El Papa Francisco estrecha la mano de la primera ministra de Polonia, Beata Szydlo (i), durante una audiencia en el Vaticano EFE/GABRIEL BOUYS / POOL
El Papa Francisco estrecha la mano de la primera ministra de Polonia, Beata Szydlo (i), durante una audiencia en el Vaticano EFE/GABRIEL BOUYS / POOL - EFE

«El Papa no ha dicho que tenga intención de introducir una ordenación diaconal de las mujeres»

El problema de la Iglesia «no es el feminismo, sino el clericalismo», el no escuchar a los laicos

Corresponsal en El VaticanoActualizado:

La transcripción completa del diálogo del Papa con ochocientas superioras generales de órdenes religiosas femeninas, publicado el viernes por el Vaticano, ha revelado que las referencias al estudio histórico sobre el diaconado femenino no eran el tema principal.

Francisco desea dar a las mujeres una voz mucho más fuerte en la Iglesia, lo mismo que a los laicos, pues considera que el verdadero problema «no es el feminismo, sino el clericalismo», sobre todo en América Latina.

En su animada conversación con las superioras generales, el Papa les recuerda que «el trabajo de las religiosas es de servicio, pero no de servidumbre», por lo que les aconseja no aceptar trabajos domésticos al servicio de eclesiásticos, ya que «devalúan la dignidad de las religiosas y, además, hay muchas mujeres valiosos con necesidad de un trabajo».

Respecto a la creación de una comisión que estudie el papel de las mujeres diácono en los primeros siglos del cristianismo, el portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, ha tenido que recordar a la Prensa «la necesidad de ser honrados: el Papa no ha dicho que tenga intención de introducir una ordenación diaconal de las mujeres. Es más, hablando de la predicación dentro de la misa, ha explicado por qué eso no es posible».

En realidad, la línea central de los amplios comentarios informales del Papa consiste en reconocer que «las mujeres están excluidas en los procesos de decisión de la Iglesia; excluidas totalmente no, pero participan de un modo muy débil».

Por eso, su propuesta es que haya más mujeres en cargos de responsabilidad a nivel de las parroquias, diócesis y el Vaticano. En su opinión, «se debe ir mas allá, porque para tantos aspectos del proceso de gobierno no es necesaria la ordenación. No es necesaria».

Muchos cargos desempeñados tradicionalmente por eclesiásticos no requieren, en realidad, la ordenación diaconal, ni sacerdotal ni episcopal. A título de ejemplo, el Papa mencionó el Pontificio Consejo para los Inmigrantes.

La liturgia de la Palabra

Francisco recordó que actualmente «no hay ningún problema para que una mujer, religiosa o laica, realice la predicación en las liturgias de la Palabra. No hay problema. En la Eucaristía sí, porque la celebración es una: la liturgia de la Palabra va unida a la liturgia Eucarística», y esta última solo puede celebrarla un sacerdote.

Pero en cuanto a participar en las deliberaciones y en las decisiones de gobierno, «el papel de la mujer en la Iglesia no es feminismo, ¡es un derecho! Es el derecho de todos los bautizados, con los carismas y dones que les da el Espíritu Santo».

Según Francisco, el problema está en no escuchar a los laicos, ya sean mujeres u hombres, debido «a una tentación muy fuerte de la que he hablado muchas veces: el clericalismo».

En una extraordinaria confidencia, el Papa lamentó que «a día de hoy, más del 60 por ciento de las parroquias –de las diócesis no sé, creo que es algo menos- no tienen ni el consejo de asuntos económicos ni el consejo pastoral. ¿Esto qué significa? Que esas parroquias o esas diócesis están dirigidas con un espíritu clerical».

Con mucha energía, Francisco insistió en que «la sinodalidad parroquial y la sinodalidad diocesana no son una novedad de este Papa. ¡No! Está en el Derecho Canónico, es una obligación tener un consejo de laicos. Y no lo hacen».

El Santo Padre considera que «tenemos que avanzar, y superar este peligro del clericalismo porque el sacerdote es un servidor de la comunidad, el obispo es un servidor de la comunidad. No es el jefe de una empresa. ¡No!».

Pero al mismo tiempo advertía que «el clericalismo tiene cómplice, es cosa de dos, como el Tango que se baila en pareja… Es decir: está el sacerdote que quiere clericalizar al laico o la laica, pero también el laico que pide por favor ser clericalizado, porque es más cómodo».

Por su propia experiencia recordaba que «en América latina el clericalismo es muy fuerte, muy marcado. Los laicos no saben qué hacer si no preguntan a un sacerdote, y por eso la conciencia del papel de los laicos está muy retrasada».

El Papa insistió a las superioras generales en que «vuestro trabajo, el mío y el de todos nosotros es de servicio», pero lamentó que «a veces me encuentro con mujeres consagradas que hacen un trabajo de servidumbre y no de servicio».

En ese contexto se refirió a párrocos o eclesiásticos que tienen en su casa a una o dos religiosas para ocuparse de las tareas domésticas: «¡Eso es servidumbre! Dígame, por favor, señor párroco, ¿en su ciudad no hay mujeres valiosas que necesitan un empleo? Pues contrate a una o dos... Pero las religiosas que vayan a las escuelas o a los barrios, que se ocupen de los enfermos y de los pobres».

«Sed valientes y decid que "no"»

Para reforzar la autoridad de las superioras frente a los eclesiásticos, el Papa les aconsejó: «Cuando os pidan algo que sea más bien servidumbre que servicio, sed valientes y decid que "no". Cuando se pretende que una consagrada realice un trabajo de servidumbre, se devalúa la vida y la dignidad de esa mujer. Su vocación es el servicio a la Iglesia, ¡no la servidumbre!».

En cuanto a la comisión de estudio sobre el papel de las mujeres diácono en la Iglesia primitiva, una buena parte está ya realizado hasta donde llegaba la investigación histórica a comienzos del siglo XXI.

La Comisión Teológica Internacional realizó un extenso estudio entre 1998 y 2002, que fue aprobado de modo oficial por su presidente, el cardenal Joseph Ratzinger, entonces prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe.

Es un documento largo y concienzudo, de casi 200 páginas, incluidas las abundantes citas, que lleva por título «El diaconado: evolución y perspectivas», disponible en castellano en la página web del Vaticano, yendo a la sección de la Comisión Teológica Internacional.

Entre los grandes teólogos que participaron en ese estudio figuran el actual cardenal de Viena, Christoph Schoenborn, y el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, cardenal Ludwig Müller.

El diaconado femenino fue desapareciendo porque las órdenes religiosas pasaron a realizar tareas mucho más extensas.

Según explico en 2002 Ludwig Müller, entonces profesor de teología dogmática en la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich, «lo que las mujeres realizan hoy como profesoras de religión, de teología, o agentes de pastoral va mucho más allá de lo que hacían las mujeres diácono en la Iglesia primitiva».

El punto esencial del discurso de Francisco no era tanto volver a mirar al pasado como ir mucho más allá de la situación presente en términos de escuchar y dar responsabilidad a las mujeres.