Las exreclusas que participaron en el documental Yesses, sobre la compañía de teatro nacida en prisión, junto a su directora (tercera desde la izquierda) Elena Cánovas
Las exreclusas que participaron en el documental Yesses, sobre la compañía de teatro nacida en prisión, junto a su directora (tercera desde la izquierda) Elena Cánovas - ISABEL PERMUY

La nueva vida de las presas de Alcalá: «Hice de mula y no lo volvería a hacer, pero tampoco me arrepiento»

El documental Yesses repasa la vida de las reclusas que han encontrado en una compañía de teatro el camino para reinsertarse, transformarse, recuperar el autoestima y hasta perdonarse

MADRIDActualizado:

Virginia Márquez tiene una voz potente, honda y muy grave, casi varonil. Sobre todo firme, como sus pensamientos. Habla y mira a los ojos, no titubea, no se compadece de sí misma ni pide perdón. Pese a ello, siente la necesidad de justificar su sinceridad. "Es que soy así, no puedo decir otra cosa", dice al levantar. Minutos antes resumía su vida antes de que le pusieran las esposas:"Hice de mula en Portugal, no lo volvería a hacer pero no puedo decir que me arrepiento porque lo que he aprendido no voy a volver a vivir en la vida, me hizo madurar mucho", espeta.

Tiene 34 años y lleva desde 2013 en la cárcel de mujeres de Alcalá de Henares. El pasado mes de octubre le otorgaron la condicional, le queda solo un año y un mes para cumplir condena. "Empecé por necesidad y luego seguí por avaricia", añade. Virginia, que se define como "una niña grande", es ayudante de cocina y está buscando trabajo. "He conocido mucha gente, otra culturas, he vivido mucho", dice para añadir motivos a su falta de arrepentimiento.

La mira Johanna García, colombiana, de 38 años. También hizo de mula, desde su país a España y es igual de categórica que Virginia, aunque en sentido contrario: "Sí me arrepiento". No quiere explicar por qué se metió en un mundo que tenía una tentadora puerta de entrada pero difícil o imposible salida: "Lo haces por muchos motivos y crees que nunca te va a pasar nada". Le dieron la condicional hace tan solo una semana. "Ha sido como volver a nacer", dice. "Hoy pienso en mis hijos, en mi madre...Estuve en prisión porque cometí un error pero rectifiqué".

Piensan diferente pero tienen cosas en común. Y no solo es la cárcel. Es el amor por el teatro. O más que amor, agradecimiento. Virginia y Johanna son parte de la compañía de teatro Yesses, que nació en 1985 en la antigua prisión Yeserías de Madrid (de ahí su nombre), actualmente convertido en el centro de inserción social Victoria Kent; luego pasó a la cárcel Carabanchel Mujeres (hoy extinta) y ahora está en el Centro Penitenciario de Madrid I Mujeres en Alcalá de Henares.

Virginia Márquez y, detrás de ella, Johanna García, durante la entrevista con ABC
Virginia Márquez y, detrás de ella, Johanna García, durante la entrevista con ABC - ISABEL PERMUY

"Había toxicómanas de 18 años que se caían a trozos"

Esta compañía dura lo que duran las condenas. Cuando a las presas se les otorgan permisos también los aprovechan para salir y representar las obras fuera de prisión, fuera de Madrid o, incluso, fuera de España (Yesses llegó a hacer un montaje en Berlín).

Al cumplir condena, cogen el testigo en la compañía las presas que recién entran: "yo no quiero saber por qué están aquí, qué delitos cometieron, tampoco si saben actuar o no", dice Elena Cánovas, una mujer que hace posible la imposible convivencia entre la dulzura y la rigidez en una sola alma. Habla pausado, sonríe, emana amor por el teatro y por sus "chicas Yesses" en cada palabra pero, al mismo tiempo, mantiene la ridigez, la "mano dura", la templanza de la que ha hecho posible el desfile por los escenarios de unas 600 reclusas desde que nació su idea, cuando Cánovas se hizo funcionaria de prisiones y descubrió que había llegado allí para hacer algo más que poner partes: por las presas y por sí misma. "Entré y pensé que me había equivocado de sitio, empecé a estudiar arte dramático para eludirme del trabajo".

Al final combinó su preocupación por la reinserción con su pasión. Y se hizo el milagro. Sobre todo en los años 80 cuando la droga, sobre todo la heroína, causaban estragos dentro y fuera de prisión. "Había toxicómanas de 18 o 20 años, eran niñas que se caían a trozos". Pero este desagarrador testimonio no se lo da a la grabadora sino que lo comparte en el documental Yesses, de Miguel Forneiro, y que se estrena este mismo jueves en el cine Callao de Madrid.

"He pasado un año sin mirarme al espejo"

En él se viven las escenas de Virginia, de Johanna y otras exreclusas actuando bajo la intensa mirada de Elena. También participan en el documental otras "históricas" chicas Yesses, como Sebastiana quien reconoció que la compañía se convirtió en su salvación.

"Hay un ambiente bueno, hay complicidad pero, sobre todo, a mí me ha permitido sentirme alguien", dice Paloma, de 53 años y actual miembro de la compañía. Paloma tiene una hija de 28 años y nietos. Confiesa por qué está en prisión pero pide que no se publique . "Por cosas que no están bien", resuelve.

Rocío, Eva y Paloma, presas y miembros de la compañía de teatro Yesses
Rocío, Eva y Paloma, presas y miembros de la compañía de teatro Yesses - Isabel Permuy

A su lado está Eva, de 46 años, que tampoco quiere dar detalles sobre los delitos que la llevaron a estar entre rejas. "Estar aquí es duro, estás lejos de tus hijos, te falta libertad y el teatro es como una terapia". Rocío Domínguez, guatelmalteca de 30 años, cumplirá menos años de condena al aceptar la expulsión a su país. "Tengo tres hijos pequeños y están con su padre. Mi mayor problema ha sido aprender a perdonarme a mí misma, he pasado un año entero sin poder mirarme al espejo".

Con mayor o menor culpa por el daño a la familia, más o menos arrepentimiento, todas coindicen en que con el teatro recuperaron lo que la cárcel y los delitos les arrebataron: la autoestima, la seguridad, la sonrisa e, incluso, la libertad.

"Mi mayor satisfacción está en el proceso de crecimiento de las chicas y en la capacidad del teatro para transformarlas, les eleva la autoestima, de alguna forma, se hace justicia", sentencia Cánovas.