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Periodistas españoles piden crear un registro con las páginas web y plataformas que publican información falsa

Un elenco de grandes profesionales de la comunicación denuncian el daño a la reputación y el prestigio de la profesión que está ocasionando el torrente de «fake news»: «La única medicina contra ello es el Periodismo de calidad y de cabecera»

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«El Papa Francisco apoya a Donald Trump en las elecciones estadounidenses» y «Hillary Clinton es poseedora de un prostíbulo infantil en Nueva York». Aunque parezca exagerado, estos dos engaños tuvieron un gran eco, sobre todo en el caladero republicano de votos, durante los últimos comicios nacionales celebrados en Norteamérica, reprodujeron ayer Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y Casimiro García-Abadillo, director de «El Independiente», en un foro organizado por la escuela de negocios Next International Business Schoool, y al que acudieron miembros del mundo de la empresa informativa, los medios de comunicación y de la asociación Sociedad Civil por el Debate. «Si el ciudadano se siente reforzado en su ideología por esa información, ni siquiera la contrasta», como ocurrió en el caso de las pasadas elecciones de EE.UU., pero también en las anteriores de Barack Obama en 2008, continuó el ejemplo García-Abadillo. Uno y otro presidente usaron el mismo arma. El resultado de cómo calan esas informaciones falsas se demuestra, inclusive, en el propio resultado de las elecciones.

Manuel Campo Vidal fue el encargado de moderar este encuentro de profesionales, en el que también participó Bieito Rubido, director de ABC, además de Francisco Moreno, vicepresidente de la Academia de las Artes y las Ciencias de Televisión, y la presidenta de la Federación de Asociaciones de Prensa en España (FAPE), Elsa González, hasta el pasado 14 de abril, quien es miembro del consejo de administración de Telemadrid.

Ante un quórum repleto de expertos en comunicación, Rubido defendió que «estamos en la prehistoria de una de las mayores revoluciones de la humanidad, la disrupción tecnológica, pero que a diferencia de otras grandes revoluciones esta va más deprisa, es más veloz». «La democracia está sufriendo uno de los mayores ataques de su historia, pero con una apariencia amable. En esta crisis global, pero también doméstica, el 52% de los contenidos que circulan por internet están producidos y manejados por máquinas, fuera de manos humanas», agregó, e invocó la importancia del papel de los medios de comunicación, llamada a la que se sumó Prego. La presidenta de la APM coincidió en el diagnóstico con el resto de la mesa. García-Abadillo y ella apelaron a que la única medicina contra la «amenaza» de la información no fidedigna es la «capacidad del Periodismo de calidad, de la credibilidad del periodista». «Periodismo de cabecera», rubricó Campo Vidal, del periodista enrocado en un medio y al que se le puede pedir responsabilidades o que depure su información si es errónea.

«Las fake news han existido siempre»

En el contexto de los escándalos como el de Cambridge Analytica, que analizó la personalidad de 87 millones de usuarios «usurpándoles» sus datos, los ciudadanos y usuarios de Facebook, para ponerlos a disposición de una organización o entidad concreta, los ponentes denunciaron que se vulnera «el principio de la Constitución de tener derecho a una información veraz («siempre nos olvidamos del apellido de información que viene recogido en el articulado de la Constitución», reivindicó el director de ABC)» y que se pone en riesgo el escenario de convivencia en futuro de las sociedades libres y democráticas.

Los intervinientes en este foro partieron de un punto en común: desde los sofismas en la Antigua Grecia, las «fake news, información falsa o verdades alternativas» (han recibido distintos nombres a lo largo de la historia), las noticias no veraces han existido siempre. Y arribaron también a una desembocadura compartida por todos los ponentes: el único dique de contención para frenar esa «oleada» de datos que se producen cada día desde orígenes desconocidos y que el usuario puede consumir en su teléfono móvil con un solo clic es el periodista y su trabajo de calidad.

Por eso, la decadencia de los medios de comunicación tradicionales, anclados en los «peajes» que imprimen la dictadura del clic, las audiencias en masa de tráfico y la velocidad para conquistar al usuario más rápido, ha de voltearse y convertir la precariedad laboral en un salario digno para el periodista acreditado que labora una información veraz, y sujeta a los valores básicos del Periodismo, sostuvieron los presentes. En este agitado e interesante debate, organizado en la sede del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, González apeló a la «autorregulación» por parte de los periodistas para dar parte solo de la información contrastada «tal y como se enseña la Deontología profesional en las Facultades de Periodismo», mientras Prego, García-Abadillo y Rubido demandaron a los legisladores que redacten leyes que contemplen medidas económicas, sociales y penales para las plataformas y páginas web que hayan hecho de mentir su forma de vida y de supervivencia.

Piden al Congreso que apruebe las leyes necesarias para poner coto a las plataformas y páginas web que hacen de mentir lo mollar de su supervivencia

«También los propios medios de comunicación somos víctimas y, al mismo tiempo, tenemos una cuota de responsabilidad enorme» en luchar contra ese torrente de información falsa porque «seguimos dando en muchas ocasiones palos de ciego sin acertar en el modo de ser rentables y no caer en informaciones virales sin contrastar», lamentó el director de ABC; mientras Francisco Moreno se quejó de que «Facebook tiene la redacción más rentable a su disposición de la historia, con los peores y los mejores periodistas a su cargo; pero esta red social se recordará porque en 40 años habrá cambiado conceptos como el de la amistad, porque yo mismo me encuentro gente que me dice: "soy tu amigo en Facebook desde hace dos años"». «Los periodistas somos esclavos, vasallos del algoritmo de Google y Facebook y ni siquiera sabemos qué es o cómo funciona», resolvió, por su parte, la presidenta de la APM.

La consagrada libertad de expresión

Poner coto a la información falsa no es atentar contra el derecho a la libertad de expresión, respondió Prego a una pregunta lanzada desde el público, porque, tal y como dictó un juez en EE.UU., «la libertad de expresión no ampara la falsedad, no ampara que alguien pueda gritar "fuego" en medio de un teatro abarrotado» y que eso no tenga consecuencias. Deberá tenerlas, apreciaron los presentes, aunque hasta el momento se haya circunscrito a la petición de «excusas» por parte de Mark Zuckerberg, el dueño de una de esas plataformas, Facebook, en el Congreso de Estados Unidos. «No se puede alimentar el "colesterol social" de una población que solo consume este tipo de información» como si fuera bollería industrial, dijo Rubido.

Campo Vidal recogió el testigo de algunos de los asuntos mentados por los intervinientes en el foro y propuso al Congreso y los partidos políticos que establezcan leyes para poner freno a la incesante circulación de contenidos falsos que pueden dañar la reputación de periodistas, instituciones y compañías; así como publicar una «lista con los enemigos de la información» veraz que contribuye a hacer más libres las sociedades modernas. «Hay que crar un registro yregular lo que se está haciendo» en estos momentos, apremió Campo Vidal. Baste un último dato, fuera de este encuentro, para focalizar el debate: las «fake news» han aumentado un 365% durante 2017, generando graves daños en el prestigio de aquel o aquellos a quienes «tocan», según el estudio de tendencias en gestión de reputación e intangibles «Approaching the Future 2018» que anualmente elabora Corporate Excellence-Centre for Reputation Leadership, junto a Canvas Estrategias Sostenibles.