La profesora de pole dance, Tania Guillén
La profesora de pole dance, Tania Guillén - EDUARDO DE SAN BERNARDO

«Hay mujeres de 50 que hacen pole dance, ¿por qué para subirte a una barra y usar un short tienes que tener veintipocos y un cuerpo fitness?»

Tania Guillén es profesora de baile en barra y defiende sus beneficios para mejorar la postura, hacer trabajo de estiramiento, de coordinación, de piernas y desarrollo de fuerza

MADRIDActualizado:

Dice Tania Guillén, que el baile en barra, popularizado como pole dance, es como montar en bici: «El proceso de aprendizaje es muy gradual. El primer día, a la bici le quitas los ruedines, no te vas a hacer una ruta a la montaña. Pero una vez que tienes conocimiento, capacidad y forma física vas a alcanzar una meta superior. Los primeros ejercicios que planteamos son en el suelo y con una colchoneta; con el tiempo las alumnas se suben a la barra y empiezan a hacer figuras acrobáticas. Lo puede practicar todo el mundo, siendo consciente de que no es una clase de zumba; es una actividad física dura cuyo límite está en la cabeza de quien lo practica», explica esta profesora con un estilizado y fuerte cuerpo de gimnasta, que da clases en la escuela Madrid Pole Dance Estudio, ubicado en una céntrica calle de la capital.

Allí recibe a mujeres de todas las edades. Si bien el perfil más frecuente suele ser mujeres desde los 20 a los 30 años, también hay algunas de 50. «Tenemos muchas mujeres de 50 a las que admiro muchísimo. No entendemos por qué aún se piensa que para subirte a una barra y usar un short pequeño tienes que tener veintipocos y un cuerpo fitness». Pero el pole dance parece no tener límites: también se animan los hombres y muchos padres llevan a sus hijos. «Tenemos a una madre que hace clases con su hija, hay niñas de 9, 10 y 11 años», explica Tania, que confiesa que esta disciplina carga todavía con muchos prejuicios. «Se ha criticado que lo hicieran niños, cosa que no entiendo, muchos compiten y no tiene nada de malo, el problema está en los ojos del que juzga», sentencia. Explica que, como sucedió con la cocina cuando llegaron los chefs, tuvieron que aparecer los hombres montados a la barra para que esta actividad se empiece a revalorizar. «Es triste que tengan que ser ellos, pero ha sido así». También insiste, una y otra vez, en que el pole dance no tiene nada que ver con el striptease. «Lo más parecido al pole dance es el palo chino o el mástil, ambos practicados por hombres. El pole dance no se origina en club de striptease ni muchos menos. La barra cromada estaba en los clubes, pero está claro que no se usa como lo hacen los acróbatas y las bailarinas en las salas de ensayo».

Trabajo de espalda

Los beneficios del pole dance para la salud son tan desconocidos como la disciplina en sí. «En estas clases hay un gran desarrollo del tren superior, abdomen superior, espalda, oblicuos, hombros... Esto es muy bueno porque la mayoría de la gente desarrolla trabajos sedentarios, de oficina, con unas posturas muy incorrectas donde hay una sobrecarga importante del trapecio. A ello se suma la falta de actividad física y estiramientos, que acaba orignando bloqueos causantes de los dolores». El pole lucha contra ello y además, la barra aporta un importante trabajo de estiramiento, coordinación, piernas y desarrollo de fuerza, aunque «los mayores cambios son de la cintura para arriba, sobre todo la espalda».

Tania señala que uno de los mayores miedos de los alumnos al comenzar es a las lesiones. «Si tienes un buen instructor no te lesionas; sin embargo, hay que recorrer un largo camino hasta que el cuerpo esté preparado».

El problema no es tanto de la barra, «aunque es verdad que duele mucho», sino de lo poco que se ha acostumbrado al cuerpo a hacer ciertos movimientos. «La barra obliga obliga a desarrollar una conciencia corporal que la gente no tiene; hay, por ejemplo, movimientos de hombro que la gente no tiene idea de cómo hacer porque no los hicieron jamás. Parece que nos enseñaron a usar las manos, montar en bici y poco más».

A las clases de Tania asisten chicas con escaso conocimiento y otras que, al acabar la clase, empiezan a contonearse por la barra logrando unas figuras en el aire que parecen imposibles y con una gran riqueza e impacto visual. «No solo ayuda al físico, también mejora la autoestima; subir a la barra, llegar alto y hacer figuras que pensabas que solo se hacían en el circo suponen un reto. El pole ha ayudado mucho a una chica con obesidad mórbida que logró subirse a la barra después de un año de intentos», cuenta Tania.

Extendido en Reino Unido

Este deporte, que lucha por convertirse en olímpico, está más extendido en países como Rusia, Argentina o Reino Unido, donde hay campus universitarios con salas con barras. «Cuando empecé no había escuelas de pole en España, se abrieron a partir de 2012, pero no se encuentran en todas las ciudades; hay muchas en Barcelona, Madrid, y se pueden encontrar también en Zaragoza y Bilbao, pero hay mucho prejuicio aún que derribar».