Los países africanos ponen en jaque a una caótica Cumbre del Clima

Los países africanos ponen en jaque a una caótica Cumbre del Clima

ARACELI ACOSTA | COPENHAGUE
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Las negociaciones en la Cumbre del Cambio Climático quedaron ayer en punto muerto después de que África alzara la voz y se plantara. Lo habían avisado hace unos días, y ya dieron un plantón en la reunión preparatoria de Barcelona en el mes de noviembre, por lo que ayer escenificaron su desacuerdo ausentándose del plenario y provocando que las negociaciones se interrumpieran desde la mañana hasta casi las cinco de la tarde.

El bloque africano, dirigido por el delegado argelino Kamel Djemouai, abandonó la reunión por considerar que se intenta «matar» el protocolo de Kioto -único documento con obligaciones vinculantes de reducción para los países industrializados, salvo Estados Unidos-, y que se está dando prioridad a las negociaciones a largo plazo, que son las que implican a todos en la lucha contra el cambio climático. «Si aceptamos esta situación, firmaremos la muerte de Kioto, el único documento legalmente vinculante que existe», afirmó Djemouai. Un movimiento que rápidamente fue secundado por el resto de países en desarrollo, y también por los emergentes China e India, que demandan mayores compromisos de reducción de emisiones de las naciones ricas.

Y es que en el intento de incluir en el proceso de reducción de emisiones a los norteamericanos y a los países emergentes, se están mezclando aspectos de dos «carriles» diferentes de la negociación. Uno, el de Kioto, donde las propuestas puestas sobre la mesa (entre un 10 y un 17% para 2020) no alcanzan ni de lejos la horquilla que aparece en los documentos actualmente en discusión, que es de un margen en las reducciones entre el 30 y el 45%, según explica Aida Vila, responsable de la campaña Cambio Climático y Energía de Greenpeace. Y otro el de un nuevo documento donde debe recogerse lo que vaya a hacer Estados Unidos y los países en desarrollo (para éstos la propuesta es desviarse significativamente de su ritmo de crecimiento de emisiones).

Si dentro la negociación quedó «helada», fuera la cosa era un hervidero por el caos y la falta de previsión de la organización. Unas dos mil o tres mil personas, entre delegados, miembros de ONG y periodistas se quedaron ayer literalmente a las puertas de la cumbre. Y es que al parecer, según fuentes policiales, el Bella Center había llegado a su capacidad máxima, 20.000 personas. Por tanto, está claro que la organización ha fallado, pues las personas que quedaron fuera tenían su acreditación confirmada y hacían cola para recogerla. Ha habido «overbooking» de acreditaciones, algo nunca visto en una reunión de estas características.

Previsiones desbordadas

La imagen de colas kilométricas con termómetros bajo cero y algunos copos de nieve se aleja de lo que se suele presuponer de la capital danesa, donde siempre reina el orden, pero ayer todas las previsiones se desbordaron, y todo el mundo se pregunta qué pasará en los próximos días cuándo lleguen los líderes mundiales, con Barack Obama entre ellos.

Vijay Kumar Gulhati, director técnico de la mayor compañía de acero de India, que ha participado en citas climáticas anteriores, no se lo puede creer. «Llevo aquí cuatro horas y la Policía dice que tendré que esperar otras cuatro». No piensa irse: «He venido para esto», explica al tiempo que da su pronóstico sobre el final de la cumbre: «No habrá acuerdo vinculante, pero sí progresos, porque nuestra voz (la de los países en desarrollo) ya se está escuchando».