El milagro de «la madre de las huchas»

El milagro de «la madre de las huchas»

La frontera entre la desesperación y la esperanza es frágil. Laura García, la madre coraje que lleva dos años luchando para dar un nombre a la dolencia de su hija, la traspasó ayer. Tras una dura nochecon su bebé, despertó arropada por múltiples llamadas de solidaridad

ESTHER ARMORA | BARCELONA
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Laura García tardará en olvidar un martes y trece como el de ayer, un día de intensas emociones que le dejó «sensación agridulce». La dosis de amargura no fue excepcional, es la misma que vive diariamente desde hace casi dos años a raíz de la dramática situación de su hija Ainhoa, de 16 meses y aquejada de una enfermedad neurológica de origen desconocido. La parte positiva se la proporcionaron las múltiples muestras de afecto que recibió a raíz de la publicación de su caso ayer en ABC.

«Apenas he dormido porque Ainhoa ha tenido una de sus peores noches, aunque levantarme y ver el teléfono colapsado de llamadas de gente que quiere ayudarme me ha alegrado el día. Estoy muy emocionada», afirma esta madre coraje. Confiesa a ABC que la noticia no ha podido impactar en mejor momento. «Estoy especialmente cansada, y a veces me cuesta levantarme con esa carga. Esta mañana he rompido a llorar», afirma.

«Me han cerrado puertas» Laura es muy popular en Tarrasa (Barcelona), ciudad en la que reside, donde todos la conocen como «la madre de las huchas», ya que repartió unas doscientas en comercios y establecimientos de la ciudad para recaudar dinero y poder llevar a su hija a Italia a realizarle un costoso tratamiento. Hasta ahora ha logrado 6.000 euros de solidaridad. Su caso conmueve especialmente por la tenacidad y perseverancia que ha demostrado. «He llamado a muchas puertas y me las han cerrado, aunque no por ello me he detenido. Ni lo he hecho ni lo haré porque mi objetivo es dar serenidad a Ainhoa», afirma cansada mientras la pequeña grita sin cesar al otro lado del teléfono. La conversación se hace por momentos insostenible. «Tranquila», afirma en uno de los silencios de tregua. «Estoy acostumbrada. Llevo años así y nunca me ha pasado por la cabeza enfadarme con mi hija. Ella no tiene culpa de nada», apunta.

«Ainhoa me absorbe» A sus treinta cortos años, carga con la responsabilidad de luchar por una hija enferma, de pronóstico indefinido, y el peso de una familia -tiene otro hijo, Aarón, de cinco años-con escasos recursos económicos. Su marido, Miguel Alonso, lleva meses trabajando sin cobrar y esta semana le han comunicado que cierra su empresa. «Menos mal que tenemos el piso pagado», afirma. La situación de Laura no es mejor. «Trabajé durante años de auxiliar clínica, y después de peluquera, aunque ahora no tengo ningún empleo. Sería imposible compaginarlo con la lucha de Ainhoa. Ella absorbe todo mi tiempo», afirma a ABC. Sólo hay que estar con ella diez minutos para entender sus palabras. Mientras atiende amablemente a los periodistas, no pierde de vista a su pequeña, a la que regala constantemente muestras de afecto. «Es estupenda. Cuando tiene buenos momentos es muy dulce; no sólo conmigo sino también con los otros niños», dice mirando con ternura a su bebé. Apenas unos segundos después, su morada se torna triste. «Lástima que estos oasis de paz sean tan pocos», añade a ABC y reconoce que sin el apoyo de su marido ya hubiera tirado la toalla.

«Menos mal que le tengo a mi lado y me ayuda. Gracias a Miguel mi hijo Aarón no se siente tan desatendido», dice la madre, que en su interior no puede evitar sentirse culpable. «Cuando llega mi hijo del colegio reclama atención, quiere que juegue con él pero yo no tengo fuerzas ni ánimos, además la pequeña no da ni una tregua», explica emocionada.

«Resisto con tranquilizantes» Esta joven madre coraje resiste el día a día a base de tranquilizantes, aunque lo que más la consume no es la energía que reclama su pequeña, sino que transcurran los días y que nadie le indique una salida a su tragedia.

Laura tiene claro que ha llegado a donde está gracias a su esfuerzo y la ayuda de ciudadanos anónimos, aunque no se siente agradecida ni a la administración ni a la profesión médica. «No quiero decir que todos los médicos sean malos; de hecho estoy muy agradecida a los del Hospital Sant Joan de Déu porque se han portado muy bien con nosotros, aunque mi experiencia general con el colectivo no ha sido positiva», denuncia la madre. Tampoco está especialmente agradecida a otras instituciones como el Ayuntamiento de Tarrasa o la Cruz Roja. «Fui dos veces personalmente al Ayuntamiento y no me hicieron caso. Ni siquiera mostraron interés. Les dije que hay muchos casos particulares que se hacen públicos y los consistorios les apoyan, aunque me dijeron que eso no suele hacerse», asegura Laura. Ayer, fuentes del consistorio, consultadas por este diario matizaron sus declaraciones. Reconocieron que el alcande de la noticia publicada en ABC les ha sorprendido. Afirman, asimismo, que han movido hilos con la Generalitat para ver cómo puede ayudarse a la pequeña. «No es cierto que no la atendiéramos, aunque quizás ella esperaba una respuesta inmediara y en la Administración es complicado», dijo el concejal de Acción Social Isaac Albert.