vida sin excesos y probablemente han sido afortunados con genes longevos. Ayer, el propio Vargas Llosa atribuía su buen estado a haber llevado «una vida modesta, tranquila y sin muchos excesos», contaba a Carlos Herrera en una entrevista en la cadena Cope. Lo mismo podríamos repetir de Amancio Ortega, por lo que trasciende de su día a día.

Evitar la soledad

Aunque si este fuera el único secreto de envejecimiento saludable, probablemente las residencias geriátricas estarían vacías. ¿De qué depende realmente? ¿solo de nuestros genes? La genética importa, aunque no tanto como solemeos pensar. «La genética explica el 30 por ciento de los factores relacionados con el envejecimiento, el resto tienen que ver con nuestro estilo de vida y otros factores modificables. Y ahí entra la actividad física e intelectual que hagamos, la alimentación, nuestro estado de ánimo...», recuerda José Antonio López Trigo, presidente de la Sociedad Española de Geriatría.

Cumplidos los 80, acechan el declive cognitivo, la diabetes, el cáncer, los problemas cardiovasculares y articulares... «Aunque si yo tuviera que apostar por cuál es el talón de Aquiles de las personas mayores ese es, sin duda, la soledad. Aunque no sea un síntoma físico es el mayor problema de salud. La soledad te deprime, el cerebro rinde menos, hace que te muevas menos, te aíslas emocionalmente... Produce un deterioro físico y mental. Yo lo veo en mi consulta a diario. En mi opinión, el verdadero secreto es ser optimista y vital», asegura el presidente de los geriatras.

Y para conseguirlo a veces basta con tener una relación sentimental. López Trigo ha visto cómo florecen hombres y mujeres que se enamoran. «A veces ocurre en las residencias. Se conocen y deciden emprender una nueva vida en pareja. Esto es una inyección de hormonas fantástica que siempre sienta muy bien».

Vargas Llosa decía de su relación con Isabel Preysler en una entrevista en XL Semanal que «tener una ilusión tan grande como esta es una inyección de vida absolutamente maravillosa (...) Puedo enfrentarme a mis 80 años sin temor», aseguraba.

Los sentimientos y las relaciones afectivas son importantes en todas las etapas de la vida, pero aún más cuando nos hacemos mayores. «Especialmente en los hombres», asegura Jesús de la Gándara, jefe del Servicio de Psiquiatría del Complejo Asistencial de Burgos. «Mis padres se separaron con 65 años y lo primero que les aconsejé fue que se buscaran un novio». De la Gándara tiene una consulta todos lunes con mayores de 75 años que acuden a él por sentirse deprimidos y deterioro cognitivo leve. «Las mujeres apartir de esta edad están más lúcidas que los hombres. Los hombres envejecemos más y peor, aunque no sea el caso de Ortega ni de Vargas Llosa. En general, los señores a partir de esa edad necesitan más apoyo emocional. Si yo pudiera pedir un milagro, ¡pediría ser mujer en esa etapa de la vida¡», bromea.

A quienes acuden a su consulta, De la Gándara también les aconseja moverse. «Les digo que muevan las piernas, la lengua y el cerebro. Es una forma de explicarles que deben hacer ejercicio físico-cualquier actividad vale- que es bueno también para tener agilidad mental, que socialicen y hablen con gente y lean para ejercitar el cerebro. Yo recomiendo que se compren ebooks porque pueden poner la letra más grande y no les da pereza leer. También que manden whatasapps para socializar..., cualquier cosa antes que quedarse frente al televisor haciendo zapping».

Si los 50 años de ahora son los 40 de hace veinte años. Aún no se puede decir algo similar de los octogenarios, opina este psiquiatra. «Hay un abismo entre las personas que se han cuidado física y mentalmente y los que están adocenados», dice este psiquiatra. Coincide el presidente de los geriatras: «Hay personas de 80 que parece que tienen 65, y de 60 que parecen de 90. Amancio Ortega y Vargas Llosa son dos grandes ejemplos en los que deben mirarse los demás. Es algo así como el “Yes we can” que protagonizó la campaña de Obama. Si ellos pueden, nosotros también».