El Papa Francisco, durante la misa de Pentecostés en la Plaza de San Pedro
El Papa Francisco, durante la misa de Pentecostés en la Plaza de San Pedro - EFE

Papa Francisco: «Pentecostés trajo a los jóvenes discípulos una alegría que los hizo renacer»

El Pontífice advierte que «con las prisas de hoy corremos el riesgo de estallar, movidos por un continuo nerviosismo»

Corresponsal en El Vaticano Actualizado: Guardar
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En una plaza de San Pedro desbordante de sol, el Papa Francisco ha explicado el domingo el cambio radical que supuso el día de Pentecostés para los 120 discípulos reunidos en Jerusalén: «aquellos jóvenes que, poseídos por la incertidumbre pensaban que habían llegado al final, fueron transformados por una alegría que los hizo renacer».

En una homilía profunda y a la vez muy concreta, el Santo Padre ha añadido que «el Espíritu Santo no les solucionó la vida, no realizó milagros espectaculares, no eliminó problemas ni adversarios. Pero trajo a la vida de los discípulos una armonía que les faltaba, porque Él es armonía».

Según Francisco, el cambio radical de los Apóstoles a partir de Pentecostés, «nos dice que incluso ver al Resucitado no es suficiente si uno no lo recibe en su corazón. No sirve de nada saber que el Resucitado esta vivo si no vivimos como resucitados».

El Espíritu Santo no libera «de las tribulaciones y persecuciones», pero da la paz para afrontarlos, «una paz que se parece a las profundidades marinas: siempre tranquilas aunque la superficie este agitada por las olas».

En tono preocupado, el Papa ha advertido que «hoy, con las prisas que nos impone nuestro tiempo, corremos el riesgo de estallar, movidos por un continuo nerviosismo que nos hace reaccionar mal a todo».

Y en ese cuadro patológico, «se busca la solución rápida, una pastilla detrás de otra para seguir adelante, una emoción detrás de otra para sentirse vivos. Pero lo que necesitamos es el Espíritu Santo, que pone orden en el frenesí».

Recordando que el Espíritu facilita la unidad, Francisco ha alertado frente a «la tentación de construir "nidos": de reunirse en torno al propio grupo, a las propias preferencias, el igual con el igual, alérgicos a cualquier contaminación».

«Nidos» y sectas

En tono severo ha advertido que «del "nido" a la secta, el paso es corto, también dentro de la Iglesia. ¡Cuántas veces se define la propia identidad contra alguien o contra algo!». Con la misma fuerza, ha alertado frente a la tentación de fiarlo todo a creación de estructuras administrativas cada vez mas complejas, que había comparado el sábado a la construcción de la torre de Babel.

En la misa de la Vigilia de Pentecostés, celebrada también en la plaza de San Pedro, el Papa se refirió a las «reestructuraciones diocesanas» advirtiendo que «en todas las épocas hay algunos que quieren construir ‘una torre que llegue hasta el cielo’. Pero son nuestros proyectos, hechos al servicio de un ‘yo’ cada vez mayor y levantados hacia un cielo en el que no hay espacio para Dios».

En realidad, lo mas importante que hay que cambiar es la actitud, el corazón de los fieles que forman la diócesis. Por eso confesó “cuánto me gustaría que gente que vive en Roma reconociese la iglesia –que nos reconociese– por un ‘superávit de misericordia’, y no por otras cosas».

Según Francisco, la gente debería reconocer la Iglesia «por un superávit de humanidad y de ternura, ¡que necesitamos tanto! Se sentiría con en casa, en la ‘casa materna’, donde uno siempre es bienvenido y a donde siempre se puede volver».