El Papa Francisco durante su visita en Temara
El Papa Francisco durante su visita en Temara - EFE

El Papa presenta a Marruecos el trabajo de tres monjas españolas como ejemplo de cristianismo

Invita a desenmascarar «los intentos de utilizar las diferencias religiosas para sembrar miedo, odio y conflicto»

Enviado especial a RabatActualizado:

Desde la barriada pobre de Temara, en las afueras de Rabat, el Papa Francisco ha presentado este domingo a Marruecos el trabajo de tres religiosas españolas como ejemplo de cristianismo real. Curan cada día a más de una docena de niños quemados por accidentes domésticos, dan de comer a un centenar, y enseñan a leer a las madres.

Un coro de unos cuarenta niños muy pobres pero vestidos de fiesta con sus chilabas y caftanes de vivos colores saludaron al Papa con una divertida canción. Francisco venía a ver a la hermana Gloria Carrilero «feliz de llevar 28 años sirviendo a los musulmanes», las otras dos Hermanas de la Caridad que llevan el Centro Rural de Servicios Sociales, las siete voluntarias y, sobre todo, los 150 niños que participan en las actividades.

Por eso no hubo discursos, simplemente fue saludando una a una a todas estas personas, sonriendo, acariciando, agradeciendo pequeños regalos de los pequeños y disfrutando el ambiente de cariño en un centro donde los cristianos, que son una minoría en el país, ayudan a los musulmanes más pobres de una barriada de chabolas de la capital.

En la enfermería, las aulas y los comedores no hay símbolos cristianos, sino simplemente fotografías del rey Mohammed VI, pues el centro está solo para ayudar. Evangeliza indirectamente a través del ejemplo de caridad, y por eso el Papa ha ido a visitarles, para que Marruecos vea lo que es el cristianismo.

El mismo mensaje lanzaba poco después el Papa a los obispos sacerdotes y religiosos de todo el país, reunidos en la catedral de Rabat: «los caminos de la misión no pasan por el proselitismo, que lleva siempre a un callejón sin salida, sino por nuestro comportamiento con Jesús y con los demás. Como decía Benedicto XVI: ‘el cristianismo no crece por proselitismo sino por atracción’. Os lo ruego, por favor».

Le escuchaban los arzobispos de Rabat, el salesiano Cristóbal López, y de Tánger, el franciscano Santiago Agrelo, junto con medio centenar de sacerdotes y unos doscientos religiosos, en su mayoría mujeres jóvenes, presididos por su «decana», sor Ersilia Mantovani. La sonriente italiana de 97 años, que lleva 80 en Marruecos, se ha ganado dos besos del Papa, una señal de la cruz en la frente y afectuosas palmadas en las mejillas en medio de un estruendoso aplauso.

Los cristianos de Marruecos son menos de 30.000 en un país de 35 millones de habitantes, casi todos musulmanes sunníes. En ese marco, Francisco ha dicho a los sacerdotes y religiosos que «nuestra misión de consagrados no está determinada por el número o la cantidad de espacios que se ocupan sino por la capacidad de suscitar interés por nuestro modo de vivir como discípulos de Jesús».

El Santo Padre les ha recordado el ejemplo de san Francisco de Asís, «que en plena cruzada fue a reunirse con el sultán de Egipto Malik al-Kamil» hace exactamente 800 años, y el del beato Charles de Foucauld, quien «profundamente impresionado por la vida humilde y escondida de Jesús en Nazaret, a quien adoraba en silencio, quiso ser un ‘hermano universal’. La fraternidad no tiene su fuente profunda en nosotros sino en la paternidad de Dios».

En nombre de Dios Padre y de esa fraternidad, el Papa les ha invitado a «encontrar cada día en el diálogo, en la colaboración y en la amistad los instrumentos para sembrar futuro y esperanza».

Con ese modo cristiano de proceder, «desenmascaráis y lográis poner en evidencia todos los intentos de utilizar las diferencias y la ignorancia para sembrar miedo, odio y conflicto». Ese trabajo preventivo protege la vida social pues, según Francisco, «el miedo y el odio alimentados y manipulados, desestabilizan nuestras comunidades y las dejan espiritualmente indefensas».

Por la tarde, en el estadio cubierto Moulay Abdellah, el Papa ha celebrado una misa para diez mil personas, un tercio de los católicos del país, en la que estaban representadas nada menos que sesenta nacionalidades.

En su homilía, Francisco ha exhortado a los cristianos a ser creadores de paz ya que «siempre nos amenaza la tentación de creer en el odio y la venganza como forma legítima de obtener justicia de manera rápida y eficaz».

Pero no hay que caer en esa trampa pues «la experiencia nos dice que el odio, la división y la venganza lo único que logran es matar el alma de nuestros pueblos, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos».

El Papa había dedicado el sábado a mejorar las relaciones con el Islam y pedir un trato humano para los inmigrantes subsaharianos. El domingo lo ha dedicado a la minoría católica, pero con un mensaje que va mucho más allá de las fronteras de Marruecos.