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África

Los mejores cafés del mundo, en peligro de extinción

Los agricultores de Etiopía perciben menos de un centavo por cada taza de café

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Cerca de 15 millones de etíopes viven de la industria cafetera, un sector que ha sustentado a familias enteras por generaciones en este país este de África. Por tanto, el café está muy vinculado a la cultura y a la sociedad de Etiopía. Sin embargo, la reciente caída del precio del café, que se encuentra en su nivel más bajo en casi 13 años, ha reducido drásticamente la ganancia de agricultores en los tradicionales centros de producción. Los agricultores etíopes perciben hoy 0,29 dólares (0,26 euros) por kilogramo, lo que supone menos de un centavo por una taza de café que en Occidente cuesta alrededor de 3 dólares (2,64 euros). La bajada de un tercio del precio puede provocar que los trabajadores del café abandonen en masa las cosechas.

Los profesionales del sector no dudan en hablar de «catástrofe social» a nivel mundial y piden a los ejecutivos de las empresas que pongan remedio a esta situación aumentando sus ingresos. Algunas empresas, como Starbucks, se han comprometido a ayudar a los pequeños agricultores con los que ellos trabajan hasta que los precios de café sobrepasen su coste de producción. La empresa americana, que tuvo un sonado litigio con el sector cafetero etíope en 2007, tiene previsto aportar 20 millones de dólares para este cometido. La cadena de cafeterías compra aproximadamente el 3 por ciento del café a nivel mundial.

La reciente caída de los precios se debe, principalmente, a una abundante cosecha en Brasil, el mayor productor mundial de café. Esto afectó al valor del grano arábico negociado en Nueva York. En septiembre de 2018, un kilogramo de café arábica cayó a 2,09 dólares por kilogramo (1,84 euros), una cifra que no se veía desde 2005. El mercado interno en Etiopía está determinado, en gran parte, por las subastas diarias controladas por la Bolsa de Comercio etíope pero los precios dependen también de las tendencias de los mercados globales.

Cultivar café no es rentable

Algunos de los mejores cafés del mundo, como el Harrar, el Sidamo y el Yirgacheffee, proceden de Etiopía. Su sabor y aroma únicos los distinguen de otros productores, lo que les ha valido para labrarse una gran reputación y sus precios se cotizan al alza en el mercado internacional. Sin embargo, solo entre el 5 y el 10% del precio va a parar a este país africano. La mayor parte de ese dinero se los llevan los distribuidores e intermediarios que lo comercializan. Los cultivadores de café se encuentran en el escalón más bajo de la cadena de valor y perciben solamente una pequeña fracción de los ingresos generados, algo que no ocurre con otros productores de materias primas como el aceite.

Uno de los principales problemas a los que se enfrentan los agricultores etíopes es que la mayor parte de su café es exportado a granel al por mayor, sin tostar, y la mayor parte de los procesos que añaden valor al café se produce en los países que lo consumen.

Con el objetivo de reducir la brecha entre el precio de venta al público y lo que perciben los agricultores, el Gobierno está llevando a cabo varias iniciativas. Entre ellas, han puesto en marcha la iniciativa de protección de la Propiedad Intelectual (P.I.) para desarrollar sus marcas, promocionarlas, diferenciar el café de Etiopía del resto y, así, aumentar sus ganancias. Esto ha otorgado al gobierno más y mejor control sobre la distribución de sus productos. En general, se espera que los ingresos por las exportaciones de café de Etiopía alcancen unas cifras de entre 1.200 y 1.600 millones de dólares americanos, en comparación con los escasos 400 millones que se obtenían antes de la creación de esta iniciativa del gobierno.

La economía de Etiopía depende, en gran parte, del comercio de materias primas como el café: su exportación genera alrededor del 60% de los ingresos.