El Papa Francisco, este miércoles
El Papa Francisco, este miércoles - EFE

Papa Francisco: «¿Cómo puede ser terapéutico o civil suprimir una vida inocente en su inicio?»

Afirma que «la verdadera medida de la vida es el amor con que Dios la ama»

Corresponsal en El Vaticano Actualizado: Guardar
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En un vigoroso comentario del quinto mandamiento, el Papa Francisco ha descartado el miércoles todo eufemismo afirmando que «interrumpir un embarazo es matar a una persona».

Ante decenas de miles de peregrinos participantes en la audiencia general en la plaza de San Pedro, Francisco ha calificado de «desprecio a la vida» tanto las guerras como la «explotación de seres humanos» y, por supuesto, «la supresión de la vida humana en el seno materno en nombre de la salvaguardia de otros derechos».

Visiblemente dolorido, el Papa ha salido al paso de la indiferencia social preguntado: «¿Cómo puede ser terapéutico, civil, o simplemente humano, un acto que suprime la vida inocente e indefensa en su inicio?».

El quinto mandamiento «No matarás», no admite excepciones salvo la legítima defensa frente a un agresor armado. En el extremo opuesto, en cambio, se encuentra un niño enfermo o no nacido, que necesita ayuda.

Reflexionando sobre el origen de los comportamientos inhumanos, Francisco ha comentado que »la violencia y el rechazo de la vida provienen en el fondo del miedo. Pensemos, por ejemplo, cuando se descubre que una vida naciente está afectada por discapacidad grave».

Según el Papa, «en esos momentos dramáticos, los padres necesitan verdadera cercanía, verdadera solidaridad para afrontar esa realidad superando los comprensibles miedos. En cambio, reciben con frecuencia el consejo de interrumpir el embarazo».

Por contraste con planteamientos utilitaristas o egoístas, Francisco ha insistido en que «la verdadera medida de la vida es el amor; el amor con que Dios la ama». Como suele hacer en muchas catequesis, el Papa ha invitado a todos a repetir juntos tres veces: «¡Dios es amante de la vida!».

El quinto mandamiento incluye la obligación de proteger la propia vida, no solo de la muerte sino también de las adicciones que la dañan y pueden terminar acabando con ella. Por eso considera necesario «decir a muchos jóvenes: ‘No desprecies tu propia existencia, no os despreciéis a vosotros mismos con dependencias’. ¡Tú eres una obra de Dios! ¡Y Dios es amante de la vida!».