Muere a los 97 años sor Lucía, la última superviviente de los «pastorcillos de Fátima»

Los restos de la hermana Lucía estarán hoy en la catedral de Coimbra, donde se celebrará el funeral. El cuerpo recibirá sepultura en el Carmelo de Santa Teresa

JESÚS BASTANTE / BELÉN RODRIGO/
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«No ofendan más a Dios, que ya está muy ofendido», anunciaba al mundo sor Lucía de Fátima hace unos años, con motivo de la publicación de su libro sobre las «llamadas del mensaje de Fátima». Era la misma frase con que se había revelado, en octubre de 1917, la Virgen María en su última aparición a los tres pastorcillos en Cova de Iría (Portugal).

Lucía, celosa guardiana del tercer secreto -finalmente revelado en mayo de 2000 por Juan Pablo II tras la beatificación de sus dos primos, Francisco y Jacinta Marto-, fallecía ayer a los 97 años de edad, después de una vida consagrada a la oración y fuertemente marcada por la relevancia del santuario mariano de Fátima, que la misma Virgen le mandó construir. Sus restos mortales serán depositados, hoy, en la catedral de Coimbra, donde tendrán lugar las honras fúnebres por una de las personalidades católicas más relevantes de este siglo.

Lucía de Jesús había nacido el 22 de Marzo de 1907 en Aljustrel, un poblado perteneciente a la parroquia de Fátima. Con apenas 10 años, siendo una niña analfabeta, la Virgen se le apareció en diversas ocasiones en esa misma localidad portuguesa junto a sus primos. La primera de estas apariciones tuvo lugar el 13 de mayo de 1917. Aquel día, según el relato de sor Lucía, una «Blanca Señora» les dijo: «No tengáis miedo, yo no os hago daño». Fue la propia Lucía la que preguntó a la visión «¿de dónde eres?», a lo que la Virgen respondió: «Soy del Cielo».

Durante los siguientes seis meses, Santa María continuó apareciéndose a los niños. El 13 de junio, la Virgen anunció que se llevaría pronto a Jacinta y a Francisco, pero que Lucía tendría que permanecer aún «por un tiempo» en la Tierra. Francisco falleció en 1919, y su hermana Jacinta apenas un año después. Tras la muerte de Francisco y Jacinta, Lucía de Jesús tomó los hábitos bajo el nombre de María Lucía de los Dolores. De los tres niños, ella fue la única capaz de escuchar lo que la Virgen tenía que decirles. Mensajes que escribió después en un diario. En 1948 ingresó en el Carmelo de Santa Teresa en Coimbra, tomando el nombre de María Lucía del Corazón Inmaculado. En el día 1 de Mayo de 1949 hizo sus votos solemnes. Desde esa fecha, Sor Lucía vivó en ese viejo monasterio, donde dedicaba su vida a la oración y la meditación.

Secretos revelados a los Papas

En otras apariciones, Santa María mostró a los niños la visión del infierno y les pidió que se construyera una capilla en aquel lugar, que hoy es uno de los mayores santuarios de la Cristiandad, donde cada año acuden centenares de miles de fieles a implorar a la Virgen. A su vez, la Madre de Dios hizo partícipes a los pastorcillos de tres secretos.

Los dos primeros -el fin de la Primera Guerra Mundial (y el advenimiento de la Segunda) y la conversión de Rusia- se hicieron públicos en 1942, mientras que el último de ellos, que sor Lucía únicamente reveló en vida a los Pontífices -Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II-, se hizo público el 13 de mayo de 2000, con motivo de la beatificación de los primos de la religiosa.

Según todas las interpretaciones, se trataba del atentado que Juan Pablo II sufrió en Roma el 13 de mayo de 1981. El escrito que sor Lucía remitió a las autoridades vaticanas en 1944 decía lo siguiente: «Un obispo vestido de blanco... que caminaba hacia la Cruz entre los cadáveres de los mártires, y caía como muerto bajo disparos de arma de fuego». En aquel atentado, el Papa estuvo a punto de morir bajo los disparos del terrorista turco Alí Agca.

En el momento de anunciar al mundo el contenido del tercer secreto, el secretario de Estado vaticano, cardenal Angelo Sodano aclaró que, «según la interpretación de los «pastorinhos», aclaración confirmada recientemente por sor Lucía, el obispo vestido de blanco que ora por los fieles es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia la cruz entre los cadáveres de los martirizados, cae a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego».

En su primera visita al santuario de Fátima, un año después del atentado, Juan Pablo II depositó la bala que casi termina con su vida en la corona de la Virgen, donde permanece engarzada.

El Obispo de Coimbra, Albino Cleto, acompañó durante las últimas horas a la hermana Lucía y una vez hecha pública su muerte agradeció a Dios «haberme providencialmente llamado al Carmelo para poder asistir a la muerte de la Hermana Lucía, acompañada de sus hermanas, por el equipo médico y por el Obispo que encomendó su alma al Creador. La hermana partió en una enorme paz».

Sobre su estado de salud el Obispo de Coimbra refirió que desde hace unas semanas estaba muy debilitada y no salía de su cuarto y acerca de su persona dijo ser «un ser de profundísima Fe, muy brillante e interesada en avanzar en su conocimiento de las cosas de Dios». Durante los últimos años de su vida, estuvo ciega y prácticamente sorda. El primer ministro portugués, Pedro Santana Lopes, suspendió anoche los actos electorales previstos y calificó de «hecho impresionante para la historia de Portugal» la muerte de «esta mujer de vida impresionante».