«Nada, ni light ni no light»

La rebelión de los estancos se vivió ayer tras la rebaja de precios decidida por Philip Morris. Marcas como Marlboro o L&M dejaron de estar a la venta.

Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

TEXTO: JUAN FERNÁNDEZ-CUESTA

MADRID. Mediodía en Madrid. Entras en un estanco a comprar una cajetilla de tabaco, un Marlboro, y de inmediato te fijas en que la estantería que está frente a ti se encuentra vacía. Pides el tabaco y la contestación no la habías oído nunca: «No hay Marlboro». El estanquero compró el miércoles más de cien cartones de tabaco, a un precio de venta al público de 2,75 euros por cajetilla. Ayer, al cliente le cuesta 2,35 euros. Paga cuarenta céntimos menos, que deja de ingresar el estanquero. «Tengo el tabaco, y no lo vendo».

Philip Morris comunicó el miércoles 25 de enero al Comisionado para el Mercado de Tabacos sus nuevos precios, rebajados al menos cuarenta céntimos, y siguió vendiendo ese mismo día a las expendedurías al precio antiguo, según las facturas mostradas a este periódico. Los primeros cálculos de los propietarios de los estancos es que cada uno de ellos se ha dejado por el camino entre mil y cuatro mil euros, dependiendo del día que le llegase el último pedido.

«Imperial decidió hace pocos días rebajar el precio del John Player Sp. Y nos compensó la bajada dándonos el equivalente en tabaco. El comercial de Philip Morris nos ha dicho hoy (por ayer) que no nos devuelven ni un euro», nos cuenta una estanquera. En su caso, durante toda la mañana «he vendido los Marlboro como churros». Pero «el cambio de precio nos supone unos tres mil euros». También en este establecimiento, aunque a última hora, empiezan a comunicar al público que solicita esa marca la historia ya conocida: «No tenemos». Sí que tienen, y mucho, algunas empresas de máquinas de tabaco: «Uno tiene una nave que acaba de llenar de tabaco de Philip Morris porque creía que esta empresa iba a subir los precios ya».

Lo mismo pensaban clientes de otro estanco cuando les decían que no les quedaba tabaco. «Claro, están esperando a que suban el precio y por eso no quieren vender». No era así, evidentemente. En su caso, los propietarios de la expendeduría habían vaciado las estanterías de las marcas de esa empresa y guardado el producto en el almacén a primera hora. En comparación con otros, han tenido cierta suerte. «El agujero es de unos mil euros, porque las sacas nos llegaron el día 20. Si hubiera sido ayer (por el miércoles) nos habríamos dejado entre tres mil y cuatro mil euros».

Una llamada de advertencia

Estamos dentro del estanco. Una mujer pide un Marlboro. «No hay». Cara de asombro en la señora. «¿Por qué?» «Porque no hay». Hacia las 13,15 horas «llaman de la asociación de estancos» comunicándoles que dejen de vender Marlboro, L&M y Chesterfield. Ellos ya se habían anticipado.Otra expendeduría, ésta de las pequeñas. Preguntamos, y sí venden: «Estamos perdiendo dinero, que le vamos a hacer, pero hay que servir al cliente». Cara de sorpresa en una mujer cuando se le comunica el nuevo precio del L&M Light. ¿Y eso?, comenta, y añade: «Pues fenomenal». Pocos minutos después, el empleado recibe una llamada telefónica. Y entra instantes más tarde un nuevo cliente. Misma petición, distinto desenlace: «Nada, no tenemos nada, ni light ni no light». Y distinta cara, de incredulidad.

Los estanqueros ni ponen ni quitan precios, se lo dan hecho, pero ayer, no. Lo comprado a 2,11 euros para su venta a 2,75 euros, ayer se debía vender a 2,35 euros. O no venderlo. Por la mañana, muchos no vendieron. Por la tarde, vuelta atrás en algunos casos. «Uniros y no vendáis» les decían las asociaciones. Pero la unión volvió a ser una utopía.