La normativa pide a los profesores que utilicen expresiones que engloben a ambos géneros en sus clases - JUAN CARLOS SOLER

«Personas becarias», en vez de «becarios»: el polémico manual de lenguaje no sexista de la Junta de Andalucía

Se trata del II Plan de Igualdad de Género en Educación aprobado recientemente, que refuerza las medidas de la Junta para erradicar la violencia de género y las actitudes sexistas a través del lenguaje distinguiendo ambos sexos, lo que contraviene las normas de la Real Academia

MADRIDActualizado:

La Junta de Andalucía acaba de aprobar un plan para promover la igualdad de género en las escuelas y hace hincapié en el lenguaje.

Se trata del II Plan de Igualdad de Género en Educación aprobado recientemente, que refuerza las medidas de la Junta para erradicar la violencia de género y las actitudes sexistas. El plan pretende «impulsar y favorecer la práctica escolar inclusiva y equitativa, mediante la utilización de un lenguaje no sexista en sus expresiones visuales, orales, escritas y en entornos digitales». La Inspección Educativa, señala la norma, velará por el uso de un lenguaje inclusivo y no sexista en los centros docentes.

Un ejemplo: recomienda sustituir el término «los becarios»; por «personas becarias». También la normativa pide a los profesores que utilicen expresiones que engloben a ambos géneros en sus clases, o por ejemplo, en vez de hablar de políticos, referirse a la clase política o no hablar de los andaluces sino de la población andaluza.

Cuestiones ideológicas

La RAE ya elaboró un manual en 2012 sobre lenguaje sexista donde se insiste en que el uso del masculino de forma genérica para utilizar los dos sexos está asentado en nuestra forma de hablar. Según el manual de la RAE este tipo de recomendaciones responden a cuestiones ideológicas.

La normativa es clara sobre su obligación de cumplimiento. «Es preceptivo el uso no sexista del lenguaje y no podemos actuar con permisividad a su incumplimiento», señalaron fuentes de la Consejería de Educación citados por DiarioSur. Pero reconocen, al mismo tiempo, que su implementación «es un proceso cultural y por tanto necesita, para su logro, tiempo, constancia y cambio de hábitos».