Greta Thunberg ayer en Nueva York
Greta Thunberg ayer en Nueva York - Reuters

Los otros jóvenes activistas que no se llaman Greta

Millones de personas se han manifestado para reclamar medidas contra el cambio climático en vísperas de la cumbre de la ONU

Madrid Actualizado: Guardar
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Cuatro jóvenes tienen este sábado de «oyente principal» al secretario general de la ONU, António Guterres. Una es la ya archiconocida activista sueca Greta Thunberg. A los otros tres probablemente no los conozca, pero van a hablar en una sesión inaugural de una cumbre de Naciones Unidas que acaba de comenzar. Se trata de un argentino, Bruno Rodríguez; una fiyiana, Komal Karishma Kumar; y un keniata, Wanjuhi Njoroge.

«¿Nervioso? Mucho, pero hay que manejar los nervios desde la responsabilidad que supone este contexto catastrófico», explicaba ayer por teléfono Bruno Rodríguez, de 19 años. «Con el panorama crítico que vemos, lo que pedimos es que haya realidades». El joven logró que Argentina aprobara hace unos meses la declaración de «estado de emergencia» por el cambio climático y se ha convertido en uno de los activistas menores de 30 que están presionando en todo el mundo a políticos y empresas.

Una semana decisiva

De hecho, son miles los jóvenes los que han acudido a Nueva York de cara a una semana que consideran decisiva. Un movimiento medioambiental global que ayer movilizó al menos a tres millones de personas -según los organizadores- en 2.900 ciudades de 160 países. Todos pidieron lo mismo: medidas concretas y urgentes para frenar el cambio climático. «Salva nuestro planeta», decían.

El movimiento estudiantil ha planificado dos huelgas mundiales -una ayer, la siguiente el próximo viernes- y movilizaciones. Participan hoy y mañana en la Cumbre de Juventud y Clima (a la que asisten la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, y la de Sanidad, María Luisa Carcedo), y a partir del lunes en la Cumbre de Acción Climática de la ONU, que va a reunir en Nueva York a líderes de todo el mundo, incluido el presidente en funciones, Pedro Sánchez, con los que estos jóvenes también mantendrán reuniones.

Porque aunque Thunberg se haya convertido en la cara más visible del movimiento, no es necesariamente la joven activista con más experiencia. La fiyiana Komal Kumar, por ejemplo, ya estuvo en la Cumbre del Clima de Bonn (2017) para exponer que su país y otras islas del Pacífico están al borde de la desaparición, mientras que Njoroge ha estado haciendo campaña contra la deforestación en Kenia desde la infancia.

Pero después de Thunberg, quizá la activista adolescente más famosa es Jamie Margolin. Citada esta misma semana en un informe de la ONU, la joven de 17 años fue la primera en interponer una demanda de responsabilidad civil por no frenar el cambio climático. «Para mí es como si una bomba de relojería estuviera a punto de estallar, y trato que no lo destruya todo», ha manifestado alguna vez. La demanda la presentó en 2016 contra el estado de Washington, y aunque perdió, creó su propio movimiento, Hora Cero, a través del que ha convocado manifestaciones masivas en EE.UU. «La gente llama a mi generación la Generación Z, como si fuéramos la última generación. Pero no lo somos», dijo en el Congreso norteamericano. Lo que quiere ser es la «Generación GND» (Nuevo Pacto Verde, en inglés).

También españoles

En Nueva York también hay algunos jóvenes españoles, como María Laín. De 25 años y estudiante en la Universidad de Comillas, a los 11 envió una carta al alcalde de Toledo, donde vivía, para que pusiera más contenedores de reciclaje. «Mis motivaciones son muy básicas: el punto central de la vida es el planeta, no hay forma de vivir si no es respetando el planeta. Y cuando ves cómo lo estamos destruyendo, o te quedas paralizado o actúas». Para Laín, lo ideal sería que de la cumbre salieran compromisos firmes de políticas cero emisiones. «Sé que es un ideal muy utópico, pero es por lo que tenemos que luchar», asegura. En Nueva York está con Patricia Ramos, de 19 años, que entregará a Sánchez una petición para impulsar «un compromiso para que las medidas climáticas tomen en cuenta a niñas y niños».