De izquierda a derecha, Juana Alejandra charla frente a Nicolás, Ana y María Eugenia
De izquierda a derecha, Juana Alejandra charla frente a Nicolás, Ana y María Eugenia - ISABEL PERMUY

El «mercado de las segundas oportunidades» para casi 8.000 presos

El Ministerio del Interior y La Caixa renuevan el programa que invierte 3.700 euros por recluso

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Es un estribillo muy repetido en las entidades sociales que trabajan para la integración de personas en el mundo laboral que «el colectivo que lo tiene más complicado es el de los expresidiarios». Aquellas personas que han pasado por prisión parecen estar envueltas en un halo de incomprensión que los estigmatiza. Una «etiqueta», dice Concepción Conde, de la Fundación Tomillo, de la que les cuesta mucho desprenderse. Prueba de que se puede hacer es Nicolás Cabezas, toledado de 48 años, que habla de «salir adelante» con ayuda y de que el «pasado» y sus «errores» quedan «dentro de prisión». Tras pasar un lustro entre barrotes sentenciado por un delito de drogas, es uno de los 769 reclusos que obtuvieron un empleo en 2016 gracias al programa Reincorpora, que desarollan en conjunción el Ministerio del Interior y Obra Social La Caixa.

Ana Serezade: «Pienso en la cárcel como el que está interno en un colegio. He madurado, tal vez demasiado, y ahora pienso más las cosas»

Tal y como explicó ayer en la renovación del convenio Josep Oms, responsable técnico del programa por parte de La Caixa, desde el inicio del proyecto en 2011, Reincorpora ha facilitado itinerarios de inserción social y laboral a 7.990 internos, con una inversión media de 3.700 euros por interno. En 2017 serán 1.500 internos. Se felicitaron ayer orgullosos el ministro del Interior Juan Ignacio Zoido, e Isidro Frainé, presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, de que tres de cada cuatro participantes acaban el itinerario de inserción sociolaboral del programa (en 2015 y 2016), un dato que ha mejorado tras el 62% de 2014. Esos presos siempre están en régimen de semilibertad, se forman dentro de la cárcel y cuando finaliza su condena, continúan cursando opciones para abrirse al mercadode trabajo, se exploran sus competencias, sus virtudes y habilidades, explicó ayer Isabel del Valle, jefa del área de Formación para el Empleo y la Inserción Laboral de Instituciones Penitenciarias, haciendo hincapié en la importancia de que estos itinerarios sean personalizados para lograr eficacia. «El 91% de quienes se embarcan en el programa lo finalizan», resumió Oms.

Lo cierto es que los tiempos de crisis económica tampoco han ayudado a que los contratos laborales forjados merced a la participación de 561 empresas sean muy extensos, pero el solo hecho de encontrar un empleo ayuda a muchas personas, como Juana Alejandra Iglesia, a «tocar la libertad». Nicolás, un señor de profundos ojos azules, da la clave a su modo: «Que uno esté dentro de la cárcel no significa que esté muerto. Existen caminos para reinsertarse en la sociedad, pero depende de cada persona, hay gente que se hunde en prisión, otros que motivados por nuestros hijos [tiene cuatro] no dejamos de trabajar y conseguimos salir». Para él, que no sabía leer y escribir cuando entró en el penal de Soto del Real (Madrid), Europa sí es un mercado de «segundas oportunidades», no Estados Unidos, donde queda grabado a fuego la seña de ser un exconvicto.

Nicolás: «Soy más inteligente y fuerte que antes y no podría volver a dejar de lado a mi familia, nunca más. Por ellos salí adelante»

No son de su opinión ni Juana Alejandra ni Ana Ser ezade Borgoñoz, quienes se volvieron desconfiadas entre barrotes. «Era antisocial –dice Ana, almeriense que pasó cuatro años y medio en prisión por un delito de tráfico–. La cárcel me ha enseñado a pensar más las cosas, era una niña alocada de 20 años cuando entré y cometí un error que no volvería a hacer. Intento hablar de esto lo justo, porque la sociedad te señala con el dedo, te discrimina». Ana es una joven de 26 años. Aún no tiene empleo, porque lleva solo tres meses fuera del centro penitenciario de Estremera y apenas uno con Reincopora. Con toda probabilidad, formará parte de las cifras que se presenten el año próximo sobre las personas que lograron salir adelante con la independencia económica y la motivación que brinda un oficio. «Quiero montar mi restaurante, mi pasión es la cocina y el curso que hago es para ser ayudante de cocina y parrilla».

Nicolás tenía la obsesión de ser mozo de almacén, trabajo que compagina con la conducción de un autobús para mayores. «El dinero te da muchos amigos. Falsos. En la cárcel, te das cuenta de quién te espera de verdad».