Alumnos catalanes se examinan de la Selectividad desde hoy mismo en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona
Alumnos catalanes se examinan de la Selectividad desde hoy mismo en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona - EFE

Pedir el examen de selectividad en castellano, «una incidencia» en Cataluña

La AEB denuncia la escasez de folletos en esta lengua y pide que la opción de responder en español, lengua oficial en Cataluña, se normalice

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Los alumnos que se examinan de Selectividad en Cataluña y reclaman las pruebas en castellano «están cada vez más señalados». «Al escaso número de exámenes impresos en castellano, que es ridículo, se suma el hecho de que los que piden esta opción deben reclamarlo individualmente en el aula una vez se reparten todos los folletos en catalán», denuncian en declaraciones a ABC portavoces de la Asamblea por una Escuela Bilingüe (AEB).

Según las mismas fuentes, en esta convocatoria de pruebas, que ayer comenzó para 34.547 estudiantes, se suma un nuevo agravio ya que, según apuntan, en los cuadrantes que la Generalitat reparte a los responsables del aula para que apunten los datos de la jornada, el número de exámenes que se entregan en castellano «figura en la página de las incidencias». «Es indignante que se considere una incidencia que haya alumnos que quieran realizar el examen en una de las dos lenguas cooficiales de la comunidad», señala Ana Losada, presidenta de la AEB. Se da la circunstancia de que este año, como novedad, los alumnos del Valle de Arán pueden pedir los enunciados de Historia en aranés. La intención de la Generalitat es extender el uso de esta lengua a todas las materias en posteriores convocatorias. «En aranés sí, pero en castellano no», denuncia la entidad.

«Situación de deventaja»

Otra de las quejas de la entidad es que «como en convocatorias anteriores, la cifra de folletos impresos en castellano es ridícula» y, además, «algunos profesores dejan claro en el aula que la prueba solo debe repartirse en catalán». «Hay alumnos que nos han comunicado que les han dicho claramente que solo se reparte en catalán», apunta Losada. En las «Instrucciones para el control de alumnos y la Vigilancia» el Consejo Interuniversitario de Cataluña insta a los docentes que están al cargo del aula a «repartir primero los enunciados en catalán y, solo si algún alumno lo pide, facilitarle la versión en castellano». Si se da esa circunstancia, les obliga a «hacerlo constar en el informe».

«Es intolerable que se señale así a los alumos», dice la responsable de la AEB. Varias entidades y plataformas, entre ellas el sindicato de profesores de secundaria AMES, denunciaron en la pasada convocatoria de 2018 la «situación de desventaja y nerviosismo» en la que se encuentran los alumnos que piden las pruebas en castellano. Alegan que «cuando éstos reclaman los folletos en español, que en muchos casos no están en el aula, uno de los responsables debe ir a buscarlos a otra sala y en ese intervalo de tiempo, en el que suelen explicarse los enunciados y los alumnos que redactan en catalán los siguen con el examen delante, los solicitantes de impresos español no pueden hacerlo». La plataforma hizo llegar su queja a la consejería de Enseñanza, a la Secretaría del Consejo Interuniversitario, a las Comisiones Permanentes, a la Inspección Educativa y al Ministerio de Educación.

Un año más, más fácil el de castellano

La Generalitat destacó ayer la «normalidad» en el inicio de las pruebas, que arrancaron con los exámenes de Literatura y lengua Castellana y Literatura y Lengua Catalana. Una vez más, el de castellano, en el que los estudiantes tuvieron que optar por un texto de Jorge Luis Borges o un artículo sobre las carreras universitarias, fue, a juicio de algunos examinados, el más sencillo.

En el examen de Catalán, la disyuntiva era entre un fragmento de Salvador Espriu o un escrito sobre la extinción de las abejas. Las pruebas de lengua de ayer abonan un año más la teoría de que hay una diferencia sostenida de nivel entre los exámenes de castellano y catalán que, lejos de resultar casual, se repite invariablemente cada año por el empeño, no confesado, de la Generalitat de bajar el listón de la prueba de español y demostrar que los alumnos catalanes tienen el mismo dominio del castellano que los del resto de España.