Invernadero de flores en el Maresme, en la provincia de Barcelona
Invernadero de flores en el Maresme, en la provincia de Barcelona - ABC

Pesticidas y tráfico, la tormenta perfecta que favorece el ELA

Un estudio en Barcelona muestra que vivir cerca de zonas agrícolas donde hay también densidad de tráfico eleva el riesgo de tener una enfermedad neurodegenerativa

MADRIDActualizado:

Poco se sabe del ELA, una enfermedad perversa que paraliza progresivamente todos los músculos mientras permite a sus víctimas conservar intacto el intelecto. Aún no hay tratamiento, capaz de detenerla y ni siquiera se tienen muchas pistas de por qué se origina. Solo hipótesis y teorías para intentar explicarla. Por ejemplo, se asume que debe existir una predisposición genética y la exposición a algún tóxico ambiental. El culpable o culpables ambientales aún están sin identificar aunque sí existen sospechosos, entre ellos, el diésel o el mercurio de algunos alimentos.

Ahora una nueva investigación arroja nueva luz a este enigma médico. Un trabajo epidemiológico muestra que las posibilidades de padecer esta enfermedad degenerativa aumentan cuando nos exponemos, al mismo tiempo, a los pesticidas utilizados en la agricultura y al humo del tráfico rodado.

El estudio, realizado en Cataluña, partió de los datos de la unidad de ELA del Hospital de Bellvitge donde se documentaron 336 casos. Encontraron un patrón geográfico de la enfermedad que coincidía con dos puntos negros de la provincia de Barcelona: el Vallés Oriental y la zona del Maresme. En esta zona coinciden numerosas explotaciones agrarias e invernaderos con cultivos de flores, donde se utilizan productos fitosanitarios para controlar las plagas y además se concentra una alta intensidad de tráfico.

No hay causa-efecto

«Nuestra hipótesis indica que no basta con exponerse a los químicos de los fitosanitarios, sino que es necesario vivir cerca de una vía de tráfico para tener un riesgo elevado», señala Marc Saez, investigador del CIBER de Epidemiología y Salud y uno de los autores de este estudio publicado en la revista «Neuroepidemiology».

El trabajo epidemiológico se ha centrado en Cataluña. No se han buscado otros «puntos negros» donde podrían coincidir los dos tipos de contaminación «pero sin duda los habrá», apunta Saez, catedrático de Estadística de la Universidad de Gerona.

La relación hallada es una hipótesis de partida en la que aún no se puede demostrar que existe una relación causa-efecto. «De momento, no hay razón para la alarma, advierte el investigador del CIBER.

La próxima misión de estos investigadores es averiguar si hay fitosanitarios agrícolas más peligrosos que otros o si la dosis eleva también el riesgo.

Contaminación y TDAH

La investigación de la Universidad de Gerona no es la primera que pone bajo sospecha los plaguicidas. Existe una creciente evidencia científica sobre la relación entre la exposición a estos productos y enfermedades neurodegenerativas (ELA, alzhéimer, párkinson..), infertilidad, cáncer, obesidad o trastornos en el desarrollo (autismo, hiperactividad, déficit de atención...)

La revista «Environmental Research» publicaba recientemente otro estudio centrado en Cataluña sobre la contaminación y las posibilidades de desarrollar déficit de atención. Los resultados sugieren que vivir a menos de cien metros de una zona agrícola o de una calle residencial y/o vivir a menos de 300 metros de una autopista o de un polígono industrial, estaba asociado con más posibilidades de tener TDAH.