El grupo de octogenarias que hacen manualidades para recaudar dinero
El grupo de octogenarias que hacen manualidades para recaudar dinero - MIGUEL MUÑOZ

Las octogenarias que regalan alegría a los niños con cáncer

Dos días a la semana se reúnen en una de las salas de la residencia para hacer manualidades y así recaudar dinero para la Fundación Aladina

MADRIDActualizado:

Un grupo de octogenarias, vestidas con colores vivos y con una gran sonrisa, entran al taller de manualidades de la residencia Ballesol del Parque Almansa en Madrid. Cada una lleva una bolsa en la que guardan sus más preciadas creaciones, que van colocando cuidadosamente sobre la mesa. Pinzas de la ropa convertidas en servilleteros o cápsulas de café en forma de broche son algunos de los objetos que muestran orgullosas.

Estas ancianas se reúnen los martes y jueves con un gran propósito: ayudar a los niños y adolescentes con cáncer de la Fundación Aladina. Cada año realizan manualidades con materiales reciclados para luego venderlos en el mercadillo solidario en Navidad y así recaudar dinero para la asociación. Ellas son los «ángeles de la guarda» de estos pequeños que luchan cada día contra esa dura enfermedad.

Esta iniciativa, que comenzó hace cuatro años y en la que participan doce residencias de Ballesol de Madrid, ha recaudado este año 12.440 euros que van destinado al apoyo material y psicológico de estos menores. «Los niños saben que sus abuelos de Ballesol cuidan de ellos», asegura el animador sociocultural del Grupo Ballesol, Luis López. Él es quien tuvo la idea de que los talleres que se hacían en la residencia debían tener un fin que motivase y de que no fuesen objetos que se quedasen «guardados en un rincón».

«Barajamos varias opciones de asociaciones y se rechazaron todas aquellas que tuvieran que ver con el cáncer o Alzheimer porque ellas saben que puede ser una de sus próximas etapas y eso genera mucho miedo. Así que al final nos descantamos por los niños, es más lejano y da un impulso para que les ayuden a llegar a su misma edad», señala.

Todo por una sonrisa

Hace unos meses, Guillermina Zacagnini, Josefina Calderón y Ángeles García, integrantes de este grupo, fueron al hospital para conocer a los chicos. Con un peluche, algunas de sus obras y, su principal arma, su alegría intentaron sacarles la sonrisa. «Lo único que quería era animar a la niña de seis años con un juguete y darle conversación. Antes de entrar pensé en comentarle que también tenía una nieta que estaba enferma pero al final me limité a hablar con ella y repetirle lo bonita que era. No tuve más valor», relata Ángeles García mientras sus ojos comienzan a empañarse. «Nada más salir por la puerta me puse a llorar», recuerda. «Es una gran satisfacción sentirse útiles a estas alturas de la vida».

Las residentes están tan ilusionadas e involucradas que una de ellas, motivada por conseguir la máxima recaudación para los niños, llamó todos los días a la Fundación Rafa Nadal para conseguir una raqueta firmada por el jugador de tenis. Y gracias a su insistencia, logró su objetivo y siguió el mismo procedimiento con el Real Madrid. Finalmente, tanto el balón firmado por los jugadores del club blanco como la raqueta fueron subastados para la Fundación Aladina.

Visita al hospital
Visita al hospital - MIGUEL MUÑOZ

Sin embargo, aparte del aspecto solidario de este taller, también fomenta la cohesión entre los residentes y mejora tanto la actividad motora como la autoestima, según la directora del centro, Beni Rodríguez. «Desarrollamos la movilidad de los dedos y estamos muy distraídas», cuenta la residente, Amparo Almansa que no para de reír y de mostrar su lado más jovial, pues a pesar de que la edad media de este grupo es de ochenta años, ellas llenan la sala de vitalidad y esperanza.

La última actividad: unos llaveros de fieltro en forma de búho con los que deberán mostrar su lado más personal y único para que sea comprado en diciembre. Y es que todas esperan ansiosas cada nuevo proyecto que le propone Patricia López a la que apodan «Lourdes» en referencia a los «milagros» que hace con ellas para que logren desarrollar su creatividad. Para Patricia López, «Estar en este espacio es un orgullo porque es una de las habitaciones donde mas sabiduría hay».

Estas «abuelas» fueron en el pasado enfermeras o profesoras, y ahora, en el momento que tienen más tiempo para ellas mismas, lo vuelven a dedicar a los demás regalando sonrisas. Aún así, siguen sin sentirse unas «heroínas».