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El Papa Francisco - EFE

Papa Francisco: «El Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: compartir y dar»

Preside la Misa del Gallo en tono intimista y esperanzado

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En la misa nocturna que celebra el nacimiento de Jesús, la grandiosa basílica de San Pedro se vuelve un escenario de intimidad, en el que el Papa Francisco invitó anoche a recibir tiernamente al «Niño de Belén», asegurando que «si lo acogemos» en la propia vida, «Jesús cambia el corazón».

En un clima de fiesta familiar –facilitado por el adelanto de la misa a las nueve y media de la tarde en lugar de la medianoche–, el Papa recordó que «el nombre de Belén significa ‘casa del pan’, y en esta ‘casa’ el Señor convoca hoy a la humanidad», como preanuncio de otro pan a final de su vida: la Eucaristía.

Dirigiéndose a los fieles en tono sereno e intimista, Francisco afirmó que «el cuerpecito del Niño de Belén propone un modelo de vida nuevo: no devorar y acaparar, sino compartir y dar. Desde la ‘casa del pan’, Jesús lleva de nuevo al hombre a casa, para que se convierta en un familiar de su Dios y en un hermano de su prójimo».

Es justo lo que hace falta en el mundo cuando «parece que el tener, el acumular cosas es para muchos el sentido de la vida», especialmente donde impera el consumismo pues, según el Papa, «una insaciable codicia atraviesa la historia humana hasta las paradojas de hoy, cuando unos pocos banquetean espléndidamente y muchos no tienen pan para vivir».

La llegada de Jesús enseña a dar, y «lleva de nuevo al hombre a casa para que se convierta en pariente de Dios y en hermano de su prójimo». Según Francisco, «ante el pesebre, comprendemos que lo que alimenta la vida no son los bienes, sino el amor; no es la voracidad, sino la caridad; no es la abundancia ostentosa, sino la sencillez que se ha de preservar».

El Papa, que ha llevado a cabo una profunda reforma de la Curia vaticana, tiene un objetivo de mucho más alcance que volvió a formular anoche pues «en Belén descubrimos que la vida de Dios corre por las venas de la humanidad».

Según Francisco, «si la acogemos, la historia cambia a partir de cada uno de nosotros. Porque cuando Jesús cambia el corazón, el centro de la vida ya no es mi yo hambriento y egoísta, sino él, que nace y vive por amor».

Reviviendo algo sucedido hace dos mil años en un lugar remoto y sin que prácticamente nadie se diese cuenta, el Santo Padre recordó que, además de «casa del pan», Belén es «la ciudad de David», un joven pastor «elegido por Dios para ser guía y pastor de su pueblo».

En la misma línea, el primer anuncio del nacimiento de Jesús no se hizo a personas importantes «sino a los pastores, gente sencilla que en aquel tiempo no se distinguía precisamente por la finura y la devoción», pero estaban en vela y creyeron a los ángeles.

La misa de la Nochebuena tiene un encanto especial, realzado por la presencia de un Niño Jesús en el centro de la gran basílica. Uno de los momentos más entrañables fue la ofrenda de flores al recién nacido a cargo de niños de Italia, China, Panamá, República Democrática del Congo, Rumanía y Japón, que la final de la misa llevarían la imagen hasta su lugar en el gran Nacimiento instalado en una nave lateral.

Al menos dos de esos países serán visitados por Francisco en el año más viajero del pontificado pues están ya en calendario visitas a Panamá -para la Jornada Mundial de la Juventud-, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Bulgaria y Macedonia entre enero y mayo. A esos cinco países se añadirán Madagascar y Japón, según adelantan sus respectivas autoridades, mientras siguen en lista de espera Canadá, Francia, Rumanía, la India y también Sudán del Sur, a donde el primado de la Iglesia Anglicana y el Papa quieren ir juntos en cuanto sea posible, lo cual no parece cercano.

La basílica de San Pedro estrenó discretamente anoche una nueva iluminación interna con 780 lámparas que suman 10.000 LED y permiten ahorrar un noventa por ciento de la electricidad necesaria hasta ahora. Es otra puesta al día, como el paso al órgano digital, que produce sonido directo de gran calidad tanto para el templo como para las retransmisiones televisivas y de radio.

Como todos los años, el Papa se asomará este mediodía al balcón central de la basílica para felicitar la Navidad e impartir la bendición «Urbi et Orbi», a la ciudad y al mundo, que siguen en directo cientos de millones de personas en todo el planeta.

El miércoles 26 es fiesta en Italia, y el Santo Padre acudirá al balcón del apartamento papal para la cita del Ángelus con los peregrinos, que en estos días se cuentan por decenas de millares pues las Navidades en Roma tienen un sabor especial.