Patricia Pérez, miembro de los Tedax
Patricia Pérez, miembro de los Tedax - ABC

Mujeres policía: 40 años que transformaron el Cuerpo

En 1979, la Policía fue el primer Cuerpo de seguridad en España que abrió sus puertas a las mujeres.

MadridActualizado:

Virginia Barquero es policía desde hace 15 años y procede de la Armada. Desde que dio el salto ha dedicado su vida a Seguridad Ciudadana, en primera línea de choque tanto contra la delincuencia como en la prestación de ayuda al ciudadano. Hoy forma parte de la Unidad de Protección y Reacción (UPR), formada por unos 300 agentes, apenas quince mujeres. Quien trabaja en esa especialidad sabe que la calle quema, pero también atrapa. Ella lo tiene claro: «Si eres valiente, decidida, tienes ganas de trabajar y espíritu de servicio al ciudadano, este es el trabajo perfecto».

La historia de Patricia Pérez coincide en parte con la de su compañera. Sirvió en el Ejército, y su trabajo le apasiona. En su etapa militar estuvo destinada en una unidad RBQ, de modo que al dar el salto tenía muy claro su objetivo: el Tedax-NRBQ, adscrito a la Comisaría General de Información. El ingreso en esta especialidad sólo se puede hacer mediante otra oposición interna, y son necesarios además tres años de antigüedad en el Cuerpo. «Es una selección muy fuerte; tras superar el primer examen queda un año de preparación también es selectivo. Para una mujer aún es más difícil, porque por la mañana recibes clase y por las tardes hay que estudiar, sí o sí».

También en la Comisaría General de Información presta servicio la subinspectora Carmen (nombre supuesto) que lleva casi tres décadas combatiendo el terrorismo, en el País Vasco y sobre todo en Francia. «He estado 24 años trabajando a 15 x 15: quince días de viaje, siete libres, siete en la oficina y vuelta a empezar... Eso, claro, incluía Nochebuena, Fin de Año, cumpleaños... y por supuesto se podía alargar. Llegué a estar 26 días fuera a razón de 12 horas de trabajo diarias, “haciendo esquinas, como putas por rastrojo”, como decimos en nuestro argot». Sabe lo que es detener etarras y ha tenido que ver muchos muertos de la banda. Ahora vive de forma más estable, «pero sigo llevando la mochila en el coche, por si hay que salir corriendo».

Blanca Ruiz es inspectora de la Udyco Central, subjefe de grupo de la Sección IV de la Brigada Central de Estupefacientes. Eso, y bióloga y bioquímica. Hace cinco años entró por oposición en la escala Ejecutiva, «porque lo que más me gusta es la investigación. Tengo el mejor trabajo del mundo», afirma con absoluta convicción. «Aquí hay un compañerismo brutal».

Licenciada en Derecho

Cristina Marí es la primera comisaria de la Unidad de Intervención Policial (UIP), donde ya fue también la primera jefa de grupo. Medio en broma, dice que si pidió ese destino fue «porque analizo solo lo justo las cosas para no bloquearme». Recuerda su llegada al complejo de Moratalaz en Madrid preguntándose «por qué me meto en estos líos, con lo bien que estaba de “botijera” en Barcelona»... La respuesta ya se la había dado a su entrevistador en la oposición, cuando le preguntó qué haría si la mandaban al archivo: «Todo lo posible por salir de allí cuanto antes», respondió. Corría 1990.

Dentro de Seguridad Ciudadana, las UPR no son precisamente el destino más cómodo. Como relata Virginia Barquero, sirven para un roto y para un descosido: «Un día tienes que controlar una manifestación y al día siguiente intervenir por un atraco o un caso de violencia de género grave, cubrir entradas y registros o vigilar la estación de Atocha dentro del plan de prevención antiterrorista...».

La agente recuerda, por ejemplo, «un macrobotellón en la plaza del 2 de Mayo de Madrid que se les fue de las manos a la Policía Municipal y nos pidió ayuda... La situación era muy difícil, la gente estaba bebida, y nos lanzaban todo lo que tenían a mano, incluidos los vidrios de los contenedores, mobiliario urbano... Hubo bastantes heridos».

Artefacto explosivo

Si hay algo que no puede permitirse un tedax es equivocarse. «Nuestra formación es continua», cuenta Patricia Pérez, que sabe lo que es enfrentarse a un artefacto explosivo. «Fue en Málaga. Se localizó un coche utilizado por un grupo de crimen organizado y en el interior había armas, una granada y una maleta. Era “buena”; es decir, tenía explosivo... En ese momento tienes muchas cosas en la cabeza, pero haces lo que sabes hacer. Todo salió muy bien... Es muy bonito».

La vida profesional de la subinspectora Carmen (nombre ficticio) se resume en una palabra: sacrificio. Vigilancias, seguimientos, frío, calor, sueño, tensión, peligro... Una de sus mayores satisfacciones fue la detención en Francia de tres pistoleros del aparato militar de ETA, «pero también asistir un parto en Tenerife en mi etapa de prácticas», añade. Respecto a la operación prefiere no dar detalles, más allá de que «hubo que tomar decisiones sobre la marcha. Pero todo salió bien». Fue de las pioneras en Información y tuvo que ganarse el respeto de sus compañeros. «Soy un bicho raro, pero lo echo de menos... En mi trabajo pasas de 0 a 100 en un segundo, es adrenalina pura. Te permite estar en sitios y vivir cosas que casi nadie puede».

La inspectora de la Udyco Central Blanca Ruiz se estrenó en Baleares, en el Grupo de Blanqueo, nada menos que con el caso Cursach, el conocido empresario de discotecas balear acusado de ser jefe de una trama criminal. «Hasta ahora es en el que más me he implicado». También se refiere con orgullo a otra operación: «Hace seis meses participé en la aprehensión de un contenedor en el puerto de Algeciras con 8.700 kilos de cocaína, el mayor alijo de Europa... Ese trabajo fue una maravilla aunque nos costara muchas horas sin dormir, muchos informes... Era muy importante y yo estaba allí»...

Lo más difícil, los viajes

En sus 25 años de servicio, la comisaria Marí ha pasado por todo tipo de situaciones, algunas tan duras como la del atentado de ETA en Vallecas del 11 de diciembre de 1995, en el que un coche bomba mató a siete funcionarios civiles de la Armada e hirió a 17 personas más: «Volvíamos de prestar servicio en el juicio de la colza que se celebraba en la Audiencia Nacional y nos avisaron. Nos tocó hacer el primer cordón»... Últimamente ha participado en el diseño de dispositivos de seguridad tan importantes como el de la reciente visita del presidente chino, la final de la Copa Libertadores o los despliegues antiterroristas.

La conciliación familiar en las UPR es complicada, pero se puede conseguir. «En mi caso –relata Virginia Barquero–, mi marido también es policía y trabaja en esta unidad. Tenemos dos hijos, una niña de 9 años y un chico de 6... Trabajamos en turnos distintos, así que el que está libre se ocupa de ellos. También los abuelos echan una mano». Lo más difícil son los viajes. En octubre estuvo destacada 15 días en La Línea, dentro del plan especial del Campo de Gibraltar –«una experiencia profesional estupenda», dice– y también participó en el despliegue del referéndum ilegal del 1-O en Cataluña. Patricia Pérez no tiene el problema de la conciliación «aunque sí algunas de mis compañeras», recalca. «Hay quien lo deja por recuperar la vida personal».

La subinspectora Carmen tiene una visión muy particular sobre este asunto: «Mis compañeros de Información son mi familia, con algunos llevo más de quince años y me conocen mejor que mi madre. Compartimos todo, desde las muertes a los nacimientos, los cumpleaños, las crisis personales y las juergas; solo puede entenderlo quien ha vivido como nosotros. Pero además tengo pareja, que no es policía; me conoció así y respeta mi trabajo. Hay tiempo para todo... Además, hoy las cosas han cambiado mucho, hay turnos de ocho horas y luego vienen a relevarte. Los medios técnicos ayudan». En la actualidad está encuadrada en un grupo de investigación de la Unidad Central de Información Exterior (UCIE) e investiga el terrorismo yihadista. «Mi vida es más estable», relata con cierta nostalgia del pasado.

En la Brigada Central de Estupefacientes hay solo seis chicas. «Todas tenemos más de 30 años –dice la inspectora Ruiz–, somos solteras o tenemos pareja, pero no hijos, y una es ya jefa de grupo. Aunque en mi caso no es necesario por mis circunstancias personales, no veo imposible la conciliación y de hecho los compañeros lo hacen. Obviamente este trabajo tiene un coste, no es lo más cómodo, pero es lo que nos apasiona».

«Tuve que haverme valer»

«Las UIP son muy exigentes –recalca la comisaria Marí–; te tiene que gustar, y la disponibilidad es permanente porque en cualquier momento te pueden activar para viajar de España. El año pasado, de media, cada policía estuvo más de 120 días fuera de casa». Sabe muy bien de lo que habla porque ella también pasó por esa etapa, aunque entonces estaba soltera. «La conciliación es difícil –admite–, pero posible. Mi opción fue amoldar mis destinos al momento familiar que tocaba, y de hecho estoy casada con un compañero y tengo una hija de 15 años».

En las UPR hay dos oficiales, aunque aún no subjefes o jefes de grupo. «Ejercen el mando exactamente igual que un hombre. Somos pocas policías en esta unidad, pero estamos perfectamente integradas. No hay diferencias», dice Virginia Baquero. En el Tedax hay una inspectora jefa de sección: «Es una mujer muy preparada, es un placer trabajar con ella... Haría cualquier cosa que me pida», asegura Patricia Pérez, aunque añade de inmediato que el resto de mandos, varones, son también extraordinarios.

La subinspectora de Información tiene experiencia de mando –«he tenido que dar órdenes hasta a quince compañeros, siendo además muy joven, y tuve que hacerme valer», explica– y cree que «un jefe es bueno o no independientemente del sexo. Lo único que he notado es que la mujer, habitualmente, es más ordenada que un hombre, aunque el mío actual lo es, y mucho»... No se siente feminista: «Creo que no valoramos lo conseguido», aunque hay cosas que mejorar. En Información hay jefas de sección y de grupo, y que haya una jefa de brigada es cuestión solo de tiempo.

Ruiz tiene muy claro que «en la Udyco Central, somos profesionales, no chicas o chicos. La forma de mandar depende sobre todo de tu experiencia, personalidad, y de los jefes que hayas tenido, en los que te fijas para coger lo bueno y no repetir lo malo... No es relevante ser hombre o mujer».

Servicio y compañerismo

Marí, con una perspectiva más amplia por los años de servicio y el cargo, ve una evolución positiva, aunque queda por hacer: «Para conseguir conducir una furgoneta casi tuve que robar las llaves a un compañero... Ahora es parecido. Cuando coge el volante una agente los policías van más atentos». Insiste en que «mujeres y hombres somos distintos, cada uno tenemos nuestra forma de mandar. Pero la verdad es que aquí se puede inventar poco, está todo muy organizado».

En lo que coinciden las cinco policías es en tres palabras, «vocación, espíritu de servicio y compañerismo», y en un sentimiento: «Orgullo de ser policías». Eso es también lo que piden a las jóvenes que ingresen en el Cuerpo.