Un informe ha revelado que en las últimas siete década más de mil niños fueron víctimas de cerca de 300 sacerdotes en Pensilvania - AFP | Vídeo: Vidas marcadas por el abuso sexual en el seno de la Iglesia ATLAS

«Lo de Pensilvania es la punta del iceberg de los abusos sexuales en la Iglesia»

ABC habla con Tim Lennon, presidente de la mayor red de víctimas de abusos de EE.UU. tras el último escándalo

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Pocas víctimas de abusos sexuales en la iglesia católica olvidan el nombre de quien lo hizo. Tim Lennon se acuerda cada día del padre Murphy, el sacerdote que le violó y abusó de él cuando tenía doce años. La publicación de una investigación extensa de los abusos en la iglesia católica en Pensilvania, dado a conocer esta semana, no le ha sorprendido, a pesar del tamaño del escándalo: más de mil niños fueron víctimas de cerca de 300 sacerdotes, durante un periodo de siete décadas en el que la iglesia no solo no hizo nada por evitarlo, sino que se esforzó por ocultar los abusos.

Lennon, de 72 años, conoce al detalle la extensión de esta tragedia, no solo por ser víctima de ella, sino porque preside la Red de Supervivientes de Víctimas de Abusos por Religiosos (SNAP, en sus siglas en inglés), la principal organización de EE.UU. dedicada al apoyo y la prevención de estos ataques.

«Lo que se ha descubierto en Pensilvania es la punta del iceberg del problema», asegura en una conversación telefónica con ABC. «Ha pasado lo mismo en el resto de estados del país. En Montana, Nebraska, Alabama, donde quieras. Igual que hemos visto en otros países, como Australia o Chile». En su caso, los abusos se produjeron en un colegio católico de Iowa, al que iban muchos chicos de la comunidad irlandesa en la que se crió.

El de Pensilvania, donde hay una fuerte implantación de la Iglesia Católica, es el primer ejemplo de una investigación oficial exhaustiva en un estado del país sobre la extensión de esta lacra. Las investigaciones periodísticas de «The Boston Globe» a comienzos de siglo (trasladadas después al cine en «Spotlight», Oscar a la mejor película en 2016) hicieron aflorar cientos de casos en Massachussetts. En el resto del país, apenas se ha empezado a rascar. «Hay estimaciones que sitúan entre 100.000 y 400.000 las víctimas en todo el país», dice Lennon en referencia a datos de la plataforma Bishop Accountability, que rastrea y registra abusos en diócesis de todo EE.UU.

Investigaciones similares

El objetivo de Lennon y de SNAP es que EE.UU. inicie una investigación federal -es decir, en todo el territorio nacional- sobre los abusos sexuales a niños en la Iglesia Católica, algo similar a lo que Australia hizo entre 2015 y 2017, donde se recogieron casi 4.500 incidentes protagonizados por al menos 1.800 sacerdotes entre 1980 y 2015. Para ello, han mandado una carta al Departamento de Justicia para que dé los pasos necesarios para iniciar el proceso. Además, SNAP ha pedido a las víctimas de su organización que envíen peticiones a los fiscales generales de cada estado para que comiencen investigaciones similares a la de Pensilvania.

«Los depredadores sexuales buscan estar en organizaciones en las que tienen a niños cerca. Se hacen curas, monitores o entrenadores, como en el caso de Larry Nassar, el que fuera médico del equipo de gimnasia de EE.UU.», explica Lennon sobre la prevalencia de estos casos en la Iglesia Católica. «La gran diferencia aquí es la diligencia con la que la Iglesia ha ocultado el problema. Para la organización, es mucho más importante su prestigio, su reputación o su autoridad que los niños. Además, es una estructura muy jerarquizada y centralizada, la complicidad va hasta arriba».

El Vaticano tardó dos días en ofrecer una respuesta a la publicación del informe. Un comunicado del Papa Francisco expresó la «condena inequívoca» a los abusos y «la vergüenza y el dolor» por su existencia y subrayó la necesidad de «denunciar los casos». La conferencia episcopal de EE.UU. se comprometió a investigar y expulsar a los obispos encubridores.

Heridas permanentes

Lennon se muestra escéptico sobre estos pronunciamientos. Él vio cómo después de las denuncias en «The Boston Globe», una figura clave en el encubrimiento de los abusos en Massachussetts, el obispo Bernard Law, encontraba refugio en Roma, donde vivió plácidamente hasta diciembre del año pasado. «La Iglesia no ha hecho lo suficiente. Diría que no ha hecho casi nada. Bastaría con que el Papa instruyera que se abrieran los registros, que no haya más documentos secretos. Que ordenara que todas las acusaciones de abusos hay que llevarlas a la policía», critica. «Al contrario, han hecho lo opuesto, han premiado a los depredadores», añade antes de detallar cómo los obispos de Pensilvania han hecho presión para que no se cambie la prescripción de esos delitos -casi la totalidad de los casos no tendrán repercusión penal por los años transcurridos- o cómo los prelados de Nueva York se gastaron dos millones de dólares en una campaña con el mismo objetivo.

El escándalo causado por el informe de Pensilvania, ¿ayuda a las víctimas a hacer frente a su propio trauma o les devuelve a un momento siniestro de su vida? «Para muchos, es una reivindicación, porque la mayoría de las víctimas no dan un paso adelante para denunciar. Piensan que son los únicos, o que ocurrió por su culpa. Además, que se conozcan los abusos puede prevenir que ocurran otros». Sobre si hace revivir el dolor, Lennon no le da importancia: «Yo siento esta herida todos los días».